tinta rosa

Carrito de mierda, ¡¡¡buchón!!!

¿Alguna vez se han puesto a observar detenidamente los carritos ajenos en el supermercado? Por Gema Gamboa.
miércoles, 13 de junio de 2012 · 09:03
¿Alguna vez se han puesto a observar detenidamente los carritos ajenos en el supermercado? Claro, es muy probable que muchos de ustedes a la hora de ir al súper lo hagan a mil, con el tiempo justo porque hay que buscar a los chicos en el cole, porque sólo tienen una hora y media antes de volver al trabajo, por obligación o porque no te queda otra ¿verdad? Pero como en este mundo hay de todo (gracias a Dios) están aquellas personas que van al súper por placer, están esas personas que van a un “supermercado” con más producción que Cármen Barbieri en  Barbierísima, o las que van con toda la familia, como si fueran de paseo a un shopping. Otras que van casi todos los días y nunca compran nada y otras que tienen tiempo de sobra y se ponen detenidamente a mirar los carros ajenos, pues  yo era una de estas últimas personas ayer, tenía tiempo, fui al súper y me di cuenta que los carritos hablan, si, si, si jajaja. Los muy cabrones te delatan.

Del vamos ya llegue a las puteadas, el primer indicio de que el súper está lleno es ver que el parking está plagado de choches y que tenes que esperar para aparcar, cosa que ya te pone de los pelos , bueno al menos a mí, en segundo lugar el mal humor va en aumento, cuando por fin encuentro un lugar  viene un vivo y me lo quita o en el medio  han dejado tres carritos abandonados, uno en cada punta de ese espacio reducido y de manera tal que no te quede más remedio que bajar del coche y mover los carros de mierda que , no me explico por qué, tienen siempre una rueda apuntando para cada punto cardinal, cosa que implica tener que hacer  más fuerza que cuando estas estreñida (no te explico si el carro va lleno de mercadería jajaja, papel higiénico siempre a mano ¿he?).

Superado el primer obstáculo, voy por el segundo: elegir un carro que, claro está, no me haga hacer más fuerza que en el gimnasio que tristemente pago tres veces a la semana. Para mi sorpresa no era la única, había delante mío cuatro personas más que aparente pretendían lo mismo que yo ¡un carro normal! Y para desconectar de aquella imagen (una mujer del tamaño de un gorila luchando con una hilera de carros enganchados pera poder sacar uno) yo repasaba la lista de cosas que necesitaba comprar.

Ya estaba dentro así que puse en práctica algo que es ley en el supermercado: empezar por el primer pasillo que, generalmente es el que no te sirve para nada, me refiero a ese pasillo que nunca ves porque nada de lo que hay es para uno, en mi caso si no es el de mascotas es el de pañales y yo no tengo ninguno de los dos, pero igual te lo caminas hasta el fondo para no romper la regla de oro (¿a que lo has hecho? jajaja).

De repente… un carro golpea el mío. Por alguna razón nunca mire adelante sino que me quede mirando en dirección al carro que venía cargadito y me dije: voy a adivinar de quien es… mire a mi alrededor y no había nadie que fuera acorde con lo que tenía el carro dentro, por ejemplo: arroz integral (las personas que me rodeaban no tenían pinta de comer arroz integran en absoluto), salsa de soja (no le gusta a todo el mundo), milanesas de soja (muy sana o amante de la soja), verduras (todas menos papa), pescado, pollo, crema anti arrugas de día y de noche, crema para manos y crema para piel seca (¡sí! Mire detenidamente, ya les dije que tenía tiempo), toallitas húmedas, alcohol en gel (histérica de la higiene pensé), huevos pero blancos y además también huevos de codorniz (esto de la diferencia del color de los huevos no tiene mucho sentido para mí, los diferentes tipos de huevos sí  jajaja, me resultó curioso y ¿los de codorniz? no hay nada más incómodo en el mundo que partir una docena de huevitos de codorniz. Bueno tendrá una cena especial quizás), velas perfumadas, sahumerios, cera de depilar (hasta aquí la propietaria del carro era mujer, amante de la comida exótica o planeando una cena romántica, coqueta y flojita de vientre por que como detalle les cuento que llevaba papel higiénico como para limpiarse el culo todo el año) galletitas de arroz, que son el equivalente a masticar telgopor, pan de salvado, queso blanco descremado, cereales, yogurt Activia (se los dije ¡flojita!).

No había nada que indicara que tuviera hijos, no había galletitas Oreo, pero sí mascota, había una lata de comida para gatos (definitivamente soltera) ya casi llegando al final de mi ardura investigación y análisis de la personalidad de aquella mujer me doy cuenta que en el carro también habían dos cosas más: una caja grande de condones ultra finos y… ¿pañales para adultos? Créanme que en ese momento todas mis conjeturas se fueron a la mierda y más lejos también cuando vi que se acercaba a mí algo así como “un modelo de Calvin Klein”, por un momento pensé: Dios, no me jodas, no puede ser de él. Y no, no era de él, sentí hasta un cierto alivio de verdad, duró poco porque no, no era de él, era de otro “modelo pero de Prada”. Agarró el carro y se fue detrás del de Calvin.

No pude evitar pensar ¿para cual de los dos serían los pañales? Lo de los condones mejor ni lo comento, jajaja!!!

Ya sabes entonces que un carrito del súper te puede decir mucho o quizás te deje en blanco y maquinando una semana entera como a mí, jajaja.
… ¿pañales para adulto? ...mmm


(Fuente: Infobae)

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