Inmigrantes para siempre

Los sanjuaninos que volvieron de España

Las crisis marcaron la partida de estos seis sanjuaninos a España en busca de un futuro mejor. Otra crisis los trajo de vuelta. El contraste de realidades, la nostalgia y la apuesta entre dos países. Por Ernestina Muñoz.
miércoles, 27 de junio de 2012 · 08:58

Por Ernestina Muñoz
CANAL 13

"Una vez que salís de tu país, por más que vuelvas, te sentís inmigrante para siempre. A donde vayas, extrañas cosas del lugar que dejaste". La frase es de un argentino que hace 30 años reside en España. Se la dijo a modo de despedida a Jorge Balmaceda Buci, un sanjuanino que volvió en abril de 2011 tras casi 9 años de residencia en el extranjero.
Jorge, Marta, Juan Pablo, Natacha, Florencia vivieron esa misma historia. Con la fatídica crisis del 2001 comenzaron a pensar en partir, rastreando parientes que hayan venido en barco para volar con la doble ciudadanía a la Madre Patria: España. Como a sus antepasados, les pasó que en el nuevo destino encontraron trabajo con facilidad, pudieron ahorrar y  tener una vida acomodada. Resignaron familia y amigos, pero se sacrificaron pensando en un futuro mejor. En los últimos años, la decadencia de la economía en la Unión Europea los terminó empujando a volver al terruño, al San Juan que sorprende con sus indicadores económicos hasta a los propios argentinos. ¿El corazón? Se quedó en el Atlántico, a medio camino entre un hogar y el otro, tras años de residencia y relaciones.
A medio camino entre la desesperación de una mala situación económica y la esperanza de un proyecto nuevo; estos sanjuaninos perdieron y ganaron mucho en el viaje. Se quedaron amistades, ahora duelen las noticias internacionales. Aquí los esperaba la familia, los asados, las siestas. Más que euros, ganaron herramientas para emprender y salir adelante, aunque mirando hacia atrás.

Jorge: “¡Vamos, que tuve muchísima suerte!”

“Me fui en mayo de 2002. La situación que atravesaba Argentina 'nos invitó' a mi novia y a mí a buscarnos un nuevo horizonte. Made, mi novia por aquel entonces y hoy mi esposa, es precisamente española. El destino estaba más que definido”, dijo el perdiodista deportivo Jorge Balmaceda Buci. Pasó del desértico San Juan a la costera Murcia, al sureste de España, frente al Mar Mediterráneo. “Era igual de caluroso que San Juan, aunque a veces, para algunos, se hace más insoportable por culpa de la humedad que llega del mar. Yo estaba encantado porque me gusta mucho el calor”, contó.
Para conseguir trabajo, dijo que tuvo mucha suerte. “Empecé a presentar curriculums en diferentes medios de Murcia y a la semana me llamaron del periódico El Faro. Al otro día entré a trabajar en la sección de Deportes, justo lo que había estudiado. Por temas de papeles -tenía que tramitar mi visa de residente comunitario en el Consulado Argentino en Mendoza- tuve que regresar a Argentina. Ya con todo legal, comencé en febrero de 2003. Después llegaron otros proyectos en radio y televisión”, dijo. “Vamos, que tuve muchísima suerte”, dice con una expresión más que españolísima, mechada en su vocabulario.
“Pegamos la vuelta en abril de 2011, la crisis empezaba a mostrarse en España y una de las primeras víctimas, después del inflado mundo de la construcción, fueron los medios de comunicación. El periódico cerró”, contó. Como a su mujer se le estaba por acabar el contrato laboral, decidieron volver a San Juan.
Aquí ya tenían dónde “caer parados” porque, desde la distancia, Jorge y su hermano pensaron en poner en marcha un emprendimiento laboral. Mientras tanto, “para seguir dándole de comer a mi lado periodístico, con otros amigos montamos el programa La Excusa Deportiva, en Antena 1. Y por suerte, ya hay otras ideas para seguir en este mundo de los medios”, dijo.
“La verdad es que estoy muy contento de estar otra vez en mi provincia, con mi gente”, dijo. “Pero si tengo que ser sincero, lo que más extraño es la puntualidad con la que suele funcionar el día a día en la sociedad murciana. El autobús (ya no dice colectivo) pasa a la hora que dice el cartel, las colas para pagar o realizar trámites no existen o son mínimas, y también hecho mucho de menos los tapeos (salir de copas y snacks por los bares) y alguna que otra comida en particular. En el lado afectivo, tuve la suerte de conocer a muy buenas personas y dejé allá muchos amigos. Y como dicen los padres de un amigo -argentinos también que viven en España desde hace más de 30 años- "una vez que salís de tu país, por más que vuelvas, te sentís inmigrante para siempre, porque donde vayas, extrañas cosas del lugar que dejaste".
Esas amistades, de españoles y argentinos residentes en España, siguen en contacto a través de las redes sociales, de las videollamadas gratuitas de Skype, entre otras. “Tengo un contacto permanente con todos”, dijo Jorge. “Con lo complicada que se ha puesto la mano allá, muchos de los españoles me dicen que les vaya haciendo un lugar en San Juan. Más de uno ya se lo está planteando con seriedad. Por lo que cuentan y lo que uno puede informarse, está ‘chunga’ la situación en España y en Europa. Y parece que la cosa va para largo”, contó Jorge.


Florencia: “No cierro las puertas a volver a España”

A Florencia Caparroz le pasó algo similar. Ella se fue en agosto de 2007 y volvió en octubre de 2011 para emprender un proyecto propio: una empresa de impresiones, serigrafías y ploteos. “Me fui sola, tenía un amigo que me hizo el aguante hasta conseguir trabajo. El primer año había mucho trabajo y ya después se notó el impacto de la crisis. Menos conseguís si no tenes papeles. Yo estuve así dos años hasta que los conseguí. Trabajé en hotelería porque a pesar del mal momento económico la gente sale igual. Hoy están más exigentes y proteccionistas. Los trabajos que no querían, ahora sí. Y parece que más adelante conseguir trabajo va a ser re difícil” dijo.
Pero además del dinero ahorrado y el aprendizaje en autogestión, Florencia trajo un marido español. “Fue por un amigo en común, nos conocimos en un bar y nos casamos allá al cabo de un año de novios. El me siguió sin problemas. Ya tenía ganas de un cambio de aire y si te la rebuscas, trabajo tenes”, contó. Primero residieron en Solsones, Lérida, a hora y media de Barcelona. “Es un pueblo de montaña, pero en la ciudad se notaba más la crisis”, contó. Decidieron volver a San Juan el 13 de octubre de 2011 porque Florencia extrañaba “la ventaja de tener cerca de tu familia”. Dejaron España a pesar de tener trabajo, a veces fijo y a veces sólo los fines de semana. “Pero necesitaba irme. Era un pueblo chico que terminaba asfixiando”. Primero, fueron a probar suerte a Holanda, el país europeo con mejores sueldos. Pero no les gustó el clima ni el lugar. “Y nos vinimos con proyectos, acá tengo dos locales en la esquina de mi casa que estamos acondicionando, compramos máquinas para serigrafía, estampados, publicidad. Por ahora trabajamos en casa con pedidos”, contó.
Con las amistades españolas se conectan a través de las redes sociales y aplicaciones como “watsup”, Facebook o teléfonos. “Algunos amigos consultan por la situación argentina pero lo ven como vacaciones. Hay muchos argentinos que se están viniendo porque se les acabó el subsidio de desempleo. Ya con hijos es diferente la cosa. Hay familias enteras sin trabajo”, relató.
“Extraño la estabilidad económica en términos de adquisición. Allá es todo más barato, con un mes de sueldo ahorrado te compras un auto lindo y acá ahorras toda la vida por un auto de mierda. Cuando te acostumbras con una vida nueva es difícil empezar otra. Pero no tiene precio tener a tu familia. Igual no cierro las puertas a volver”, dijo Florencia.


Marta, Juan Pablo y Natacha: Volver por la familia

Marta Oviedo es licenciada en Sistemas y su marido Juan Pablo Herrera es ingeniero electrónico. En 2005 partieron a España y residieron en Barcelona. “Fue súper fácil conseguir trabajo allá. Las tres empresas que contacté, me llamaron. Pude elegir al empleador con el que me sentí más cómoda: Every”.
Volvieron porque además de la crisis económica, ya extrañaban demasiado. Con un hijo chico decidieron embarcar de regreso. Aquí, el panorama laboral en lo profesional no era igual de alentador, pero, al igual que Jorge Buci, fundaron el proyecto propio.
“Acá hay trabajo, pero no pagan como allá”, contó Marta. Después de 6 años de residencia en Barcelona, y de sorprenderse con el nivel de consumo europeo, aprendieron a reciclar y crear arte. Hoy reutilizan la lona y el caucho para elaborar carteras, accesorios y arte moderno. Estos productos llevan el sello de “La Maleva, diseños trashions”, a la que se dedica Juan Pablo full time.
También Natacha Mercado volvió a San Juan para emprender su propio negocio. Tras 6 años de vivir en La Rioja, España, pudieron invertir los ahorros en el negocio de productos regionales que instalaron en el Híper Libertad. Sanjuanina de nacimiento, viajó por todo el país como esposa de un oficial de la Armada Argentina. “En 2005, con la crisis sacaron muchos suplementos en el trabajo de mi marido. Ya teníamos la doble ciudadanía porque él era hijo de padre español. Lo hicimos más por los niños”, contó Natacha. Primero viajó él y luego ella con sus hijas. “De Málaga nos fuimos a Logroño en La Rioja. Es más pueblito”. Allá consiguió trabajo rápido, apenas a la semana de llegar. Se dedicó a la promoción de una empresa de puros. “Cuando tenes papeles no hay problema, era la única condición”.
“Antes de la crisis volvimos porque yo no me adapté mucho, los chicos sí porque estaban acostumbrados a las mudanzas por el trabajo de mi marido. Pero la idea era ir para juntar plata y venir”, contó Natacha. “Aquí tuvimos montones de negocios y por ahora solo el negocio del híper. El no retomó la armada”, dijo.
La mujer es una de las pocas entrevistadas que no extraña tanto. “Tengo algunos contactos, pero no muchos amigos allá. En cambio el mejor amigo de mi marido se quedó y conservan una comunicación fluida. Lo que sí extraño es la seguridad, los autos se paran para que pases en las esquinas, estás legal en todos lados. Era otra vida”.


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