Por Silvana Bellotti
Hay diferentes opiniones sobre las edades que incluye la infancia. Según la OMS, la primera infancia abarca desde el desarrollo prenatal hasta los 8 años, luego se hablaría de infancia intermedia que abarcaría hasta los 11 ó 12 años. Algunos autores hablan de la etapa preescolar que abarca todo el periodo de escolaridad. Otros más simples mencionan que la infancia es la etapa de la existencia de un ser humano que se inicia en el nacimiento y se extiende hasta la pubertad.
¿Hasta cuándo somos niños?
Por Silvana Bellotti, psicoterapeuta infantil, magister en psicología, profesora en la Universidad Católica de Cuyo.
• Lactante (bebé), es el primer mes fuera del útero hasta completar el año.
• Infancia (infante), edades 1 - 5 años.
• Niñez (niño), edad de la escuela primaria (edades 6 - 10 años).
• Preadolescencia (preadolescente), edades 11 - 13 años, aproximadamente.
A lo largo de la historia el concepto de infancia ha variado y las edades que comprende. Pese a que las vivencias de los niños están determinadas por cuestiones biológicas y propias del desarrollo psicológico, los patrones culturales también inciden en su vida.
Más allá de todos estos criterios, creo que la infancia es una etapa importantísima en la vida, la base del armado de la personalidad, es una etapa que influye, condiciona (no determina) nuestro desarrollo saludable.
En ella se inscriben las vivencias más profundas, es la etapa para desarrollar habilidades sociales, para ir armando una estructura de personalidad estable y suficientemente sólida como para avanzar en la vida (ello implica seguridad en sí mismo, fortaleza, sentido de realidad, tolerancia a la frustración) y la apertura al mundo que permitirá aprendizajes que abrirán paso al desarrollo cognitivo.
La niñez en nuestra época histórica adquiere características diferentes a otros tiempos, algunas de ellas son la presencia de la tecnología en la vida de nuestros niños, las dificultades en la aceptación de los límites, la escasa resistencia a la frustración. Nuestros pequeños presentan mayor inquietud con cortos periodos de atención, por momentos con escasa motivación interna. Algunos estimulados por la sociedad, están apurados a crecer, con conductas que copian del mundo adulto (por ejemplo vestimenta, lenguaje).
Como expresa Julio Moreno: “No es cuestión de quedarse de brazos cruzados frente a todo lo que pasa. Hay que saber verlo para actuar no en contra de las tendencias sino incorporar lo positivo”. Como padres y adultos tenemos el desafío de no perder la esencia de lo que es la infancia: un niño sano tiene la capacidad de la espontaneidad, de la admiración, de la curiosidad. Juega, ve lo hermoso de la vida, es optimista, creativo, imagina, se ríe, todo lo sorprende.
Cómo será de importante esta etapa, que queda guardado en nuestro interior ese niño o niña que fuimos, que en psicología le llamamos el niño interior. Gaby Balderas, psicoterapeuta en Gestalt, afirma que el niño interior forma parte de nosotros y nos acompaña a lo largo de la vida. Contactar al niño interior, no sólo tiene que ver con sanar heridas añejas, sino con darse la oportunidad de ver la vida “con otros ojos”. Esto implica maravillarse de todo, divertirse, ser espontáneo, reír con facilidad, no tomarse tan en serio las cosas (como lo hacen la mayoría de los adultos).
Por eso cuidemos a nuestros niños, como yo les digo a los papás de mis pacientes, “les cuidemos su cabecita”. Hagamos de esta etapa un jardín hermoso para ellos, donde puedan florecer como personas maduras y felices. Nuestros niños necesitan amor, límites, ser niños (que no se apuren a crecer), es la etapa del disfrute, de jugar, cantar y bailar. Los preparemos para la vida a partir de lo que van necesitando y no desde nuestras imposiciones neuróticas.
Y como adultos busquemos a nuestro pequeño en el interior, sanemos viejas heridas, porque la vida es generosa y el presente nos da la posibilidad de hacerlo. Y desde -y con nuestro- niño miremos el mundo. Con un niño interior sano, podemos ser mejores personas y padres. Me siento afortunada de que la vida me da la posibilidad de trabajar con niños.
Feliz día a todos los niños y a los niños de nuestro interior.
*Silvana Bellotti es psicoterapeuta infantil, magister en psicología, profesora en la Universidad Católica de Cuyo, gabinetista en el Colegio Parroquial Santa Lucía, vicepresidenta de AGESA (asociación gestáltica de San Juan) y mamá de cuatro hijos.
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