Las recientes transcripciones de los interrogatorios judiciales, publicadas por medios como Le Monde y The Guardian, han revelado detalles sorprendentes sobre el robo de 88 millones de euros en joyas históricas ocurrido en octubre de 2025. A pesar de la magnitud de la cifra, el cerebro de la operación no quedó satisfecho, llegando a afirmar: “Podríamos haber robado más”.
El "influencer" y el despistado
Entre los detenidos se encuentran Abdoulaye N, un antiguo influencer de redes sociales que aceptó el trabajo por desesperación financiera tras recibir una oferta de entre 15.000 y 20.000 euros. Por su parte, el otro implicado, Ghelamallah A, declaró ante los jueces que ni siquiera sabía que el objetivo era el museo más visitado del mundo; él creía que simplemente estaban asaltando una joyería común en París.
Un descuido real
Durante la huida, la operación perdió parte de su "glamour" criminal. Abdoulaye N admitió haber dejado caer una corona de gemas de la emperatriz Eugenia mientras corría hacia la salida. El impacto contra el suelo causó daños graves a la pieza del siglo XIX. "Sí, fui yo, se me cayó de la bolsa. Lo que hicimos no estuvo bien", confesó arrepentido ante los magistrados.
Fallas sistémicas y renuncias
El robo, ejecutado en apenas minutos tras ingresar por un montacargas y forzar una ventana, dejó al descubierto graves fallas de seguridad. Los ladrones aprovecharon la oscuridad de la sala, donde solo las luces de las vitrinas guiaban su camino. Este escándalo no solo provocó una crisis patrimonial, sino también la dimisión de Laurence des Cars, la presidenta del museo, debido a los fallos detectados en el sistema de protección.
Actualmente, las joyas (incluyendo tiaras, broches y collares) siguen desaparecidas y el paradero del cliente final, quien supuestamente planeaba venderlas en el mercado negro, sigue siendo un misterio.