Con una pelota gastada y un sueño enorme: la historia de Luis, el pibe del Teresa de Calcuta que hizo de los jueguitos una oportunidad para salir adelante

Se hizo viral por su increíble habilidad con la pelota en lo profundo de un barrio populoso de Pocito, pero detrás hay una historia de sacrificio y perseverancia. Luis Oyola tiene 24 años, asiste a un taller por una discapacidad que padece desde chico y desde hace tres años entrena fútbol freestyle con la ilusión de representar a San Juan y vivir de lo que más ama.

Viernes, 12 de junio de 2026 a las 11:38

Hace apenas unas semanas, un video grabado en la zona de calle 5 y Lemos comenzó a circular con fuerza en las redes sociales. En las imágenes se veía a un joven dominando la pelota con una facilidad asombrosa, encadenando jueguitos y piruetas en plena vía pública mientras los automovilistas y peatones observaban sorprendidos. En cuestión de horas, el registro se volvió viral y cientos de usuarios destacaron su talento.

Pero detrás de esos segundos de fama hay una historia mucho más profunda. El protagonista es Luis Oyola, tiene 24 años, vive en el barrio Teresa de Calcuta de Pocito y desde hace tres años encontró en el fútbol freestyle mucho más que una disciplina deportiva: encontró una forma de salir adelante. "Me dedico a esto. Voy a los semáforos, hago exhibiciones y la gente me colabora. Llevo tres años entrenando esta disciplina y me vuelve loco. Cuando se hizo viral fue una locura porque nunca pensé que iba a llegar tan lejos", contó a Tiempo de San Juan.

Luis asiste a un taller de psicología y neurorehabilitación debido a una discapacidad que padece desde pequeño. Sin embargo, jamás permitió que esa condición definiera sus límites. Por el contrario, eligió aferrarse a una pelota y construir a partir de ella un camino propio.

Su historia con el freestyle comenzó de manera inesperada. "Vi un video y me motivé. Un día empecé a entrenarlo. Arranqué con una pelota vieja, pinchada, toda gastada. Ahí empezó esta historia", recordó.

Lo que comenzó como una simple curiosidad rápidamente se transformó en una obsesión. Mientras muchos jóvenes dedicaban su tiempo libre a otras actividades, Luis pasaba horas intentando perfeccionar movimientos y aprender nuevos trucos. "Entrenaba todo el día. Desde que empezaba hasta que terminaba la jornada. A veces lloraba porque los trucos no salían y pensaba que nunca iba a llegar, pero seguí insistiendo".

La escena era habitual en su casa. Pelota al pie, horas de práctica y una constancia que muchas veces sorprendía hasta a su propia familia. "Mi papá me decía que parara un poco porque estaba todo el día con la pelota", recordó entre risas.

Antes de dedicarse al freestyle había intentado abrirse camino en el fútbol tradicional. Jugó en divisiones inferiores, pero sintió que las cosas no salían como esperaba. "En el fútbol me fue mal. Entonces pensé que tenía que seguir ligado a la pelota haciendo otra cosa. El deporte es sano y decidí jugármela por este lado". Esa decisión terminó cambiándole la vida.

Con el paso del tiempo empezó a animarse a realizar exhibiciones en esquinas y semáforos. Allí combina trucos, destreza y creatividad mientras los conductores esperan el cambio de luz. Lo que para muchos puede parecer un simple entretenimiento, para él representa una fuente de ingresos y una oportunidad para mostrar su talento.

Sin embargo, el camino tampoco fue sencillo. "Al principio era difícil. Pararme en una esquina era complicado por el peligro y por todo lo que implica estar ahí. Pero la gente me empezó a felicitar, me decía que era bueno, y eso me ayudó a seguir".

La realidad familiar tampoco ha sido fácil. Luis vive junto a su familia en el Teresa de Calcuta, uno de los barrios más populosos de Pocito. Su padre es el principal sostén del hogar y enfrenta un delicado problema de salud tras sufrir un desprendimiento de retina. A pesar de las dificultades, nunca dejaron de empujarlo para que siguiera adelante.

Los recursos son limitados. Muchas veces entrena con ropa sencilla y zapatillas que distan de ser las ideales para una disciplina que exige precisión, equilibrio y largas horas de práctica. Pero nunca puso excusas. "Esto me sacó adelante. Así como me ayudó a mí, creo que también puede ayudar a otras personas", afirmó.

Por eso, además de agradecer el cariño recibido tras hacerse viral, espera que su historia sirva para inspirar a otros jóvenes. "Espero que a la gente le guste y que también algunos se animen a practicar este deporte. Es algo muy lindo y muy sano".

Aunque el reconocimiento de las redes le dio una enorme alegría, Luis siente que todavía está lejos de alcanzar su meta. Su gran sueño es convertirse en un referente del freestyle y algún día representar a San Juan en competencias importantes. "Quiero representar a la provincia. Siento que todavía estoy en proceso y que puedo seguir mejorando. Voy a seguir buscando ese sueño".

Mientras tanto, sigue haciendo lo mismo que cuando nadie lo conocía. Entrena, se esfuerza y sale a las calles con una pelota bajo el brazo. Porque detrás de cada jueguito que sorprende en las redes hay años de sacrificio, perseverancia y un joven que nunca dejó de creer que podía llegar más lejos.