Historia

La mujer que luego de 30 años se animó a cambiar de instrumento en la Orquesta Sinfónica

Marisel Pagés empezó con el violín a los 10 años y con 20 entró a la Orquesta Sinfónica de San Juan. A sus 51, decidió dar un giro en su carrera y hoy se la puede ver en la fila de las violas. Conocé su apasionaste historia en el mundo de la música. Por Santiago Staiger.
lunes, 20 de mayo de 2019 · 07:46

Empezó con el violín hace 41 años, cuando solo tenía 10. Nunca estuvo en sus planes cambiar de instrumento y casi siempre estuvo trabajando en los primeros violines. Marisel Pagés entró joven a la orquesta y afirma que siempre fue un trabajo formidable para ella. Además, asegura que tiene mucho feeling con los niños.

A pesar de que siempre le cautivó el sonido, hace cuatro años se animó a pensar en que podía llegar a tocar la viola. Una vez le ofrecieron un arco de ese instrumento, aún siendo violinista, lo que para ella era una locura, pero igual se fue animando con la idea. Sus compañeros se reían porque, según dice Marisel, “es como si jugás al fútbol y en vez de comprarte unos botines te comprás unas panchitas, nada que ver”. Esa fue la señal. Después empezó a preguntar y algunos compañeros le advirtieron que si quería cambiarse de instrumento iba a entrar en un mundo muy diferente.

Los dos instrumentos no leen la misma clave, entonces cuando empezó se sentía con muchas ganas y hacía sonar bien la viola, pero no sabía leer: “Era una cosa rarísima”, contó. En el verano del 2015 se mudó de casa y tuvo que alquilar unos meses un lugar y aprovechó para estudiar y aprender a leer la clave de viola. Con los tips que le dieron sus compañeros se entusiasmó y su maestra de toda la vida de violín, Selva Sugo, la motivó para meterse a pleno con su nuevo “chiche”. En una reunión de orquesta le confesó sus ganas y su profesora le preguntó si tenía viola, a lo que Marisel le respondió que no. En ese momento, Selva le dio su viola a cambio de un violín. “Ahí dije listo, ya está, ya se leer y ya tengo la viola”.

 

La técnica de ambos instrumentos es muy similar. Según Marisel, “hay que pensar en el sonido de una manera diferente porque el violín es sumamente brillante y los sonidos son distintos”. La diferencia física solamente es el tamaño: la viola es más grande que el violín. De hecho, los alumnos más chiquitos que aprenden viola empiezan con violines porque no vienen violas tan chiquitas. Otra diferencia es el cambio de clave, de octava y de registro.

“Cuando por fin me decidí, entré a un cuarteto (de cuerdas) a hacer música de cámara ya que Selva me motivó a que lo armáramos con otras compañeras y hoy en día me dedico mucho a eso. Somos 4 mujeres y el cuarteto se llama Tulum”.

Pero fue recién el 15 de febrero de 2019, el primer día en el que los músicos debían presentarse a firmar, que Marisel lo cambió todo. “No se qué fue lo que me pasó, yo iba saliendo de una oficina que es donde firmamos y lo vi a Daniel Sánchez que es el solista de viola de la orquesta, y me surgieron ganas de decirle que quería tocar la viola en la orquesta, pero no me animé. Me quedé esperando a que firme y cuando salió, me animé y le dije: ´mirá Daniel, yo se que vos sabés que estoy tocando la viola y tengo ganas de cambiar de instrumento en la orquesta´. Él se quedó sorprendido y me preguntó si era para tanto, y le dije que sí, que quería cambiarme. Esto me surgió espontáneamente, no lo tenía pensado. Él se puso muy contento y me dijo que le estaba dando una buena noticia”.

El cargo es el mismo solo que con otro instrumento, igual con la docencia, donde dejó de enseñar violín y ahora enseña su nueva pasión. En la orquesta sinfónica, la recibieron muy bien y eso la motivó aún más. Ahora da clases los lunes y miércoles y todos los días ensaya con la orquesta y se amolda para poder hacerlo también con el cuarteto.

Marisel estudió violín en la Escuela de Música desde los 10 años. A los 20 entró a la orquesta y pasó más de 30 años tocando el mismo instrumento.

A los 10 años sabés qué instrumento vas a tocar, eso lo tenés en el adn. No es que sea difícil cambiarlo, lo raro es que se haga un click en el que decidís probar otra cosa. Evidentemente yo necesitaba un cambio pero tampoco es que me cambié a la trompeta (risas). Hay pocos casos acá en San Juan pero en Europa es muy común que un músico cambie de instrumento en la orquesta. A mí lo que me parece interesante recalcar es: ¿por qué no probar? Si no pasa nada, lo que me podría haber pasado es que el solista de viola me hubiese dicho que no y listo. Pero todo salió bien”.

No volvió a tocar el violín, incluso afirma que estuvo ordenando material que tiene en cajas y que se lo va a regalar a alumnos que lo puedan necesitar. Aunque asegura que no vendería el violín que la acompañó toda su vida, no piensa para nada en él y no lo extraña. “El sonido de la viola es una cosa que me hace vibrar la piel y el alma, algo que no me pasó con el vioín, esa sensación de que se me ponga la piel de gallina. Es más grave, la caja es más grande y tiene una cuerda más grave”.

Cuando empezó a tocar el violín no sabía que se iba a dedicar a la música. Su madre cuenta que tenían unos vecinos músicos casa de por medio y que ella siempre se iba a escucharlos a la vereda. Era una pareja: una pianista y un clarinetista. Ellos siempre la veían y alentaron a su madre a que la inscribiera en la Escuela de Música. Su madre fue y la inscribió. “Yo empecé como muchos niños que no saben si va a ser para toda la vida. Una empieza y se da cuenta cuando tiene 12 o 13 años que es para siempre. Me di cuenta que es tan grande el sacrificio que si una sigue es por algo que vale la pena”.

Ser mujer en el ambiente de la música

Con respecto a ser mujer y música, Marisel asegura que en su ambiente no es complicado, que es bastante igualitario todo. “Acá se evalúa mucho al momento de tocar, lo que importa es que toques bien. En este lugar siempre primó el talento y el nivel que tenés como instrumentista.”

“Los músicos somos seres muy sensibles, tenemos esa característica y eso nos hace distintivos. La verdad que nunca vi un caso desde que estoy en la orquesta que discriminen a alguien por ser mujer. Jamás. La que te discrimina es la sociedad, por ser mujer y música. La típica es que te pregunten qué vas a estudiar y te cuestionen de qué vas a vivir y a qué te vas a dedicar. ¡Y vaya que vivo bien de la música! Estoy orgullosa de lo que soy”.

A sus alumnos más chicos, de 6 o 7 años, y a sus padres les recalca que estudiar música es una fuente laboral si se lo toma con responsabilidad y con el sacrificio que merece. “Pueden vivir de esto y hay mucha gente que no ve esa parte, incluso los padres que mandan a sus hijos”.

“El mensaje que quiero dejar es que no está mal que te guste otra cosa, no hay que fanatizarse tanto con algo, no hay que terminarlo ni ser el mejor, no hay que encasillarse en que si empezaste algo lo tenés que seguir para siempre. No solo en la música sino en la vida”

 

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