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miércoles 1 de abril de 2026

La mujer a la que el terremoto le robó la identidad

Mauricia Castro tenía 17 meses y estaba internada en el hospital cuando se produjo el devastador sismo. Después del temblor, nadie la retiró y los papeles que certificaban sus datos personales se perdieron. Fue criada en la Sagrada Familia por monjas junto a otra huérfana. Por Natalia Caballero
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Natalia Caballero

Cuando el 15 de enero de 1944 se sacudieron las entrañas de la tierra, San Juan cambió para siempre. Lo mismo le sucedió a Mauricia Castro, una beba de 17 meses por ese entonces a la que le fue arrebatada su identidad por los sacudones devastadores que terminaron con la vida de 10.000 personas. El único lazo que mantuvo Mauricia con sus orígenes fue un papel con su nombre que estaba en la cuna que la cobijaba en el momento del terremoto. Después del sismo los papeles que acreditaban su identidad se perdieron y nadie la reclamó. Su nombre apareció hasta en los diarios, pero sus ni padres ni familiares aparecieron. Ella y otra huérfana fueron criadas por las monjas de la Inmaculada Concepción. Pasó una infancia tranquila, rodeada de amor. Se casó a los 17 años, tuvo cinco hijos y trabajó en decenas de rubros para mantener a sus chicos.
 
Hoy confiesa que ha vivido una vida feliz a pesar de todo y que siempre trata de ver el vaso medio lleno. 
No sabe por qué estaba internada en el Hospital de Niños aquel 15 de enero de 1944. Sólo sabe que fue rescatada por las monjitas de la Sagrada Familia, después de pasar algunos meses en el nosocomio sin que nadie la reclamara. El nombre de Mauricia Castro fue célebre ya que durante días apareció en os diarios sanjuaninos al igual que su foto. Los avisos fueron publicados a pedido del gobierno por si alguien la reconocía. Las enfermeras que la atendieron sólo sabían que se llamaba Mauricia Castro por la identificación que estaba junto a la cuna, ya que en el terremoto se perdieron los papeles que acreditaban sus datos personales. 

Sin fecha de cumpleaños definida, sólo sabiendo que su nombre le pertenecía, Mauricia fue criada por las monjas de la Sagrada Familia. "Me criaron con mucho amor. No sentí demasiado la ausencia de mi madre porque para mí la madre Diana era mi mamá. Me hubiera gustado tener un padre, pero las circunstancias de la vida no me lo permitieron”, contó la mujer que hoy tiene 72 años.

A pesar de que no sabía qué día había nacido, las monjas decidieron que cada 24 de diciembre Mauricia iba a tener su día especial. Eligieron ese día porque consideraron su caso como una especie de milagro de Nochebuena. "Me acuerdo de mis cumpleaños, eran lindos. Iban algunos amiguitos y también otra chica que pasó lo mismo que yo pero que era discapacitada”, recordó con cariño. Después de unos años se enteró que cumplía años el 15 de agosto. Le costó cambiar la fecha de festejo, pero lo hizo. 

Entre las personas especiales que pasaron por su niñez, la madre Diana fue la más importante. Para Mauricia, Diana fue su mamá. La mujer, que estaba a cargo del colegio, dejó los hábitos cuando se enfermó y ella la cuidó. "Para mí cumplió el rol de madre. Fue mi madre y estuve con ella siempre. La amé”, relató.

A los 12 años, cuando terminó la primaria, fue enviada con una pareja. Eran una especie de padrinos postizos. A los 17 conoció al padre de sus hijos, Jorge Cabrera. Con él tuvo cinco hijos, cuatro mujeres y un varón. El casamiento le dio una nueva chance en la vida. Es que después de varios años visitando el Registro Civil para ver si encontraban algunos de sus papeles, pudo conseguir su partida de nacimiento. Se enteró que había nacido en Cieneguita, Sarmiento. Que era hija de Zoila Castro. No había más datos. Con esa información, visitó el departamento en busca de más aportes que le permitieran reconstruir su identidad. A pesar de ir durante años, de pasar días enteros recorriendo las calles sarmientinas, nunca supo nada de Zoila Castro. "Mi mamá se tiene que haber muerto con el terremoto. No pude averiguar nada más”, añadió. 

Con Jorge pudo armar su familia, esa con la que siempre soñó cuando estaba al cuidado de las monjas. Hoy sus hijos son la luz de sus ojos. Patricia, Natalia, Verónica, Mónica y Mauricio siguen siendo sus "niñitos” al día de la fecha. Cuando la vida de Mauricia parecía encauzada, su marido la dejó y tuvo que hacerse cargo de la crianza y la manutención de sus hijos. Trabajó en mil y un oficios: cuidó enfermos, limpió, atendió negocios, lo que fuera con tal de evitar que a sus hijos les faltara algo. 

Mauricia es una mujer muy activa. Anda de acá para allá. Maneja a la perfección el teléfono celular que le dieron sus hijos para mantenerse comunicados. A los 72, viaja constantemente y es dueña de un humor y un carisma especial. 

El esfuerzo de años tuvo su recompensa. Hoy sus hijos son personas de bien. Mauricio, el único varón, vive en San Luis y se la llevó a vivir con él. "Vivo en un departamento a cuatro cuadras de la plaza, nunca me imaginé tener esta hermosa vida que hoy tengo. Salgo si tengo ganas, me doy una vuelta por la plaza y también visito a mi familia en San Juan. Soy feliz”, agregó. 

Mauricia sintió el peso de no saber quién era pero esa carencia no le significó vivir amargada. Siempre vio el vaso medio lleno. Ese optimismo le permitió no caer nunca. Después de todo no en vano es "un milagro de Nochebuena”.
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