“El accidente me marcó muchísimo, prácticamente cambió mi vida”, dice Belén Molina, la joven que en octubre de 2019 protagonizó un violento siniestro camino a la Escuela de Policía y movilizó a todo San Juan. Estuvo casi cuatro meses en grave estado, al borde de la muerte, con múltiples operaciones y una amputación de brazo. Pero sobrevivió, contra todo pronóstico. Hoy estudia abogacía y confiesa su ilusión de reincorporarse a la Fuerza.
El milagro de Belén
Mientras su mamá trabaja, Belén recibe a Tiempo de San Juan en su domicilio de Villa Laspiur. Todo lo hace sola: abre el portón y acomoda las sillas para el periodista y el fotógrafo, aunque reconoce que muchas veces debe pedir ayuda. De antemano dice estar feliz, pero asegura que el aferrarse a la fe fue clave para sobreponerse a las dificultades que se le aparecieron tras el siniestro. “Lo que me pasó no se supera. Pero es pensar que es la vida que me tocó y lo tengo que aceptar. No puedo volver atrás, por más que quiera. Y gracias a Dios ya acepté lo que me tocó vivir. El brazo que tengo lo utilizo para todo. Uno aprende, la verdad que me pasaron muchas cosas en poco tiempo. Pero supe afrontarlo”, dice.
El accidente ocurrió pasadas las seis de la mañana del jueves 31 de octubre de 2019, cuando viajaba en moto hacia la Escuela de Policía. Al llegar a calle Salta, se descompensó y terminó estrellándose contra un árbol. “No recuerdo nada, gracias a Dios, ni el antes ni el después del accidente. Solo recuerdo el día que me desperté en el hospital, que fue a las pocas semanas del accidente”, señala.
Además del personal de salud, a la primera persona que vio fue a su madre. Fue ella quien tuvo que responder todas sus preguntas y confesarle, en medio de su angustia, que había sufrido la amputación del brazo izquierdo. “Me dijeron que milagrosamente estaba viva. Yo lloré mucho, tanto que me tuvieron que dormir. A la semana mi mamá me contó lo del brazo, pese a que no me lo quería decir, pero yo insistía en saber qué me había pasado. En un principio no sabía qué significaba una amputación, no tenía noción de nada. Cuando tomé consciencia, fue lo peor que me podrían haber dicho en mi vida. Hay heridas, pero esa fue la más grande”, expresa.
Si bien ya pasaron casi dos años del siniestro, para Belén su vida es de constante aprendizaje y adaptación. Todavía tiene dificultades para caminar y problemas en la visión. Pero, pese a las consecuencias del siniestro, intenta retomar lo más que puede su anterior vida. Sí no pudo reincorporarse a la Escuela de Policía y para ella será siempre una cuenta pendiente.
“Me gustaría seguir en la Policía, me apasiona, lo llevo en el corazón. Nunca me explicaron por qué no pude seguir. Sé que no puedo portar un arma, pero estoy capacitada y consciente para cumplir otras funciones. Sé que hay cosas que no se cierran, si uno no quiere. Si me dan la posibilidad de volver, lo hago. Saber que voy a portar el uniforme es algo que me ilusiona y me genera mucha felicidad”, confiesa.
Hace un par de días la joven publicó imágenes suyas con el uniforme policial. Su publicación se viralizó rápidamente: “Lo tenía en el ropero. Lo vi y dije ´me lo voy a poner´, me ganaron las ganas… Mi mamá me decía `Belén, olvidate´, pero es algo que quiero y no puedo esquivarlo”.
Mientras no pierde la esperanza de volver a sumarse a la fuerza, Belén empezó a estudiar Abogacía en la Universidad Nacional de San Juan. “Es difícil, pero no imposible. Lo mío no tiene vuelta atrás y en mi cabeza solo está el recuperarme, el mejorar. Dios me dio la oportunidad de seguir y lo voy a hacer, no me voy a encerrar en una pieza”, cierra.
La búsqueda de su “ángel”
La joven chimbera pide dar con la persona que le salvó la vida cuando se estrelló contra un árbol. Se trata de un hombre –cree que es un gendarme- que le hizo el torniquete que la salvó y permitió llegar con vida al nosocomio: “Quiero agradecerle. Me devolvió la vida y gracias a eso puedo estar hoy con mi familia, que es lo que más quiero. Quisiera saber quién es esa persona y dónde está”.