Alerta financiera en Mendoza: la morosidad "irrecuperable" casi se duplicó y roza el 22%

Tras el disparo de la mora en billeteras virtuales, un informe confirma el colapso del crédito familiar: el 21,7% de los deudores mendocinos ya lleva más de un año en cesación de pagos. Cuyo encabeza las cifras más críticas del país.

Lunes, 27 de julio de 2026 a las 16:46

El panorama del endeudamiento familiar en Mendoza exhibe signos de creciente tensión en los compromisos financieros de sus habitantes. De acuerdo con los datos correspondientes a mayo de 2026, la provincia registra que un 29,9% de los deudores posee algún grado de atraso o morosidad en sus compromisos crediticios, lo que significa que prácticamente tres de cada diez mendocinos que accedieron a financiamiento presentan irregularidades en sus pagos.

Al analizar la masa total de dinero prestado en el territorio provincial, el ratio de irregularidad del crédito alcanza el 16,7%, una cifra que expone las severas dificultades de los hogares para hacer frente al costo del financiamiento.

Sin embargo, el dato más alarmante surge al observar la profundidad y gravedad de ese incumplimiento a lo largo del último año. Un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), elaborado sobre la base de los registros del Banco Central de la República Argentina, reveló que el porcentaje de deudores clasificados en Situación 5, aquellos considerados "irrecuperables" por mantener un atraso superior a un año en sus obligaciones, sobre el total de deudores en Mendoza trepó al 21,7% en mayo de 2026.

Esta cifra refleja un salto drástico en comparación con el 12,7% registrado en el mismo mes de 2025. En tan solo doce meses, el índice local de cesación de pagos prolongada sufrió un incremento de 9 puntos porcentuales, dejando a más de dos de cada diez deudores mendocinos en un estado de mora estructural de difícil retorno.

Esta disparada de la morosidad grave encuentra su antesala en una brecha profunda entre el comportamiento del sistema bancario tradicional y el de los proveedores no financieros de crédito, representados fundamentalmente por las billeteras virtuales. En las entidades bancarias tradicionales, la morosidad sobre los montos otorgados se ubica en un 12,4%, afectando al 17,6% de sus clientes. En contraposición, las herramientas financieras digitales muestran guarismos considerablemente más alarmantes, con un ratio de irregularidad de los montos adeudados que asciende al 30,7% y una proporción de usuarios morosos que escala hasta el 34,2%.

La marcada disparidad entre ambos sistemas refleja cómo el acceso ágil, inmediato y con menores requisitos de validación que caracterizan a las plataformas fintech ha terminado canalizando un perfil de financiamiento de mayor riesgo, integrado en gran medida por familias con presupuestos severamente ajustados.

La facilidad para obtener pequeñas líneas de crédito o financiarse mediante aplicaciones para cubrir gastos diarios e indispensables ha incrementado de manera drástica el volumen de usuarios que caen en mora recurrente. Con el paso del tiempo y la imposibilidad de regularizar los saldos, esta morosidad inicial en plataformas digitales ha terminado trasladándose al núcleo duro del sistema, convirtiendo deudas de corto plazo en mora irrecuperable.

Crisis de ingresos y sobreendeudamiento 

El vertiginoso incremento del incumplimiento financiero en los hogares no constituye un fenómeno aislado, sino que responde de manera directa al deterioro de las condiciones socioeconómicas generales. El reporte del Instituto Argentina Grande precisa que esta dinámica está íntimamente ligada a la caída sustained del poder adquisitivo y a la precarización del mercado de trabajo.

Por un lado, los salarios de los empleados públicos provinciales experimentaron un retroceso del 0,2% en mayo de 2026, acumulando una pérdida interanual del 3,3% y una caída del 14,8% en relación con los niveles promedio de 2023. A su vez, los ingresos del sector privado registrado sufrieron una contracción del 2,9% interanual, mientras que el Salario Mínimo, Vital y Móvil mostró una caída real del 11,6% en los últimos doce meses.

A esta erosión de los ingresos se suma la pérdida de empleos de calidad. En todo el país se contabiliza la destrucción de 141.700 puestos de trabajo registrados en relación de dependencia en el último año, un fenómeno que desplaza a los trabajadores hacia el monotributo o la informalidad, modalidades que no logran suplir la estabilidad ni los ingresos del sector formal.

Asimismo, la actividad económica muestra un comportamiento desigual y asimétrico, con un crecimiento concentrado únicamente en rubros de baja generación de empleo directo, como el agro y la minería. En contraste, sectores altamente demandantes de mano de obra como la industria manufacturera, el comercio y la construcción atraviesan caídas sistemáticas y explican la inmensa mayoría de la contracción de la actividad productiva.

 

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