RINCONCITOS SANJUANINOS

Con alma de despensa

El sabor del picadillo estalla en la boca apenas el primer mordisco y el paladar reconoce los ingredientes de la gastronomía local. Las empanadas de “La Sanjuanina” están cumpliendo los mismos años que éste tradicional comercio, abierto a mediados de los ´50 en la esquina de Mendoza y José Dolores. Por Gustavo Martínez Quiroga.
miércoles, 13 de junio de 2012 · 09:19

Por Gustavo Martínez Quiroga
Canal 5 Telesol

El sabor del picadillo estalla en la boca apenas el primer mordisco y el paladar reconoce los ingredientes de la gastronomía local. Las empanadas de “La Sanjuanina” están cumpliendo los mismos años que éste tradicional comercio, abierto a mediados de los ´50 en la esquina de Mendoza y José Dolores. A decir verdad, las empanadas son tan famosas como la gran variedad de pizzas, la “lengua a la vinagreta”, las “patitas compuestas”, el “peceto a la jardinera” y otras delicias de la cocina regional.

El secreto de su permanencia en el tiempo tiene mucho que ver con esa sensación de “lugar conocido”, que se va acrecentando justamente a medida que pasan los años. Cualquiera que traspone la puerta de “La Sanjuanina” se siente como en casa. Y eso es mérito de su dueña.
Aurora comenzó trabajando allí en 1960. Fue empleada 24 meses antes de que su esposo adquiriera el local, exactamente hace 50 años, en 1962. Desde ese momento, ella atiende a sus clientes como si fuesen visitas que llegan a su casa. “¿Cómo esta, Doña María? – pregunta a una señora que acaba de entrar- “Me alegra verla bien. Saludos a su hija”. Es esa dedicación personal, esa atención tan cálida y humana que se ha ido perdiendo con el progreso frío y distante de los híper centros comerciales, la que define en esencia la histórica cordialidad sanjuanina y la permanencia sostenida de comensales y clientes.

El esposo de Aurora Toledano, Don Antonio Calvo, murió hace 20 años, pero aún esta presente en cada detalle del local, en toda su impronta tan cuyana y pueblerina. Dos de sus 6 hijos acompañan a Aurora en el manejo del negocio: Jorge y Sandra. Esta última a cargo de la panadería.

Históricamente, a la heladería se le sumó la rotisería, el restaurante, la fiambrería y después de los ’80, la panadería. Fue famosa la vitrola, que prestó servicios musicales durante mucho tiempo. Y también los metegoles, de los que la familia conserva uno como un tesoro. “Ahora es confitería, como para darle un nombre”, nos aclara la dueña, que con sus juveniles 74 años de edad se mantiene lúcida y arreglada como buena anfitriona, pero siempre fue “Despensa”. Así decía el cartel de la puerta. Así eran los negocios de antes. Vendíamos de todo un poco”.

Comer en “La Sanjuanina” es como comer con una gran familia. Aún en mesitas separadas, hay en el ambiente y en los parroquianos como un factor común que unifica, que emparenta. Incluso en los partidos de fútbol seguidos por los tres televisores instalados en el local,  que de por sí son todo un clásico, las hinchadas rivales no pasan de alguna “cargada” respetuosa de mesa a mesa. Terminado el encuentro deportivo, los brindis hermanan victorias y derrotas en el marco de las banderas argentinas que engalanan las paredes.

Atendido por su dueña, éste rinconcito de San Juan ha sido testigo de la transformación urbanística del lugar, la calle estrecha se transformó en amplia avenida con boulevard, los semáforos le aportaron el color de ciudad. La profusa iluminación nocturna reemplazó a las pálidas bombillas esquineras y los modernos automóviles circulan todo el tiempo a gran velocidad. Afortunadamente es como si una burbuja hubiese protegido a “La Sanjuanina” para preservarla del progreso. Allí esta. Como siempre. Con su alma de despensa a disposición de todos.

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