Tenía 8 años cuando le tocó empezar a trabajar en una verdulería de la Villa Lourdes, su lugar en el mundo hasta el día de hoy. Allí, desde chiquito, se crió laburando para ayudar a su casa y al mismo tiempo soñando con escalar alto de la mano de la pelota, su cable a tierra. Esta es la historia de Luis Argumosa (21), el defensor del equipo Puyutano que tocó el cielo con las manos al lograr el ascenso al Federal A.
Un ascenso de vida
"Lucho" Argumosa, el pibe de la Villa Lourdes y de familia humilde al que la pelota le da una gran revancha en el fútbol y en lo personal.
"Lucho”, como lo conocen en el ambiente del fútbol, la peleó desde abajo tanto en lo futbolístico como en lo personal. La situación de su familia, de escasos recursos, lo llevó a trabajar desde muy chico. Dice que fue verdulero y hasta albañil, trabajos que lo enorgullecen. Al mismo tiempo jugó al fútbol, primero lo hizo con sus amigos de la Villa Lourdes y más tarde en Sportivo Desamparados, club en el que está desde que tiene 12 años. Tuvo breves pasos por la CAI, Boca y Colón también. "Siempre fue re loco por el fútbol. Yo le decía que si quería practicar el deporte debía andar bien en la escuela, sino se lo cortaba. Pero era buen alumno, se ponía las pilas, y terminó los estudios. Hasta la directora lo felicitó y todo”, cuenta su mamá Verónica.
Argumosa, que este año logró afianzarse en el equipo profesional tras la lesión de Rebeco, es uno de los jóvenes más queribles de Sportivo. Su carisma, humildad y predisposición para con el otro son algunas de las cualidades que lo destacan. Además de su solidaridad, ya que durante la semana colabora con la Unión Vecinal del Barrio Aramburu, donde ad honorem enseña fútbol a decenas de chicos que también buscan una revancha con la pelota. "Me encanta ayudar a los chicos. Ellos me pueden. Me gusta que puedan crecer y que puedan cumplir el sueño que alguna vez yo tuve de chico”, señala Lucho, el más grande de los cuatro hermanos Argumosa.
También es familiero, de hecho tiene cuatro ahijados y un centenar de personas detrás que lo protegen y le dan una mano. Entre ellos están su abuela Matilde, sus tías y primas, de las que nunca se olvida. Cuenta que cuando cobró uno de los premios en su club, lo primero que hizo fue regalarle una estufa a su abuela, quizás la manera más especial para agradecerle lo que hizo por él. Su madre, quien toda la vida trabajó de empleada doméstica, agrega que la buena crianza de Luis fue también gracias a su hermana Graciela, la que siempre lo acompañó en todo: "fue como su segunda mamá. Hicimos lo que pudimos para que nunca le faltara nada, hasta rifas. Hoy estamos felices y orgullosos de lo que vive”.
Por Carla Acosta
Tiempo de San Juan
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