Francisco I: jesuita, latinoamericano, argentino. Por Edgardo Mendoza
El Papa es el encargado de dirigir la Iglesia Católica y lo debe hacer en un momento preciso, determinado, único en la historia. Debe adecuar su trabajo de dirección a una determinada realidad. Si hablamos de historia debemos decir cambio, porque la historia es justamente la que refleja esos cambios, que pueden ser más rápidos o más lentos, a lo largo de los siglos.
En torno a 1540 el mundo estaba cambiando aceleradamente, se imponía un nuevo sistema económico, el capitalismo, favorecedor de los intercambios de todo tipo, en contraposición con el feudalismo, el viejo sistema económico que había imperado a lo largo de toda la Edad Media. El mundo era mucho más grande de lo que había sido hasta unos pocos años antes pues no sólo se incorporaba América, también se entró en contacto con Japón, la China, la India y se exploraron las costas africanas. Se tomó conciencia de cuán diversa y numerosa era la humanidad. También se había producido la Reforma Protestante, es decir, el surgimiento de numerosas iglesias cristianas, que hacían una interpretación diferente de la biblia, debido a lo cual muchos millones de personas habían roto con la Iglesia Católica. Eran años de cambios rápidos, de nuevos y múltiples desafíos. Precisamente ese año de 1540 es cuando nace la Compañía de Jesús, cuyos integrantes serán conocidos como jesuitas. Su fundador, Ignacio de Loyola, supo percibir estos cambios e idear un instrumento apto para acompañarlos. El jesuita será un hombre habituado a moverse en el mundo, a aprender lenguas para predicar mejor su Fe. Aprenderán rápidamente a comerciar y a negociar para crecer acorde con las nuevas normas impuestas por la economía. Y, ante todo, serán muy bien formados intelectualmente en todas las viejas y nuevas disciplinas necesarias para desarrollarse y destacarse. Ellos serán los que más exitosamente contribuirán a la adecuación de la iglesia a los cambios que tan rápidamente se sucedían.
Hoy, cuando vivimos cambios de una celeridad impresionante en el campo de las costumbres, de las ideas, de las finanzas y de la tecnología, la Iglesia elige un jesuita para dirigirla. Cuánto de simbólico hay en esto, cuánto éxito le deseamos entonces a Jorge Bergoglio, para que su dirección ayude a superarlos.
Es además el primer papa latinoamericano, viene del enorme territorio de la pobreza y de la desigualdad, de la falta de sueños concretados. Precisamente ha adoptado el nombre de Francisco en una referencia a Francisco de Asís, el santo de los pobres. Justamente esos que necesitan tanto de la contención de la Iglesia. ¡Es argentino! lo que me llena de alegría por todo lo que esta pertenencia significa. ¿O es que me llena de orgullo? Si es así, pido todo el perdón divino.
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