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Terremoto del '44: la catástrofe que unió a los sanjuaninos, un ejemplo para hacerle frente al coronavirus

La solidaridad del pueblo fue el pilar fundamental para el "renacer" de la provincia. Por qué la actitud de los sobrevivientes del sismo más grande de la historia argentina podría ayudarnos a superar la pandemia.
viernes, 15 de enero de 2021 · 09:12

La pandemia del coronavirus, sin dudas, ha provocado cambios en todo el mundo y, en distintas medidas, ha provocado efectos en todos los ámbitos de la vida diaria. Pero, ¿qué tiene que ver el COVID-19 con el terremoto del ’44?. La respuesta es simple: la empatía, la solidaridad y el compromiso son los pilares fundamentales para salir adelante en medio de este tipo de situaciones.

El 15 de enero de 1944 San Juan sufrió el sismo más grande de la historia argentina y, para poder volver a construir la ciudad, que quedó hecha escombros, fue necesario y fundamental la solidaridad de los sanjuaninos que, en su mayoría, optaron por no irse y se quedaron a “ponerle el cuerpo” para poder sacar la ciudad adelante. Si bien para hacerle frente al coronavirus es fundamental la ayuda de la ciencia, también es de gran importancia el compromiso y la solidaridad de los ciudadanos, para evitar o ayudar a frenar el avance de los contagios.

El hecho

Fueron segundos interminables. El movimiento telúrico fue a las 20.49 horas y alcanzó 7,4 grados de magnitud en Escala Richter y una intensidad máxima de IX grados en la Escala Mercalli modificada. El epicentro se ubicó a 20 kilómetros al norte de la ciudad de San Juan, en las proximidades de la localidad de La Laja, en el departamento Albardón.

El terremoto del 15 de enero de 1944 fue la mayor tragedia que recuerda el pueblo argentino. Estiman cerca de 10 mil muertos, de una cifra aún mayor de heridos (datos aun inciertos), y de la destrucción casi total de una ciudad. Los efectos llegaron también a Córdoba, La Rioja, Mendoza y San Luis. En realidad, las consecuencias del sismo fueron desproporcionadas comparándolas con su intensidad.

Verdaderamente, la provincia sucumbió por lo inadecuado de sus construcciones. En toda la zona afectada, sobre todo la ciudad de San Juan, especialmente el sector norte (Concepción), y los departamentos de Albardón, Angaco, Ullum, Chimbas, San Martín y Caucete, las construcciones eran en su mayoría de adobe y algunas de ladrillo cerámico macizo, generalmente muy antiguas y sin ningún tipo de refuerzo para prevenir los efectos de los movimientos sísmicos.

A esta situación desesperante fueron sumadas las inclemencias del tiempo. Al poco rato del movimiento comenzó a llover torrencialmente, situación que duró varios días, y fue agravada por un frío inesperado. Luego vino el tradicional calor del enero sanjuanino, el hedor de los cadáveres debajo de los escombros y su posterior cremación en pilas, ya sea a los costados de la calle o en el cementerio. Fue necesario evitar que se propagara la fiebre tifoidea. La gran cantidad de réplicas que siguieron al terremoto terminaron de derrumbar lo que había quedado en pie.

La gente desesperada buscaba a sus familiares. Unos rezaban, otros lloraban, y los gritos de dolor y angustia poblaban todos los puntos de la geografía. Desde 1894 que San Juan no había sentido los efectos de un terremoto.

Solidaridad del pueblo

La solidaridad y las primeras medidas fueron fundamentales. Entre las primeras acciones que adoptó el gobierno fue disponer la remoción de los escombros para retirar los cadáveres y habilitar las calles para el tránsito de los vehículos. Desde topadoras a carros para el transporte, todo tipo de medio se utilizó. También se demolieron los edificios que presentaron graves fallas estructurales. Fue decretado el toque de queda, pues los actos de pillaje también existieron en aquellos días de dolor.

El Ejército tuvo un papel muy destacado porque se ocupó de las comunicaciones para lograr restablecer parte del servicio telefónico interrumpido, realizando transmisiones radiales, removió puestos sanitarios de emergencia, dispuso baños de campaña para que la gente pudiera higienizarse, estableció campamentos de niños de familias dañadas por el sismo, dirigieron el tránsito de las pocas calles habilitadas en los primeros momentos, y ejecutó tareas en relación al reparto de alimentos, control del tránsito; y hasta debió impartir instrucciones en caso de que se repitan los movimientos de tierra. La fuerza desempeñó un rol central o de aprovisionamiento de alimentos en la Capital y departamentos afectados.

Algunos médicos, enfermeras voluntarias, soldados heroicos, sacerdotes, participaron para aliviar los dolores físicos, demostraron como el sentimiento del deber y del amor al prójimo, era capaz de ganarle la lucha al espanto, a la desolación y a la muerte.

El máximo exponente de solidaridad se recibió desde la vecina región de Mendoza, que habilitó el Hospital Central (tal como evidencia los decretos de esa provincia) recientemente construido para recibir a miles de heridos llegados a pocas horas de producida la tragedia. Además enviaron auxilios médicos, enfermeros y medicamentos, en dos trenes que partieron a partir de las 00:40 del día siguiente, junto a coches particulares que se ofrecieron en grandes cantidades, sumándose con víveres, ropa, abrigo y agua potable.

Otras provincias también presentaron su auxilio y fue Córdoba la segunda en llegar con sus trenes cargados de ayuda. Luego también se hicieron presentes La Rioja, San Luis, Salta y Santa Fe. Tres días después de la catástrofe arribó a la Estación San Juan del Ferrocarril Pacífico el presidente General Ramírez con su comitiva oficial. El Gobierno nacional desde la Secretaría de Trabajo y Previsión organizó una gran colecta nacional hasta llegar a reunir poco más de treinta y ocho millones de pesos.

La solidaridad cruzó nuestra portentosa Cordillera y los chilenos concurrieron de inmediato. Un avión capotó y su tripulación de médicos y enfermeros: Bardiani, Medina, Lazo y Mella, lamentablemente perecieron antes de cumplir su cometido.

En San Juan, como en el resto del país, el personal de salud, de seguridad, y otras áreas más, son los agentes esenciales que enfrentan el día a día, y sobrellevan mediante su trabajo y esfuerzo esta situación atípica. A la vista está que solo mediante la unión de todos los sanjuaninos es la clave para continuar con el progreso que requiere la provincia. Esta filosofía fue plasmada en el Acuerdo San Juan.

Este paralelismo demuestra que San Juan puede siempre salir delante de situaciones difíciles que les toca enfrentar, pero por medio de la unión de su pueblo. Este fenómeno sirvió para resurgir y ser modelo del progreso

 

(Fuente: Sí San Juan)

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