Otra automotriz piensa en producir autopartes en San Juan
Le interesa la provincia por sus condiciones y desembarcan pronto. También llega San Cor. Los sanjuaninos interesados en venderle a las grandes cadenas. Dos empresarios locales invitados a un casamiento en Marruecos. El recuerdo de El Águila, el mítico café político de calle Mitre. Por Ricardo Olivera.
-Mi locuaz interlocutor me decía que tal vez esa sea la razón por la que otra gran automotriz está pensando en desarrollar autopartistas en alguno de los parques industriales de San Juan para un modelo de grandes ventas que se arma en Brasil (me prohibió publicar detalles).“Sus expertos estarían llegando en los próximos días. La provincia es buena plaza por seguridad jurídica, escasez de conflictos, buenas escuelas técnicas, buena calidad de la dirigencia gremial y política, incluyendo a la oposición”. “Otra buena”, siguió, “es que también estará llegando el presidente de San Cor, Oscar Carrera. La cooperativa ya tiene negocios aquí y ha tomado la decisión de ampliarlos considerablemente, sobre todo, los de rubro alimenticio”.
-“Lo de la falta de ideología”, mi amigo no podía dejar de hablar, “es comprensible”. “Los empresarios se ven en la obligación de mantener grandes plantas de personal, estructuras financieras sofisticadas, tienen cobranzas que hacer y deudas que pagar y deben ver la forma de seguir facturando. El industrial que tiene montada una planta no puede darse el lujo de cerrarla o abrirla según el gobierno de turno, debe luchar, hacer lobby, quejarse, rogar, todo lo necesario para que la rueda siga girando. En eso, hay una diferencia grande con la agricultura, que tiene costos fijos mucho más bajos”. A esta altura del relato, las mollejas terminaban de tomar su punto y el chef llamaba a cerrar la etapa de entrada fría.
-Camino a la mesa, ya en un coqueto predio de Zonda y mientras se terminaban de dorar unas brochettes orgullo del anfitrión Enrique Laborde, siguió un relato eufórico sobre las posibilidades que se abrieron la semana pasada en Buenos Aires en la reunión promovida por la Secretaría de Comercio Exterior. Resultado de la política de invitación a que los supermercados de grandes firmas internacionales exporten a sus casas matrices productos regionales (Falabella, Wall Mart, Carrefour los más conocidos), los empresarios locales pudieron tener, en un solo día, a los eventuales compradores de toda Latinoamérica. En unas horas, y con sólo dos pasajes de avión, ida y vuelta a Baires, se pudo gestionar lo que, individualmente, hubiera costado un viaje de muchos días por todo el continente y sin agenda. De San Juan fueron 15 empresas, eran 17 en principio pero dos dieron ausente.
-Para agregar una anécdota graciosa, Enrique contó que, en su reciente visita a Milán a la Feria Internacional de Diseño, sintió curiosidad por la oferta de botellas de Moldavia. Les atendió una chica hermosa, como son las de ese país, para contarles sobre el producto y el itinerario de puertos para llegar a Argentina. La primera dificultad fue encontrar a Moldavia en el mapa, país independizado en 1991 de la ex URSS, y la segunda, evitar el recuerdo de la novia del famoso capitán Schettino, que hundió el buque Costa Concordia por acercarse demasiado a la playa para impresionar a Domnica Cermotan, su preciosa polizona moldava. Risas de por medio, hay que reconocer que a ese país, para nosotros exótico, aquella tragedia le sirvió de publicidad. En términos comerciales, a Moldavia le vino bien.
-Los sanjuaninos se están moviendo mucho por negocios y, como resultado, surge el conocimiento de costumbres muy diversas a las que hay que adaptarse. En Marruecos, dos de ellos fueron invitados a una boda y el imaginario previo les hizo pensar en odaliscas semidesnudas bailando mientras los invitados bebían whisky o champagne. Primera noticia: al llegar hicieron separar los hombres de las mujeres, les convidaron un té horrible (casi seguro de jengibre) y se dieron cuenta de que no beberían alcohol en toda la noche. Segunda noticia: les hicieron sentar en el piso sin almohadones alrededor de lo que para nosotros sería una gran mesa ratona y comenzaron a servir pollo trozado para asir con la mano. Luego, pasaron una fuente de agua para limpiarse las manos que, al pasar por el tercer o cuarto invitado ya se había convertido en una sopa asquerosa. ¿Qué estamos haciendo aquí? Buscaron la forma de salir subrepticiamente para recalar cuanto antes en un espacio más occidental que se llama Cabaret.
-Causó tristeza pasar por la calle Mitre y no ver abierta la tradicional confitería El Águila, sitio de reunión de periodistas y políticos durante muchos años y, por eso, llamada “el serpentario”. Acuerdos y rupturas se gestaron en esas mesas sencillas aprovechando intimidad, silencio y cercanía, factores indispensables para el tráfico de información y para “tejer” mantas para tapar o lazos para ahorcar. Rosa y Mabel Navas, últimas dueñas (son cuatro hermanos) se desprendieron involuntariamente del edificio por reclamo de las otras partes y vendieron hace un año al Casino IVISA, que está al lado y ampliará la sala de tragamonedas de la esquina. El traslado se hizo recién el mes pasado. El negocio se había iniciado como local bailable en calle Tucumán entre Rivadavia y Laprida y ahora sigue funcionando por calle Entre Ríos. El papá de las dueñas fue primero empleado, luego proveedor y finalmente dueño.
-En el local de calle Mitre se gestó y festejó la recordada derrota del bloquismo en el ’85 en elección legislativa nacional que causó la renuncia del gobernador Leopoldo Bravo, la posterior expulsión de las diputadas provinciales Sari Luz Díaz Lecam y Mónica Sueldo y el desguace de la Corte de Justicia que integraban Graffigna Latino, Aguiar Arancivia y Baistrocchi cuyo procurador era Ventura Manrique. Fue la crisis más profunda que recuerde la vida democrática contemporánea de San Juan. El residual de esa bomba fue importante: Ese caso y el del intendente de Morón Juan Carlos Rousselot, modificaron la jurisprudencia permitiendo la judicialización de las causas políticas para asegurar las garantías constitucionales de los destituidos. Hasta ese momento, se había considerado ley que los juicios políticos o jurys no eran revisables por la justicia ordinaria. Y todo comenzó en El Águila, en una serie de modestas reuniones de café. Adiós al serpentario.
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