Los churros de la feria

La historia de un clásico con más de 60 años en San Juan

Ariel Avellaneda trabaja desde los 12 años en la churrería de su padre. Hoy tiene 45 y continua con su legado. El puesto ubicado en plena Feria del Abasto es parte de la historia viviente de los sanjuaninos, que a pesar del paso del tiempo, continúan trasmitiendo esta  deliciosa costumbre de generación en generación. Entra y entérate de esta fantástica historia que está más viva que nunca.
domingo, 03 de marzo de 2019 · 11:54

La primera vez que fui a la churrería de “Don Pedro Avellaneda” no tenía más de 8 años. Recuerdo que me llevó mi papá una mañana fría de invierno, donde el chocolate caliente me calentaba las manos y los churros recién sacaditos completaban una experiencia culinaria inigualable. Ese día, mi papá me contó con una sonrisa nostálgica y un churro sopado en su mano, que a él también lo llevó su papá cuando era un niño.  

Casos como el mío se encuentran en numerosas familias sanjuaninas que se apropiaron de este ritual de generación en generación. “Como no vas a conocer los churros de la feria” suelen decir ser  en tono de chicana quienes llevan un tiempo ocupando los banquitos del pequeño, pero cálido lugar.

“Tradicionalmente nosotros venimos de una familia que tiene pasión por la cocina con descendencia española,  antes hacíamos churro, paella, pescado frito pero ahora hacemos solamente churros” comenta Ariel Avellaneda quien es el heredero del legado gastronómico de su familia. “Esto empezó hace 64 años con mi papá y mi abuelo, desde muy abajo, siempre con la misma pasión, porque nosotros nos levantamos todos los días a las 4 de la mañana, soportamos el calor y el frio y si no se hiciera con amor directamente no valdría la pena hacerlo”.

El negocio se ha mantenido durante todos estos años gracias a la gente que trasmite el ritual de generación en generación.  “Acá lo vemos al padre con el hijo, es increíble, la gente que viene de afuera y dice que su papá o sus abuelos los traía y ellos a la vez hacen lo mismo con sus hijos, es una tradición que gracias a dios todavía sigue”.

En cuanto a sus comienzos,“a los 12 años ya hacia churros, ayudaba en lo que sea, hoy tengo 45 años y la pasión sigue intacta. Por suerte pude estudiar. Soy chef y he tenido muchas oportunidades, pero lo único que me gusta es esto. Aparte lo hago para seguir con la tradición” afirma Ariel, quien fue miembro de la primera camada de egresado de la carrera de Técnico Superior en Gastronomía de la Escuela San Nicolás de Barí en 2003.

“Actualmente ha vuelto mucha gente a la feria, acá viene gente de todas las clases sociales, antes era todo mucho más humilde porque estaban los chacareros en carretas y en caballos que venían a vender su mercadería, ahora hay más tecnología pero básicamente es lo mismo”  opina el churrero en relación a como era el Abasto en los tiempos donde su papá y su abuelo se encargaban del puesto que ahora el dirige, y que algún día, tendrá a sus hijos como dueños de un puesto que es parte de la historia de San Juan.

“Mis hijos están interesados, sobre todo la más chiquita pero todavía son muy chicos para venir a trabajar” además,  afirma que “actualmente estamos haciendo un food truck para eventos para llevar los churros afuera de la feria”.

Los precios pueden haber cambiado, los empleados también, pero la receta es la misma en la Churrería  de “Don Pedro Avellaneda”. Hoy en día un café con leche y churros cuesta $50, un submarino $60, y a pesar del tiempo, la gente lo sigue eligiendo ya sea para sentarse o para comprar $10 en churros al paso. La mística sigue intacta, incluso en algunas viejas cafeteras que realzan la historia del lugar, que lleva dos generaciones y al paso que vamos, seguramente vendrán muchas más.

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