CASOS QUE CONMOCIONARION A SAN JUAN

Castaño Viejo, un emprendimiento revolucionario

En 1956 se anunciaba el comienzo de una nueva era: la modernidad había hecho pie en la historia minera sanjuanina.
martes, 28 de julio de 2015 · 08:51
Por Michel Zeghaib

La "Compañía Minera Castaño Viejo S.A.”, perdida entre los montes de la precordillera, en la localidad de Villa Nueva (Calingasta), sobre el margen derecho del Río Castaño, fue el primer emprendimiento minero que tuvo San Juan montado con tecnología de avanzada, donde se practicó el proceso de lixiviación con cianuro a partir del 26 de julio de 1956.

En la prensa escrita de la época, se veía reflejado el asombro que había provocado, en los sanjuaninos y en el periodismo, la mina. Como un sueño largamente esperado que, por fin, se estaba cumpliendo. Oro, plomo y zinc eran algunos de los minerales que se extraían, y que satisfacían gran parte de las necesidades industriales y económicas de la provincia y del país.

En aquella época, un grupo de periodistas de un diario local viajaron a la mina para conocerla, y ofrecieron una descripción detallada de su arquitectura. Era como una pequeña ciudad levantada entre las montañas. Los que trabajaban en la mina, vivían en torno a ella. Escondida entre dos grupos de edificios: de un lado, talleres; del otro, almacenes, depósito de material, útiles y herramientas. Y en el medio, un túnel: era la entrada a la mina.

Apenas atravesada la entrada había una galería (o túnel), amplia, en forma de herradura, de más de dos metros de alto y tres de ancho. A lo largo de ella, transitaba un tren en miniatura compuesto de pequeñas vagonetas, tirado por una locomotora eléctrica, que recorría distancias de hasta 600 metros que, mientras avanza, de los costados, por medio de bocas o buzones, iba cayendo el mineral extraído para ser llevados hasta el departamento de molienda. 

El pico y la tradicional barreta, fueron reemplazados por martillos neumáticos alimentados por compresores de alta potencia. El material era pulverizado al salir de la mina por una chancadora empleada para triturar el material sin mayores esfuerzos. Desde allí pasaba al lavado, y luego a un molino trompa que tenía una capacidad de 300 toneladas, en el que se completaba el proceso de desmenuzamiento que le daba al material un espesor apropiado, para permitirle pasar por una malla de acero que tenía 150 agujeros (por metro cuadrado) de pequeñas dimensiones, de tal manera de poder ser transportado hasta las celdas de flotación, que tenían la función de separar, por medio de un tratamiento químico, el plomo del zinc y del cobre. El propósito final era llegar a un grado óptimo de pureza, para poder ser llevados a la fundición, última etapa del proceso, antes de ser aplicado en la industria. 

Se trató de un proyecto que generó enormes esperanzas para la economía local que buscaba diversificarse, expandirse y ampliarse más allá de su clásica producción agrícola o ganadera. Flotaba también en el ambiente de la época el espíritu de Sarmiento, quien impulsó con convicción la posibilidad de que San Juan lograra ser una provincia que explotara sus yacimientos mineros para su propio bien, y el del País. Y fue así. La producción la mina lo confirmó. Según Harvey Richards, entonces gerente del establecimiento, Castaño Viejo llegó a producir entre 75 y 80 toneladas de concentrado de zinc por día. El mineral extraído era cargado en camiones para ser llevados a la estación ferroviaria de Albardón, con destino a Barranqueras (Chaco) y Puerto Borghi (Santa Fe).  

Pero el mineral de "Castaño Viejo se fue terminando, las explosiones de a poco dejaron de oírse y los camiones cesaron de rugir en el camino”, explica Cecilia Cañizares. Hoy se parece más a un pueblo fantasma que a lo que fue: un proyecto de avanzada para la época. Todavía pueden verse las estructuras, tanto de las viviendas, como de las máquinas que fueron utilizadas en el trabajo cotidiano. Castaño Viejo hoy es un mero museo, abandonado, que se presta para múltiples opiniones.

Fuentes:

Diario Tribuna, julio de 1956
Diario de Cuyo, julio de 1956
"Una ventana al corazón de Calingasta”. Por Cecilia Cañizares. Diario de Cuyo, Jueves, 24 de Agosto de 2006.
"Más de un siglo de cianuro”. Por A. Irusta. Diario de Cuyo, Jueves, 26 de Agosto de 2010.
"Remate de Castaño Viejo”. Por Daniel Perucca. Diario de Cuyo, 03 de julio de 2012.

Una pequeña ciudad en el desierto

Cada día, un furgón llegaba a Castaño Viejo (desde la ciudad) con todo lo necesario para cubrir las necesidades básicas de las familias que vivían en el lugar: frutas, verduras, alimentos en general; incluso vestimentas. Incluso, la Compañía poseía una finca en Villa Nueva (Calingasta) a no más de 4 kilómetros de la mina, de donde se llevaba, diariamente, carne y leche.

Una enfermería, sala de primeros auxilios y un micro hospital completaban las medidas de seguridad de la población. Servicios que eran gratuitos para los obreros y sus familias. El personal soltero, técnicos y empleados vivían en algo parecido a un hotel, y pagaban 520 pesos al mes por la pensión completa.

En fin, Castaño Viejo "fue pionera en el desarrollo de la minería local destacándose por el grado de desarrollo y tecnología así como orden y limpieza con estándares sobresalientes para la época”, expresa Daniel Perucca.

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