el sueño cumplido de "don Fonza"

Historias: El chileno que llegó a pie y vuelve a su país después de 40 años

Vanessa Alvarez Muñoz, de la Oficina de Integración de la Región de Coquimbo en la Provincia de San Juan, contó la historia de Ignacio Fuenzalida, de 88 años, quien cruzó la Cordillera a pie hace 38, vivió de vender cartones y botellas y ahora regresará a Chile para cumplir su más anhelado sueño: volver a estar junto a su familia. Con ayuda de una vecina y la Casa de Chile en San Juan esto se hará realidad.
miércoles, 09 de mayo de 2012 · 21:16

Por Vanessa Alvarez Muñoz (*)

"Vuelvo, amor vuelvo... a saciar mi sed de tí. Vuelvo, vida vuelvo... a vivir en mi país" es parte del estribillo de una famosa canción que por fines del año 1989 popularizara el grupo chileno Illapu y que fue himno de tantos que retornaron a su terruño junto con la añorada democracia. Un tema que, quizás, don Ignacio Fuenzalida no conozca pero refleja sus sentimientos por estar a tan pocas horas de pisar tierra chilena luego de treinta y ocho años de ausencia. Pero la suya, no es una historia cualquiera.
Don "Fonza" o "Aló", como le llaman cariñosamente quienes lo conocen desde hace más de veinte años, es oriundo de la comuna de Putaendo, ubicada a unos 31 kilómetros al norte de Los Andes, el primer pueblo que recibe a quienes cruzan la Cordillera por el Paso Los Libertadores. Dicho lugar no tiene más de 15 mil habitantes, está rodeado de cerros y diversos cultivos, pertenece a la provincia de San Felipe en el Valle del Aconcagua y es la Capital Patrimonial del mismo. Un pueblo con historias, fundado en 1831 y cuyo nombre en lengua mapuche significa "Sol Grande". Allí nació y vivió este hombre hasta sus casi cincuenta años, pues fue a esa edad que llegó a San Juan.

A pie, cruzó la Cordillera

Fue minero. Aprendió el oficio de su abuelo quien era propietario de una mina y, gracias a su curiosidad permanente llegó a adquirir la habilidad de conocer cada uno de los minerales con sólo observar las rocas. Esto le permitió adquirir, ya de adulto, unas veinticinco hectáreas que trabajó junto a otras personas, pero que luego vendió para venirse a la Argentina. "Tenía curiosidad por conocer otros lugares", señala.
También fue cuidador de ovejas. Andaba permanentemente a caballo o a pie recorriendo territorio chileno y fue así que se hizo un muy buen conocedor de la Cordillera de Los Andes y de trece pasos por donde poder cruzar a suelo argentino. Por tal motivo, en 1973, cuando Chile ya estaba convulsionado pero aún no se producía el golpe militar, por primera vez cruzó la Cordillera a pie para ayudar a varias personas que deseaban huir para no ser parte de lo que se avizoraba para el país.
"Nos tardamos catorce días en llegar a San Juan. Comíamos conservas y como yo conocía bien los refugios, de día pasábamos por los lugares más complicados y de noche buscábamos los más seguros para protegernos del frío, aunque esto lo hicimos en pleno verano. Crucé hombres, mujeres y niños", cuenta rememorando tal travesía.
Volvió a Chile y al año siguiente nuevamente cruzó a más gente. "En los dos viajes habré venido con unas veinte personas, en total. Pero siempre eran conocidos; no iba a traer a cualquiera porque me podía pasar algo a mí", agrega. De los nombres de esas personas ya no se acuerda, pero asegura que algunos volvieron a su país y, en sus ansias y sueños, espera encontrarlos a su regreso.

Una vida difícil y una buena vecina

Don Fonza no dejó en Chile ni esposa ni hijos, ni tampoco los tuvo en Argentina. En su pueblo quedaron su madre, dos hermanas y cuatro hermanos, uno de los cuales murió, al igual que su madre. En San Juan se encontró con algunos conocidos y empezó a ganar el pan de cada día haciendo pozos, reconocimiento en terrenos relacionados a la minería e inclusive llegó a conocer Catamarca, La Rioja, Buenos Aires y otras provincias. Pero nunca tuvo un trabajo estable, por ende, hoy no goza de jubilación ni de obra social, sólo recibe la Tarjeta Social que le permite obtener algo de comida para subsistir.
En 1988 conoció a la familia de Amalia Zulma Saldívar, ya que se instaló a vivir en Villa Aeroparque, Pocito. "Le pedimos que cortara un árbol seco que había en casa. Justamente ese día, mi marido sufrió el primer infarto y desde entonces don Fonza fue siempre a preguntar por el estado de salud de él; así nació la amistad. Como en mi casa había habitaciones desocupadas y él andaba en la calle buscando un lugar donde vivir y era tan educado le dimos un espacio. Tan buena persona es y ha sido que cuando mi hijo más chico comenzó a ir a la escuela siempre le pedía moneditas y él le daba de lo poco que tenía", cuenta Zulma.
Pero hace unos años, don Fonza abandonó la casa de su vecina porque tenía problemas de alcohol y de higiene que no quiso revertir. Vivió en diversos lugares, incluso en la casa de un zapatero, donde salvó a una nena de que muriera ahogada en un balde porque se acercó pensando que era una muñeca y pudo sacarla. Pero ahora sobrevive "cartoneando", vendiendo botellas que alza en la calle, duerme en un catre lleno de harapos, ya que el colchón que tuvo se lo robaron. Su morada es un ranchito de abode, con letrina, el que le prestan para que comparta junto a otro cartonero de alrededor de treinta años con quien ya ha tenido varios problemas, pues hace más de cinco años que no bebe y a su edad  no tolera ciertas cosas, además del frío y del hambre cuando se le vuelca la poca comida que logra cocinar a leña en un tiesto todo tiznado.
"Mi primer marido murió hace catorce años. Tiempo después volví a tener pareja hasta enero pasado, ya que nuevamente me quedé sola porque él falleció de un infarto. Yo tengo problemas al corazón, uso un marcapasos que nos costó 10 mil pesos (alrededor de 100 mil pesos chilenos) y tengo muchas deudas, lo que me impide ayudar económicamente a don Fonza. Mi salud tampoco es buena, así que no puedo cuidarlo, por eso es que decidí hacer algo para que regrese a su país que es el sueño más grande que tiene", comenta emocionada esta mujer de sesenta años.
Cabe destacar que este hombre que sólo anhela volver a su tierra goza de buena salud, sólo la visión y la audición han disminuido con el paso de los años, aunque hace seis meses estuvo internado debido a la desnutrición y deshidratación que presentaba. "Yo lo iba a visitar durante el día y en la noche lo cuidaba una asistente social. Me dio mucha pena verlo así y ahí me di cuenta que otro invierno más no iba a soportar en la situación que vive; lo quise llevar al Hogar de Ancianos, pero sólo quiere volver a estar con su familia. Él ya me había pedido ayuda para arreglar su situación y regresar. Le prometí que haría lo imposible y me encomendé a la Virgen de Andacollo para que en algún lado me escucharan", agrega.

Emoción en Casa de Chile

Zulma llegó hasta la Casa de Chile en San Juan luego de golpear varias puertas, entre ellas la de la Dirección Nacional de Migraciones donde le señalaron que debían acercarse hasta el Consulado de Chile en Mendoza para pagar la multa correspondiente por no tener visa ni estar radicado, algo que le era y le es imposible concretar. "Mi segundo esposo, Enrique, que lo quería muchísimo a don Fonza, logró que tuviese la Cédula de Identidad chilena en una ocasión que vino el Infobus a San Juan. Luego pedí una partida de nacimiento a Chile, pero no figuraba el nombre de los padres, por eso nunca pude tramitarle una jubilación o una pensión".
Sólo con ese documento que acredita identidad a Ignacio Fuenzalida Tejeda, nacido un 3 de julio de 1925, y una carta de una sobrina llamada Hilda que recibió alrededor de cuatro años atrás, a través de un amigo que viene a vender ropa, Zulma y don Fonza pidieron ayuda al director de la Casa de Chile, Luis Enrique Valdebenito. Lo primero era dar con el paradero de Hilda.
Gracias a la tecnología, para ser más específicos, gracias a las bondades de Internet, se halló a la sobrina quien aún vive en Putaendo, quien se mostró feliz de tener noticias de su tío y ante el planteo de que don Fonza quería volver a vivir a su pueblo, no tuvo reparos en señalar que lo recibiría en su casa. Esa fue la primera buena noticia y sorpresa para este hombre delgado, con marcas en su piel tanto de la edad como de la difícil vida que le ha tocado vivir a la intemperie soportando fríos inviernos y calurosos veranos sanjuaninos.
Cuando, nuevamente se vuelven a reunir en las oficinas de la Casa de Chile, para organizar el viaje de regreso, del otro lado del monitor de una computadora, Hilda esperaba saludar a su tío vía Skype. Fue un momento emotivo, el preámbulo de lo que será el encuentro en persona el próximo viernes 11 de mayo. Lloraba Hilda, Zulma y don Fonza, quien a su vez se soprendía de poder hablar con su sobrina después de tantos años y más aún, al hacerlo a través de una pantalla.

El vuelo del sueño cumplido

Don Fonza ya no duerme, sólo sueña despierto con su viaje. Recuerda ciudades, personas que no sabe si aún estarán vivas o no. Piensa en si habrá cambiado mucho o no ese pueblo que dejó hace treinta y ocho años atrás para ir en busca de experiencias de vida. A pesar de las dificultades, no se arrepiente de la vida que ha llevado. La gente lo quiere, lo reconoce por ser honrado, educado y por no ser hombre de problemas, siempre dispuesto a ayudar.
Zulma ya le preparó su bolsito. "Le conseguí ropa para que vaya bien bonito a reencontrase con su familia y otra para que lleve y tenga qué ponerse allá. Ojalá la familia lo cuide mucho, lo atienda bien, lo ayuden a conseguir una jubilación y no lo dejen trabajar más en la calle. Todos lo vamos a extrañar, incluso mis hijos que viven en Estados Unidos con quienes habla por teléfono, pero es lo que él quiere... ir a morir a su país".
El director de la Casa de Chile, Luis Enrique Valdebenito, explicó que podía conseguir los pasajes a través de la Embajada o del Consulado, lo que tardaría un par de meses, por eso "la mejor y más rápida solución es correr con los gastos para agilizar el viaje, el cual lo haremos vía aérea". Y don Fonza no se inmuta ante el planteo de viajar en avión. "Sea como sea, sólo quiero estar allá. Voy a extrañarlos a todos, pero a esta altura me la paso pensando en mi gente no más".
Pero como toda historia que aún no termina faltan momentos de emoción, de lágrimas de tristeza por la partida y de felicidad por el reencuentro. La familia de Zulma irá la madrugada del viernes a despedirlo a la terminal de San Juan y en horas de la siesta, don Fonza y su sobrina Hilda seguramente se fundirán en un abrazo de bienvenida que se deben hace casi cuarenta años.


(*)Prensa de Casa de Chile
Oficina de Integración de la Región de
Coquimbo en la Provincia de San Juan



Comentarios