Según los resultados de la Encuesta de Situación del Sector de la Construcción en Mendoza, desarrollada por la Red Edificar, revela un cambio profundo en el clima de negocios. El diagnóstico sectorial ha dejado de transitar una fase de expectativa de recuperación para ingresar en una etapa crítica, donde la falta de acceso al crédito ha desplazado por completo a los costos como la principal problemática de la actividad.
El relevamiento mostró que la estructura empresarial mendocina sigue estando compuesto de forma mayoritaria por estructuras pequeñas. Las empresas unipersonales crecieron hasta alcanzar casi un tercio, secundadas por firmas de uno a cinco empleados, aunque un porcentaje relevante pertenece a organizaciones de más de 21 trabajadores, reafirmando el rol del sector como generador de empleo directo e indirecto.
Geográficamente, el epicentro de los negocios continúa anclado de forma indiscutible en el Gran Mendoza, seguido por una mirada de alcance provincial general y, en menor medida, por el Sur y el Este mendocino.
Gana el pesimismo
La percepción del estado de situación actual ha sufrido un retroceso visible. En una escala del 1 al 10, la calificación promedio del sector construcción en Mendoza se ubicó en 4,18 puntos, lo que representa una caída pronunciada frente a los 5 puntos promedio registrados en el período anterior, con casi un 60% de los encuestados evaluando la situación general con un puntaje crítico de entre 1 y 4.
Al evaluar el desempeño de sus propias empresas en los últimos doce meses, la tendencia al declive se consolida de forma contundente: la percepción de caída de la actividad aumentó severamente hasta afectar a más del 61% de los consultados, mientras que las respuestas que acusan crecimiento se desplomaron a menos de la mitad en comparación con la medición previa.
Frente a la parálisis o escasa participación de la obra pública, el capital privado sigue siendo el corazón financiero que tracciona la industria, vinculándose directamente a casi el 65% de la demanda global a través de obras nuevas.
El motor predominante está constituido por las obras medianas y pequeñas nuevas del sector privado, que mostraron un fuerte salto adaptativo, seguidas a gran distancia por los trabajos de refacción, ampliación y las grandes obras privadas nuevas. Por su parte, la obra pública apenas alcanza una incidencia mínima en la demanda del entramado empresarial relevado.
El cambio más drástico y sintomático que arroja la encuesta es la mutación de las preocupaciones sectoriales. En la medición anterior, el costo de los materiales y la falta de financiamiento compartían un protagonismo equilibrado, pero actualmente el acceso al crédito se despegó por completo como el principal obstáculo para operar, acumulando más del 70% de las menciones.
Esta problemática relegó a un segundo plano al aumento de costos de los insumos, la inflación, la competencia desleal, la carga impositiva y la dificultad para conseguir mano de obra calificada.
La gravedad de la variable financiera queda al descubierto al indagar específicamente sobre la disponibilidad de crédito, ya que casi el 90% de los actores considera que el financiamiento es difícil de obtener o prácticamente inaccesible, una visión negativa que se incrementó sustancialmente respecto al año pasado y que condiciona las estrategias de inversión, los esquemas de acopio y los ritmos de ejecución.
El horizonte de los próximos doce meses se tiñe de cautela y desconfianza. Aunque la mitad exacta de los encuestados prevé una meseta en la cual la situación económica se mantendrá estable, el optimismo constructivo se desmoronó: la expectativa de empeoramiento trepó significativamente hasta el 36,6%, mientras que la perspectiva de mejora se hundió drásticamente.