La imagen recorrió el mundo en cuestión de minutos. Con el triunfo sobre Inglaterra ya consumado, Giovani Lo Celso recogió del césped una improvisada bandera con la frase "Las Malvinas son argentinas" y la desplegó junto a Cristian Romero y Lisandro Martínez durante los festejos de la clasificación. La fotografía se volvió una de las más representativas del Mundial 2026, aunque detrás de esa escena existe una historia marcada por el ingenio, el riesgo y una cuota de azar.
Todo comenzó varias horas antes del encuentro disputado en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. Un grupo de hinchas argentinos, alojado en el mismo hotel que la Selección, decidió desafiar la prohibición de ingresar pancartas con referencias al conflicto por las Islas Malvinas. La organización del torneo había advertido que no permitiría mensajes considerados políticos y, además, las autoridades argentinas habían anticipado controles especiales para evitar este tipo de manifestaciones.
Lejos de resignarse, los fanáticos improvisaron una bandera utilizando una sábana del hotel. La cortaron, consiguieron un aerosol negro y escribieron la leyenda "Las Malvinas son argentinas". El siguiente desafío era mucho más complejo: lograr que el mensaje atravesara los controles de seguridad y llegara hasta las tribunas del estadio.
Lo consiguieron. Aunque no tenían ubicaciones detrás del arco, esperaron los últimos minutos del partido y aprovecharon el movimiento de los hinchas argentinos para acercarse a ese sector. Sin embargo, cuando faltaban apenas cinco minutos para el final, un agente de seguridad detectó la bandera y les ordenó retirarla. Ante la posibilidad de que se la confiscaran, tomaron una decisión inesperada.
Para que la tela alcanzara el campo de juego, envolvieron una botella de plástico en su interior y la lanzaron hacia el césped. La improvisada bandera cayó cerca del área y permaneció allí hasta el pitazo final. Durante los festejos, Lo Celso la levantó sin saber qué decía. Al desplegarla, Romero y Lisandro Martínez se sumaron inmediatamente a la escena, inmortalizando una de las fotografías más comentadas del torneo.
Después del festejo, el creador de la bandera intentó recuperarla, pero ya había desaparecido. Un integrante del cuerpo de colaboradores de la Selección la había llevado al vestuario junto con otros recuerdos del partido. Su preocupación era que terminara perdida o fuera descartada tras el encuentro.
La tranquilidad llegó algunas horas después. Patricio Auber, uno de los mozos del plantel argentino, publicó una historia de Instagram mostrando la bandera y escribió: "A quien corresponda... ¡Está en buenas manos!". De esa manera, el autor supo que seguía junto a la delegación y manifestó su intención de recuperarla cuando finalice el Mundial.
Por ahora, la bandera continúa acompañando al plantel argentino y permanece en el hotel donde se hospeda la Selección. Incluso no se descarta que viaje a Nueva York para la final y luego sea devuelta a quien la confeccionó, o que quede resguardada junto a otros objetos que el cuerpo técnico y el staff fueron conservando durante la Copa del Mundo.
Mientras tanto, la imagen también abrió un debate dentro del propio plantel. Algunos integrantes reconocieron que la situación podría haber generado consecuencias deportivas, ya que la FIFA analiza una posible sanción, inicialmente económica, por la exhibición del mensaje. Nicolás Tagliafico fue uno de los que reflexionó sobre el episodio al señalar que la euforia de la victoria puede llevar a realizar acciones que, quizás, "no está bueno mostrar públicamente".
Lo que nació como una idea improvisada con una sábana, un aerosol y un grupo de hinchas terminó convirtiéndose en una de las escenas más recordadas del Mundial 2026 y en una fotografía que ya ocupa un lugar entre las grandes postales de la historia reciente de la Selección Argentina.