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jueves 2 de abril de 2026

Historias

San Expedito, el santo que salvó a un pueblo

La mitad de los 1.000 habitantes de Bermejo viven gracias a los ingresos que generan los visitantes que llegan al paraje religioso. Los puestos de venta los manejan vecinos. Por Natalia Caballero.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Natalia Caballero
ncaballero@tiempodesanjuan.com

Llegó a mediados de la década del ’50 a Bermejo para salvar a un pueblo. Por casualidad y gracias a una turista cuyo nombre nunca se sabrá, comenzó la historia de San Expedito en la localidad caucetera. Hoy la mitad de los 1.000 habitantes que residen en el pueblo viven gracias a las ventas que generan los puestos ubicados en los alrededores del paraje religioso. 

No se sabe a ciencia cierta cuando doña Petronila Mercado de Lucero recibió de manos de una visitante la imagen de San Expedito. Lo que sí se sabe es que gracias a la devoción de Petronila se armó el paraje en honor al santo cuyo origen es desconocido (ver vinculada). 

Una cruz enorme a la vera de la ruta indica a los visitantes que tienen que doblar para mostrarle su fe a San Expedito. Desde las primeras casitas bermejeñas, los pobladores saludan a todo aquel que ingrese. Los "bichos de ciudad” miran con asombro tamaña muestra de amabilidad, ya casi extinta en las urbes. 

En Bermejo viven 1.000 personas, bastantes más de las que quedaron después de que el ferrocarril dejara de pasar. La localidad era muy conocida por ser un campo lleno de algarrobos, los ingleses fueron los primeros en comerciar la madera. Debido a la venta floreciente, se construyó hasta una estación de tren que distribuía el producto a todo el país. En menos de 5 años, de 50 habitantes el pueblo pasó a tener más de 5.000, familias enteras se mudaron a Caucete para trabajar "en el algarrobo”.

Pero el esplendor duró poco. Tanta tala trajo sus consecuencias: por la tala indiscriminadalos ingleses convirtieron a Bermejo en un desierto. Ahora es raro ver un algarrobo en pie en esas tierras cauceteras. De los 5.000 habitantes, quedaron solo 300. 

Benito Arce, un antiguo poblador de Bermejo, definió con las palabras justas lo que significó San Expedito en la vida del pueblo. "El santo nos salvó”, dijo el hombre, que relata la historia del pueblo con lujo de detalles.  Es que sin dudas la apertura del paraje religioso fue lo que resucitó a Bermejo del olvido, tras la extinción de los campos de algarrobo y de la exclusión de la ruta de los ferrocarriles. 

En el paraje religioso, ubicado al final del pueblo, hay 25 puestos. Todos son manejados por pobladores de la localidad caucetera. Sólo durante las festividades religiosas llegan de otros lugares de San Juan para vender en el paraje. Los vecinos que no cuentan con el capital suficiente para invertir para armar un puesto, se dedican a cuidar los autos. Llama la atención la organización de la comunidad, que funciona como una especie de mega cooperativa en la que todos se benefician de alguna forma. 

Todos los días, al menos 100 personas van a San Expedito. Durante los fines de semana el número se multiplica varias veces. "Los domingos cuando hay misa  se juntan como 5.000 personas”, contó Eduardo Vera, un puestero de la zona. 

"San Expedito nos dio vida, vendemos bien, no nos podemos quejar. La gente se lleva recuerdos para honrar al santo y para que sus familiares se hagan devotos”, contó Mauricio Fernández, el vendedor del primer puesto del paraje. 

Luego de caminar unos metros entre los puestos decorados por cintas rojas y por miles de imágenes del santo de las causas justas se encuentra la iglesia y una pequeña capillita en donde la gente le deja cosas a San Expedito y hasta placas. La capilla tiene una imagen de gran tamaño de San Expedito y adentro hay fotos, cartas y testimonios de fe de todo tipo. Incluso un fiel le dejó una foto al santo del tatuaje que se hizo en honor a él. 

Al lado está la iglesia, en donde todos los domingos el  padre David Gómez da una misa que reúne a miles de devotos. La parroquia está abierta de lunes a lunes, de 7.30 a 21. Al costado de la parroquia se ven los hierros que le darán vida a la próxima capilla, que está en pleno proceso de edificación. 

Como Bermejo está tan lejos de los principales centros urbanos, se había armado una especie de camping con parrilleros y sombra en el paraje religioso. Pero cuando se decidió ampliar la parroquia, se tiró todo el "camping” abajo. Los pobladores piden que se arme nuevamente algo similar para que los turistas puedan quedarse al menos unas horas en el lugar. 

Otra de las propietarias de un puesto, Liliana Coria, contó que durante el calor abrazador la cantidad de visitantes disminuye pero que a comienzos de marzo comienza el repunte. "Con el calor baja la cantidad de turistas, la temporada está medio floja. Nos gustaría que se construya un camping, que la gente tenga comodidades, que al menos se construyan baños públicos porque no hay”, explicó la mujer. 

El puesto de Marcela Arce se encuentra al lado de la parroquia. La mujer contó con mucha emoción que es impresionante ver algunas personas muy enfermas llegar a San Expedito y verlas después nuevamente curadas. "Vienen a dar las gracias, es increíble ser testigo de esos milagros en los que intercede la fe”, dijo la joven mujer. Adentro del puesto, se venden desde pulseras, llaveros, imanes hasta mates con la imagen grabada del santo. 
San Expedito salvó a Bermejo del olvido, de terminar como un pueblo fantasma. Los pobladores le dan las gracias todos los días al santo de las causas justas, quizás una de las causas más justas haya sido darle vida a todo un pueblo.
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