Por Gustavo Martínez Puga
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La mansión tana que infla el pecho - Por Gustavo Martínez Puga
Es la que perteneció a Bartolomé del Bono y luego fue adquirida por la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, Ausonia. Desde una araña como la del Congreso de la Nación hasta el característico mirador que asoma por el techo, cómo es por dentro el centenario chalet.
Con solo pasar por la avenida Ignacio de la Rosa, la fachada de la lujosa casona rodeada de los verdes jardines despierta un suspiro e invitan a imaginar el placer de haber vivido en un lugar de película. Pero pocos tienen el placer de conocer los lujos interiores que aún conserva el místico chalet en el que vivieron Bartolomé del Bono y Enriqueta Graffigna, el cual estrenaron en 1909 y desde el 22 de mayo de 1968 pertenece al Club Ausonia.
El exquisito buen gusto, la fina calidad de los materiales de terminación traídos en barco desde Europa (mármol de Carrara para las paredes y las estufas, empapelado en paredes de los salones sociales, la fuente romana del hall central y las arañas) y la sobriedad de sus muebles hacen de la casona una mansión como pocas en la provincia.
El predio de la mansión tiene 24.000 metros cuadrados y su distribución interna consta, básicamente, de un Gran Salón Principal que tiene un enorme tragaluz con vidrios pintados, una fuente de mármol romana y a su alrededor hay 10 puertas que conducen a todos los sectores de la casa. Sus pisos son florentinos, las paredes están revestidas en mármol de Carrara y el ambiente está iluminado con luces colgantes y apliques de bronce en las paredes.
Ya ese lugar reconforta el espíritu. Pero no se compara con el lujo de la Sala Principal de Recepción, al cual se accede por una puerta doble. Su interior es del estilo Luis XV, tipo imperio, con sus muebles en doré y tapizados en brocado, sus paredes revestidas con papeles en tonos oscuros que ya ni en Italia se consiguen y dos arañas de bronce y cristal que se multiplican en grandes espejos.
Esa sala conduce al Gran Comedor, estilo Vittorio Emanuele, en donde Del Bono almorzaba y cenaba junto a su familia. En el medio hay un mesón para 16 personas cómodamente sentadas, dos muebles exhibidores con la vajilla y una estufa a leña. Lo que más impresiona de ese ambiente es la araña central de 26 luces, similar a la que se encuentra en el Congreso de la Nación. Todo el ambiente está decorado con verdaderas reliquias, desde los ganchos de bronce con los que se sostiene el cortinado hasta las molduras de las puertas, ventanas y las finas pinturas que aún hacen del techo de cada uno de los salones sociales un lugar increíble.
La mansión tiene cinco ambientes sociales, ocho áreas de servicio (3 de ellas en el sótano, donde había hasta dormitorios), cinco dormitorios, tres galerías y un escritorio. Mucho de esos sectores de la casona aún conservan elementos originales. Por ejemplo, en la cocina se conserva la cocina a leña con el horno, la campana de hierro que cuelga de un grueso riel y el tanque de agua para ese sector.
$200.000
Cuando tenía 34 años, Bartolomé del Bono pudo irse a vivir con su familia a la casa quinta que había construido por un valor 200.000 pesos en 1909. La intención de Del Bono fue inaugurarlo para el aniversario de bodas de sus padres, pero no fue factible. Igual hizo una gran fiesta a la que invitó a sus amigos de la alta sociedad sanjuanina, “quienes lo habían acogido en su seno”, dijo Juan César Del Bono el 1 de diciembre de 1975, en el homenaje por el centenario del natalicio de su padre Bartolomé.
Allí se contó que el sistema de construcción empleado no fue hormigón armado, pero la estructura resistió todos los terremotos. Sus paredes tienen columnas de hierro unidas por hierros y flejes que corren entre los ladrillos.
Fue una de las primeras construcciones sanjuaninas en tener la instalación eléctrica embutida. Además, tenía un sistema de riego subterráneo por cañería de gres y a presión dada por el desnivel que conseguía desde la toma del canal que aún hoy pasa por el frente del chalet hasta los jardines. En esos días ese era un sistema revolucionario.
Así se logró regar los amplios espacios verdes del chalet, en donde aún hoy hay palmeras, magnolias y pinos que fueron plantados cuando se levantó la mansión y hacen del paisaje también un lugar histórico.
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