Tres casos de niñas de 12 años embarazadas entre marzo de 2012 y el mismo mes de 2013, son el dato más revelador de una estadística que va más allá: estas niñas-madres forman parte de los alrededor de 60 embarazos precoces, en mamás de entre 12 y 17 años, que llegaron al Servicio de Adolescencia del Hospital Rawson, según dijo su titular, Marta Bustos. El resto de los casos también prende una luz de alerta: 6 casos en niñas de 13 años, alrededor de 10 en nenas de 14 años, y unas 40 jovencitas embarazadas de entre 15 y 17 años de edad.
“Estos son los casos que nos llegan a nosotros, puede haber más”, estimó la médica. “Las que llegaron a nuestro Servicio son chicas que pueden o no haber sido violadas”, observó. Y dio otros dato movilizador: el inicio sexual es cada vez más temprano, hoy a los 12 años.
Según la profesional, las niñas-madres “no están psicológica ni biológicamente preparadas para lo que les pasa. Les ha faltado atención prenatal y están en riesgo permanente, pueden llegar a tener partos prematuros, hipertensión arterial, problemas del metabolismo o lo que es muy común, el hipertiroidismo”.
“Tenemos que analizar cuáles son los factores de riesgo para llegar a las relaciones sexuales precoces. Por un lado, la falta de diálogo con los padres porque creen que hablar de sexo con los hijos es incitarlos, luego la falta de formación o de educación sexual y, tercero, el alcoholismo. Hay veces en que las chicas llegan acá y me dicen que no saben quién es el padre del bebé porque ‘estaban en pedo’”, analizó Bustos. La profesional ahondó con críticas sobre la instrucción sexual dentro del aula: “Estamos hablando de falta de educación sexual en las escuelas y es un problema que no se va a resolver tampoco. Porque para dar el tema se puede dar pautas desde acá, y no nos han consultado nunca ni colegios privados ni estatales”.
De acuerdo a su experiencia de más de 25 años en esa área sensible del Hospital, la médica aseguró que el inicio sexual es cada vez más temprano. “Cuando yo entré al Servicio, en 1987, las chicas se iniciaban entre los 16 y 17 años, a partir de 1994 comienza a descender este parámetro poco a poco”, dijo. La irrupción de las nuevas tecnologías, internet y redes sociales es un factor nuevo que influye en la conducta sexual de los menores, apuntó la doctora.
En el Servicio de Adolescencia, donde se hace en este tipo de casos un abordaje interdisciplinario –con ginecólogos, psicólogos, asistentes sociales, nutricionistas, médicos clínicos, endocrinólogos, entre otros-, atienden unas 4.500 consultas al año, muchas de las cuales son de las mismas pacientes, que van 4 ó 5 veces a hacerse los controles durante el embarazo.
“Las embarazadas lo primero que hacen es dejar la escuela, ahí se da una idea del rumbo que toman, son chicas que son reincidentes en el embarazo aunque no sea la misma pareja o la hija mayor de una familia repite el modelo de su madre soltera”, graficó Bustos. Y agregó otro dato estremecedor: “son muchos los casos, yo diría un 34%, de chicas que se quedan sin el padre del bebé que tienen desde los 15 años en adelante. Se trata de paternidad precoz, los chicos meten la pata, por ahí en el caso de los más chicos asumen los padres el problema, pero los de 17 para arriba, que son más adultos, se borran”, afirmó Bustos.
Más allá de que haya consentimiento de las chicas para tener relaciones sexuales, para la ley es un delito si se trata de un menor de edad. Según la profesional, no todos los casos se judicializan. “Nosotros denunciamos si se trata de un mayor de edad peor por ahí nos hemos encontrado con chicos que se han casado el mayor con la menor. Hay padres que a veces no denuncian, muchas veces hay resistencia de las madres para que no se conozca lo que hacen los padrastros con sus hijas”, aseguró Bustos. Agregó que en el Servicio, gracias a las consultas, a veces descubren casos de abusos de años atrás en las chicas que se animan a contarlo a los profesionales.
En San Juan, hay 60 niñas-madres al año
Florencia (no es su verdadero nombre) ahora tiene 15 años y un bebé de un mes (en la foto, ambos). Cuando se quedó embarazada tenía 14. Hace unos días decidió inscribir a la criatura con su apellido, después de que el padre, mayor de edad, los abandonara.
“Fue muy difícil contarle a mi familia. Mi mamá siempre me apoyó, pero mi papá no lo aceptaba, tampoco lo aceptaba la actual pareja de mi mamá”, cuenta. Florencia tiene 3 hermanos más. A la mayor, su madre la tuvo a los 17 años, por eso ella dice que la comprendió desde un principio, porque también fue una madre adolescente soltera. “Mi papá estuvo mucho tiempo sin hablarme, pero al final todo bien”, asegura.
“Yo no iba a la escuela cuando me quedé embarazada, había dejado el año pasado en primer año, había repetido, pero hacía cursos de peluquería y cosmetología y quería volver a estudiar. Me quedé embarazada en agosto y era octubre y yo no sabía. Mi mamá fue la que se dio cuenta, porque aunque ella no sabía que yo ya tenía relaciones sexuales, me controlaba la menstruación. Un día fue a la farmacia y me trajo un test. Me dijo ‘hacéte esto y después contame’. Yo, del miedo, cuando me dio positivo le conté a mi tía y ella le dijo a mi mamá”, relata.
“Nunca había hablado de sexo con mis padres. A mi novio lo conocía hace 3 años y estábamos juntos hacía un año y medio. Perdí la virginidad con él a los 14. No me presionó para hacer nada, los dos quisimos. Cuando me quedé embarazada no era la primera vez que estábamos juntos. No nos cuidábamos porque yo no quería tomar pastillas y él no quería usar preservativo”, asegura.
El novio de Florencia la dejó en el embarazo un par de veces, la acompañó desde el quinto mes de embarazo hasta que parió. “Yo empecé a ir a la casa de él, y a su mamá le costaba aceptarlo. Él es mormón, entonces discutíamos porque yo quería bautizarlo y él no. Fue un embarazo re tranquilo, salvo por las discusiones con mi pareja, pero el bebé nació bien, por parto normal en una clínica privada, el 3 de abril último. Pesó 2,8 kg. A las dos o tres semanas que nació el bebé, la madre de mi pareja le fue a pedir a mi mamá un ADN. Y ahí hubo mucho problema y nunca se hizo. Yo no me negaba a que lo haga. Pero él me volvió a dejar sola, me dijo que no quería vernos más. Yo me interpuse para que la madre de él lo viera al bebé, porque ella había dudado de mí, y él lo tomó muy mal. Hace unos días lo asenté con mi apellido y mis papás le compran los pañales, la ropa, todo. Es mi hijo”, sentencia.
La joven mamá y su familia fueron a ver un abogado. Pero Florencia dice que ella no le reclama la paternidad al joven y que no lo denunciarán por dejarla embarazada siendo menor de edad ella y él mayor.
Florencia dice que al principio le costaba atender a su bebito, pero que siempre su madre y su ginecólogo le explicaron todo. Además, le sirvió lo que sabía por atender a su hermanito de 2 años. “También empecé a leer libros y me iba informando por internet. El bebé se parece a mí, es súper tranquilo”, dice. “Amigas primero tenía muchas, pero ahora sólo tengo a mi mejor amiga. Las otras desaparecieron, debe haber sido porque las madres no las dejaban juntarse conmigo, o se alejaban porque yo ya no salía más, porque yo estaba madurando para ser mamá. Ahí me di cuenta de quiénes eran mis verdaderos amigos”, analiza Florencia, quien llenó su Facebook de fotos de ella con panza y del recién nacido. Ya está pensando en retomar los estudios apenas pueda: “Ahora con más ganas voy a terminar los estudios para irme a vivir sola con mi hijo”, afirma.
La más joven del mundo
La peruana Lina Medina es la madre más joven de la historia en el mundo, con 5 años, 7 meses y 21 días de edad. Su hijo nació por cesárea y sin problemas en 1939. A los dos años y medio la nena había empezado a menstruar. Concibió su hijo a los 4 años y 8 meses y se cree que violada por un hermano suyo, retrasado mental. El padre de Lina, Tiburcio Medina, la hizo atender por el doctor Gerardo Lozada, por lo que el bebé recibió el nombre de Gerardo Medina. Nació con 2,700 kg y murió a los 40 años, a causa de una rara enfermedad. Lina, que entró en el Guinness, se casó a los 33 años y a los 38 tuvo su segundo hijo. Vivió en México y actualmente reside, olvidada y en la miseria, en un pueblo cerca de Lima.