En un boliche top del Lateral de Circunvalación, entre Libertador y Central, tres policías intimidaban a la gente que entraba y salía el sábado por la noche. Eran adicionales contratados por el lugar: los efectivos estaban con uniforme, chaleco y el arma calzada sobre el pecho, seguramente con seguro, pero en un claro mensaje de peligro en medio de tanta gente.
Policías: en algunos lugares, muchos; en otros, nada
Boliche de Lateral de Cicunvalación. 3 AM del domingo. Hay tres policías de adicionales con el arma exhibida en el pecho. Misma hora, mismo día, plaza 25. Dos autos corren picadas con sus conductores aparentemente borrachos. No hay policías. Se nota que en la calle hay más efectivos, falta distribuirlos mejor. Por Sebastián Saharrea.
Ya es costumbre escuchar en juicios o en casos de gatillo fácil que el disparo se escapó y terminó matando a un inocente. Especialmente cuando se trata de un arma policial en manos desprevenidas e inexpertas de la propia policía. En este caso del boliche se trata de un telegrama al peligro, en un lugar donde casi con certeza no tendrían que correr a un delincuente en 3 décadas seguidas. ¿Para qué, si su presencia allí es para prevenir?
A la misma hora y no muy lejos de allí, en plena Plaza 25 de Mayo, dos vehículos aceleraban por calle Mitre, a los gritos entre auto y auto. Se mostraban botellas y ningún policía andaba cerca. La plaza no paga adicionales.
Barrio Smata, lunes a las 9 de la mañana sobre calle Dominguito. Tres policías están de consigna en la esquina de un barrio donde suele haber episodios delictivos. No es común ver allí policías a menudo, por lo tanto, una buena. Pero, ¿por qué tres? No hubiese sido más eficiente que uno se ponga en la esquina y los otros dos caminen barrio adentro. Claro, no se hubieran podido contar las novedades del fin de semana.
Misma hora, calle 25 de Mayo y Matías Zaballa, un policía de consigna sobresale con su chaleco en un cruce transitado. Pero el hombre mira su celular insistentemente, no lo suelta. Y sigue mirando. Es un efectivo anulado por el narcótico del celular, como tantos, cientos, de los que recibieron la orden en estos días de salir a la calle para ofrecer seguridad y a veces generan el efecto inverso.
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