El mapa económico de las economías regionales en la Argentina continúa mostrando una postal estancada, sin grandes modificaciones de color en el tablero general nacional, pero con transformaciones internas profundas que impactan de lleno en el corazón productivo de Mendoza y la región de Cuyo.
El semáforo productivo que confecciona Coninagro no ha registrado cambios de categoría en el último mes, manteniendo un escenario dominante de advertencia y números rojos. Sin embargo, al poner la lupa sobre las dinámicas locales de la vitivinicultura, las hortalizas y la fruta de pepita, el contraste entre la pérdida del poder adquisitivo del productor y los saltos bruscos en los precios al consumidor expone la alta volatilidad de la matriz agroindustrial cuyana.
La vitivinicultura atraviesa su momento más sombrío en años. La industria madre de Mendoza acumuló 41 meses consecutivos en situación crítica, consolidadas firmemente en el indicador rojo del relevamiento. Durante el último mes, el precio nominal percibido por el productor vitivinícola quedó totalmente paralizado en $273 por litro, un valor que no solo se mantuvo plano respecto al período anterior, sino que profundizó severamente su brecha frente a la inflación: la caída interanual en el valor del litro de vino se aceleró hasta alcanzar un gravísimo -23%, en un contexto nacional donde la inflación interanual se ubicó en el 33,2%.
Esta pérdida sostenida de rentabilidad coincide con una preocupante pérdida de peso dentro de la cadena de valor comercial. Aunque la participación del productor en el precio final que se paga en góndola mostró una modesta recuperación al subir un punto porcentual para ubicarse en el 13%, la cifra continúa estando peligrosamente lejos de los niveles históricos de referencia, que tradicionalmente oscila entre el 24% y el 26%.
En el plano del comercio exterior, las exportaciones acumuladas mostraron cierto volumen nominal al alcanzar los USD 357 millones a mayo, aunque siguen ubicándose un 5% por debajo de los promedios de la última década. A la par, las importaciones del sector sumaron USD 42,3 millones, lo que implica una suba interanual del 44%, atenuando levemente la aceleración importadora que se había observado en el mes anterior.
En contraposición a la parálisis del vino, el sector hortícola regional -compuesto por cultivos clave para el oasis mendocino como la cebolla, el tomate, la zanahoria y el zapallo- protagonizó un sacudón directo al bolsillo. Aunque la actividad permanece catalogada en semáforo rojo debido al sostenido incremento de los costos operativos y de insumos, los precios en origen registraron un incremento exorbitante.
Tras haber cerrado el mes previo en $569 por kilo y con terreno perdido frente a la inflación, el precio promedio al productor se disparó a $831 por kilo en mayo. Este salto del 46% mensual transformó la curva interanual, que pasó de un terreno negativo a una suba del 47%, logrando finalmente superar el índice inflacionario general.
Este reacomodamiento hortícola impactó de manera inmediata en la distribución del precio final. La participación del productor dentro de la góndola saltó hasta alcanzar un 40%, logrando superar el promedio histórico sectorial del 38%.
En materia de balanza comercial, el panorama para las hortalizas muestra un debilitamiento en las ventas externas, con exportaciones acumuladas a doce meses por USD 37 millones, marcando un retroceso del 13% interanual. No obstante, las importaciones hortícolas continuaron desplomándose, registrando una caída interanual del 67% al cerrar el período en USD 12,6 millones.
Por su parte, la producción de peras y manzanas en Cuyo y el Comahue se mantiene como el único de los tres sectores analizables que logra sostenerse en la franja amarilla de advertencia, exhibiendo indicadores dispares entre el valor del producto y el volumen proyectado. Los precios en finca mostraron una recuperación mensual del 8%, lo que impulsó la variación interanual a un destacado 134%, consolidando una ganancia real muy por encima del ritmo de la inflación general.