El calendario marca 24 de junio de 2026. Lionel Messi cumple 39 años y lo hace en un lugar que parecía improbable incluso para él: en el centro de la escena de una Copa del Mundo. La imagen tiene una potencia difícil de ignorar. Veinte años después de su debut mundialista en Alemania 2006, el capitán argentino vuelve a atravesar un Mundial como figura central de la Selección y como una de las grandes referencias del torneo. En un deporte donde las carreras suelen comenzar a apagarse mucho antes de los 35 años, Messi llega a los 39 compitiendo al máximo nivel y sosteniendo una influencia que excede largamente lo estadístico.
El dato adquiere una dimensión todavía mayor si se observa en perspectiva. Cuando Argentina conquistó el Mundial de Qatar 2022, gran parte del fútbol interpretó aquella final frente a Francia como el cierre perfecto de una carrera irrepetible. Messi había conseguido el único título que faltaba en su colección y había alcanzado una consagración definitiva dentro de la historia del deporte. Lo que vino después parecía pertenecer al terreno de la despedida.
Sin embargo, cuatro años más tarde, el rosarino continúa siendo protagonista. Su cumpleaños encuentra a la Selección Argentina instalada en la fase decisiva del Mundial 2026 y con Messi nuevamente como eje futbolístico y simbólico del equipo de Lionel Scaloni. Más allá de la evolución física inevitable que impone el paso del tiempo, el número 10 conserva la capacidad de alterar el desarrollo de un partido con una naturalidad que sigue distinguiéndolo del resto. Ya no necesita monopolizar cada acción ni recorrer todos los sectores del campo. Su influencia aparece en los momentos determinantes, allí donde los partidos suelen resolverse.
La vigencia de Messi se explica también por una transformación profunda de su juego. El futbolista que durante años dominó desde la velocidad, el desequilibrio y la aceleración permanente fue dando paso a una versión más cerebral, capaz de administrar energías y seleccionar momentos. Lo que perdió en despliegue físico lo compensó con lectura táctica, experiencia y una comprensión del juego que hoy parece incluso más refinada que en sus mejores años.
Los números acompañan esa realidad. A lo largo de este Mundial volvió a sumar marcas históricas y a consolidar registros que probablemente permanezcan durante décadas. Pero incluso esas estadísticas resultan insuficientes para describir su peso específico dentro del torneo. Messi ya no compite únicamente contra sus contemporáneos; desde hace tiempo su parámetro es la historia.
Desde aquel debut ante Serbia y Montenegro en Alemania 2006 hasta este presente en Estados Unidos, México y Canadá, Messi atravesó generaciones enteras de futbolistas, entrenadores y estilos de juego. Compartió plantel con Juan Román Riquelme, Javier Zanetti y Pablo Aimar. Más tarde lideró equipos junto a Javier Mascherano, Sergio Agüero y Ángel Di María. Hoy convive con una nueva camada que creció viéndolo por televisión y que ahora comparte con él una Copa del Mundo.
A esta altura, la carrera de Messi ya está fuera de discusión. El debate sobre su lugar en la historia quedó prácticamente resuelto con la conquista de Qatar y con la acumulación de títulos, récords y distinciones individuales. Lo singular del presente es otra cosa: la posibilidad de seguir observando a un futbolista que, cuando todo indicaba que ingresaba en el tramo final de su recorrido, continúa escribiendo capítulos relevantes.
El fútbol suele ser implacable con el paso del tiempo. Cada temporada aparecen nuevas figuras y nuevas historias. Sin embargo, el 24 de junio de 2026 encuentra al deporte más popular del mundo girando todavía alrededor del mismo protagonista.
Marcado por los récords
Entre sus hitos más destacados, el que sobresale por su complejidad para superarse es el que consiguió en 2012, al convertirse en el máximo goleador de la historia del fútbol en un año calendario, con 91 tantos.
En el desglose estadístico, el “10” alcanzó la memorable cifra en tan solo 69 partidos, al convertir 59 tantos por LaLiga española, 13 en la UEFA Champions League, 12 en amistosos internacionales con la Selección argentina, cinco en la Copa del Rey y dos en la Supercopa de España. Así, el delantero que entonces jugaba en el Barcelona superó los 85 goles convertidos por el alemán Gerd Müller en 1972.
Su espectacular año 2012 lo hizo merecedor del Balón de Oro, distinción que premia al mejor jugador del mundo y en la que Messi también se destaca: además de ser el único que lo ganó en cuatro oportunidades consecutivas, de 2009 a 2012, el astro argentino también es el jugador con más premiaciones, al haber sido elegido como el mejor en ocho ocasiones.
Siendo el máximo artillero de la historia de la Selección argentina, con 122 tantos en 201 partidos, Messi también es el máximo goleador argentino de toda la historia, con 916 tantos oficiales (404 más que Alfredo Di Stéfano, su principal competidor).
Por último, su último récord. Lionel Messi abrió la disputa de su sexto Mundial de una forma majestuosa y convirtió cinco goles en sus dos primeros partidos, tres ante Argelia y otros dos frente a Austria, para lograr asentarse como el máximo goleador de la Copa del Mundo en soledad.