Hay momentos que un Mundial te regala y que difícilmente se puedan repetir y olvidar. Lo de este viernes en Dallas fue uno de ellos. Aunque la Selección Argentina ya tiene asegurado su lugar en los 16avos de final, miles de hinchas se reunieron en Klyde Warren Park para protagonizar un banderazo que convirtió el corazón de la ciudad en una auténtica fiesta albiceleste antes del cruce frente a Jordania.
No hicieron falta entradas ni un estadio para que la pasión se desbordara. Los bombos marcaron el ritmo de una tarde en la que no dejaron de sonar los clásicos cantitos de cancha. Banderas gigantes con los rostros de Lionel Messi y Diego Maradona flamearon junto a camisetas de Boca, River, Racing, Independiente, San Lorenzo, Rosario Central, Newell's y decenas de clubes más. Como suele pasar cuando juega la Selección, los colores quedaron de lado y la única camiseta que importó fue la celeste y blanca.
La fiesta también pasó por el paladar. El humo de las parrillas se mezcló con el de las bengalas y el aroma del choripán invadió el parque. Hubo costillares cocinándose a fuego lento, pastelitos de carne y otras comidas típicas argentinas que hicieron sentir a muchos como si estuvieran en una previa de cualquier cancha del país. El clásico hot dog estadounidense, por supuesto, también tuvo su espacio, aunque esta vez jugó prácticamente de visitante.
Y si de costumbres argentinas se trata, el fernet no podía faltar. Los vasos se vendían a 10 dólares, el mismo precio que un choripán, y fue la bebida más buscada durante la jornada. Entre abrazos, canciones, humo de las parrillas y la ilusión intacta de volver a ver campeón al equipo de Lionel Scaloni, Dallas dejó de parecer una ciudad de Texas. Durante varias horas, fue simplemente otra esquina de la Argentina.