La crisis económica que desató la cuarentena por el coronavirus provocó que muchas familias que viven al día y de changas se vieran seriamente afectadas para llevar un plato de comida a sus mesas. Sin embargo, en Rawson, un grupo de jóvenes trabaja para que los vecinos del Barrio Larman puedan tener el pan de cada día aunque sea tres veces por semana.
Solidaridad en tiempos de pandemia: la noble tarea de un grupo de jóvenes en Rawson
Quienes analizan el cambio social no sólo en el país sino en el mundo -a raíz de la emergencia sanitaria- aseguran que la solidaridad es una de las reacciones que se despertó en las personas y esto, sin dudas, se ve reflejado en los integrantes de la Comisión Directiva de la Unión Vecinal Larman, que a partir de las consecuencias negativas del aislamiento social decidieron darle una mano a los miembros de su comunidad.
Con una olla popular, los martes, jueves y domingos, unas 60 familias con pocos recursos no sólo reciben una comida sino la consideración del equipo de tareas compuesto por unas diez personas, las que bien temprano por la mañana comienzan a picar las verduras para dar vida al almuerzo programado. Por ejemplo, este jueves al mediodía el menú elegido fueron lentejas que, a juzgar por su apariencia y aroma, ostentaban ser deliciosas.
En la sede de la unión vecinal, donde normalmente funciona un merendero para los chicos de la zona desde hace cuatro años, una larga fila de se aposta en el ingreso del lugar; eso sí, respetando las distancias debidas. Con plato u olla en mano, cada uno aguarda su turno para que el alimento les sea concedido.
"Viene gente de todas las edades, salvo niños porque les pedimos a los padres que no los traigan como medida de prevención. También se acercan algunos viejitos, que no les queda otra más que salir a buscar comida", contó una de las coordinadoras, Eva Camus, la mismo tiempo que señaló: "Con el boca a boca, está llegando gente de otras zonas más alejadas".
Con donaciones del Banco de Alimentos, de la Alianza Francesa y de donadores individuales, la joven explica que como tuvieron que cerrar el merendero por fuerza mayor, arman todos los días una merienda para que las mamás de esos chicos que suelen asistir pasen a buscarla. "Además, estamos preparando cuadernillos gracias a la colaboración de una librería (Punto y Coma) para que los nenes puedan estudiar en este tiempo que no hay clases", agregó.
Si bien es cierto que la voluntad de ayudar es de muchas personas, cuenta que se complica un poco la movilidad a pesar de que cuentan con un permiso de circulación. "Un grupo de mujeres mayores hace bizcochuelo para que regalemos como postre y por eso tenemos que andar buscando casa por casa. Es un poco cansador andar de aquí para allá, pero vale la pena porque sabemos que lo necesitan", confesó.
Agradecidos y sorprendidos con la respuesta de la gente que desea colaborar, indicó que en las redes sociales de la unión vecinal están las vías de contacto para que todos aquellos que quieran formar parte de la movida solidaria. "Aunque se vea que hay mercadería, esto no dura mucho tiempo y toda ayuda es bienvenida", dijo, mientras una compañera le soplaba desde atrás: "Recibimos donaciones de todo tipo, elementos de cocina, de limpieza, mercadería, dinero, todo viene bien a esta altura".
Higiene para todos
Una de las chicas que compone el equipo de trabajo consiguió que un familiar que vende productos de limpieza sueltos se los deje al costo para luego entregarles a las familias de la zona que los requieran. "Les damos las sustancias con las que se hacen los productos para que puedan higienizar sus hogares", manifestó Camus.