Desearnos a nosotros mismo o expresarle a alguien el augurio de un Feliz Año Nuevo exige que de algún modo el momento del cambio de año sea para nosotros feliz, de alegría, de fiesta. Sin lugar a dudas, el Año Nuevo deberá llegar en buenas condiciones, antes que entre lamentos, que de existir deberían ser dejados entre los vestigios del año que se va, el anterior.
Simplemente: ¡Feliz Año Nuevo!
Ciertamente, no todas las familias o no todas las mesas o personas están en condiciones de celebrar, y por esto vale la pena fundamentar en diversos conceptos esta celebración arbitraria, convenida la fecha por un Papa católico y luego generalizada en la humanidad, aun cuando países, religiones y personas celebran en días distintos el cambio de año según se rijan por el calendario lunar o gregoriano o por tradiciones, religiones o eventos, como aquellos para los que el año comienza con la celebración de la cosecha.
No obstante ello, por nuestros países se celebra el 1° día de enero –mes de Jano, Dios de los Comienzos, bifronte, con una cara mirando adelante, al futuro y otra mirando atrás, al pasado- y según las distintas culturas las fiestas de inicio de año adoptan ritos y tradiciones que lo cargan de significado. Y a eso es lo que deberíamos prestar atención y reemplazar si fuera necesario, pero apoyarnos en el nacimiento del año, para que sea realmente un feliz año nuevo y nosotros mismos disponer un estado anímico eufórico para ser coherentes con el augurio que hemos de dar y recibir. De seguro todos nos expresarán un deseo de feliz año nuevo.
Propio de un país de inmigrantes pluriculturales, recogemos tradiciones, hábitos y cábalas que no está de más subrayarlas como útiles al momento de crear ese clima particularmente festivo y conforme esta nueva era o sociedad líquida en que vivimos, adaptarlas a las posibilidades que nos corresponden en cada caso.
El sonido del descorche violento de una botella puede ser un símbolo en este país, pero en ausencia de la sidra o el espumante deberemos adecuar el ingenio y las posibilidades. Reemplazar el contenido del brindis no debería eliminar la expresión de deseos que lo acompaña. Así como eliminamos el sonido agresivo de explosivos, dejando sólo los lumínicos. Del mismo modo incorporamos o mantuvimos el baile posterior, que pone al cuerpo en el movimiento sincronizado con la música y haciéndonos vibrar en tono que acerca a la felicidad. Es verdad que se comercializa un cotillón que suele ser inaccesible, pero también es cierto que pueden de algún modo reemplazarse para generar un disfraz o un sonido alegre. Lo importante es sentir que todos debemos y podemos esperar y recibir el nuevo año con alegría y expectativa positiva.
Será favorable reunir familiares y amigos con el abrazo amplio que los abarque, sin olvidarnos de los ancianos, los vecinos solos o los enfermos a quienes una sonrisa, un beso y un buen augurio pueden llegar a significar la mejor medicina. También perdonar desencuentros y agradecer aunque más no sea el estar vivos y de seguro algunas cosas más. Y hecho esto de corazón podrá generarnos la alegría íntima que magnifica el encuentro.
La hora cero marcará una vez más el cambio de año. Nuestra celebración será festiva si nos juntamos con familiares y amigos, si creamos el momento alegre y con las mejores expectativas damos sentido a la expresión que subrayamos con el fuerte y sostenido abrazo: Muy Feliz Año Nuevo.