Ser madres para aquellas mujeres que lo planearon representa cumplir con toda una ilusión -si se permite- cuando ese momento se presenta. Durante nueve meses se preparan para el 'Día D', el del parto, y hasta allí llegan con sus ansias, esperanzas y miedos. Estas emociones, por más naturales que sean, hoy se magnifican en las embarazadas que tendrán que parir en tiempos de coronavirus, cuando lo desconocido avanza y lo convencional ya es parte del pasado.
Parir en tiempos de coronavirus: tres sanjuaninas y un embarazo memorable
Indicadas como pacientes de riesgo y, por tanto, más propensas a adquirir el COVID-19, tres sanjuaninas comparten sus experiencias, memorables, únicas e irrepetibles por el contexto que el mundo atraviesa con una pandemia que ya se cobró más de 100 mil muertes. Dos con una criatura en el vientre y la otra con una bebé recién nacida, aunque cada una en diversas etapas, cuentan cómo es afrontar el reto y qué esperan mientras están en la espera.
Con apenas 5 meses de embarazo, es decir 23 semanas, Florencia García confiesa que el ritual que siempre imaginó poco se asemeja con la realidad. "Hace una semana tuve el primer control en cuarentena. Sin compañía, tuve que ver al médico en una clínica semi vacía, tomando distancia y con los cuidados de higiene pertinentes", cuenta la joven de 26 años que por primera vez tendrá familia.
Para ser nueva en el rubro -si se quiere-, Florencia vive un embarazo atípico desde los inicios pues está encerrada hace ya un buen tiempo, incluso desde antes que se anunciara el aislamiento social obligatorio el 20 de marzo último. "No salgo para nada y, si bien convivo con mi novio, nadie más me ve crecer la panza. Los abuelos conocen a la bebé por las fotos que les mando de las ecografías", detalla.
Con fecha de parto para el 10 de agosto, la protagonista señala que no sabe si tendrá un 'baby shower' o cuándo podrá compartir la vivencia con su entorno. "Es difícil, esto nos tomó por sorpresa a todos. Aunque estoy informada y se que el virus no afecta a los niños, intento no hacerme la cabeza con el tema porque es peor. Todos los miedos se multiplican por mil. Por ahora estoy bien porque todo depende de mí y los cuidados que tenga. Más adelante veré cómo me amoldo", asegura.
"Estar embarazada en estos tiempos no es sencillo porque cuando más atención necesitás, y me refiero a lo psicológico y lo emocional de tus seres queridos, estás más sola que nunca. Siento que estoy perdiendo de compartir muchas cosas, pero ante todo hay que ser precavidos y no ver a nadie", reflexiona.
La segunda protagonista es Verónica Amado, quien a sus 25 años ya es madre pero que en esta oportunidad le toca serlo en un contexto diferente y, pese a estar canchera en ciertos aspectos, el miedo es parte de su realidad. Con 39 semanas, el parto natural sería durante los próximos días y, si ésto no sucede, entonces programará la cesárea para el 21 de abril.
A punto de dar a luz, advierte los peligros del contagio del virus y a último momento decidió cambiar de clínica para estar más segura. "No sé cómo se vayan a manejar cuando nazca el bebé pero veo que donde voy a tener hay más organización y mejores cuidados, lo que me tranquiliza bastante", indica.
Si bien la experiencia que carga hace que su proceso sea llevadero, la incomodidad surge con lo expuesta que pueda estar la criatura. "El miedo que tengo es lo que viene después, tener que salir con él en sus primeros días de nacimiento para los controles habituales. Es complicado porque desconozco cómo será y una lo que pretende es protegerlo más que nunca", agrega.
Otra de las cuestiones que Verónica destaca es en la sorpresa que generó la pandemia, que de un día para otro obligó el confinamiento de todos y algunas embarazadas se vieron complicadas para adquirir elementos necesarios para el parto. Por más insignificante que aparente el problema, resulta importante para aquellas que corren con cuenta regresiva. "Muchas madres no terminan de comprar lo básico para ellas y para el bebé. Sobre que hay pocos lugares, están cerrados y no podemos salir. Tenemos que resolverlo con lo que se puede", dice.
Esto mismo representa un inconveniente para Florencia, quien reconoce que una de las cosas que más quería era comprar la ropa para su bebé. "Tomarme el tiempo de elegirla, cumplir con ese sueño de que el momento sea especial es algo que no puedo, lamentablemente, y por eso todo lo que necesito, desde el camisón, una faja o lo que sea tengo que conseguirlo por internet, no me queda otra".
La tercera mujer que relata su historia es una que ya atravesó lo que las anteriores desconocen. Jimena Ochoa recuerda a detalle lo que transitó y admite que los temores, que surgen durante la incertidumbre de la espera, crecen con la viva realidad. "El médico me fue preparando y me explicó que si yo tenía el virus -aunque no lo supiera- no iba a contagiar a la bebé porque la transmisión no es vertical, pero cuando fue el parto me olvidé un poco de eso", reconoce la madre de 33 años.
El jueves 9 de abril tenía estipulada la fecha de la cesárea y, afortunadamente, todo salió bien. Una beba que hoy cumple apenas 6 días de vida nació sana y fuerte. "Antes del parto, las enfermeras de la clínica me entregaron la ropa, las sábanas y zaleas y me pidieron que las colocara y me vistiera 5 minutos antes de ir al quirófano. Eso cumplí al pie de la letra porque no quería contaminar nada", rememora.
Al parto entró sola y su pareja debió esperar fuera de la sala de operaciones. Adentro, el personal médico se mostró completamente cubierto de pies a cabeza, con gafas, cofias, barbijos, guantes y delantales. La intervención fue un éxito, sin embargo el entorno de pandemia surtió efecto en la experimentada madre. "Llegás al punto de pensar que pasa una mosca volando y trae el virus, estás con la desconfianza porque creés que si lo acostás en la cama puede ser peligroso, por lo indefenso que es", manifiesta.
Aun tras haber sido su segunda cesárea, con el conocimiento de los cuidados que la operación implica a posteriori, Jimena explica que la desesperación le ganó la pulseada. "Después del parto me quería ir, estaba un poco perseguida. Debo decir que traer un niño en plena pandemia despierta muchos traumas, no es lindo para nadie, es una vida que no solamente depende de vos y eso asusta", señala y añade: "Uno se entrega, pone el cuerpo y te mentalizás con que afuera te esperan, en este caso dos personas: mi hijo y mi marido, y a mi hija me la tenía que llevar de ahí como sea, por eso saqué fuerzas de dónde no tenía y por suerte salió todo bien".
Más tranquila y desde su casa, como ella deseaba, acepta que a pesar de los tiempos de coronavirus que corren halló mucha atención y contención en los médicos, por lo que destaca su labor: "Agradezco la entrega, la paciencia y la honestidad con la que se maneja es notable".
Unidas por una misma condición, el coraje que demuestran despierta admiración. Por lo que tienen que lidiar, las contracciones, dilataciones y el enemigo que asecha, su embarazo será especial. Perdonen las licencias y el dialecto futbolero y chabacano que manejan estas manos, pero si eso no es tener los ovarios bien puestos, entonces ¿qué?