Empresarios: Cristina Luluaga

“Crecimos de la mano de los emprendimientos mineros”

Es martillera y propietaria de la inmobiliaria que lleva su nombre. Dice que le costó mucho salir de su casa y dejar a sus hijos para trabajar, pero ahora no puede quedarse quieta. Amante de las caminatas largas y enemiga del bótox, una sanjuanina que vale la pena conocer. Por Viviana Pastor.
miércoles, 04 de abril de 2012 · 08:23

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

Cuando comenzó, en 1988, no tenía idea del negocio de compra-venta de inmuebles, así que siguiendo el consejo de su padre, se puso a estudiar y aprobó el curso de martillera. Hoy, Cristina Luluaga es propietaria de una de las inmobiliarias más importante que tiene la provincia.

Cristina es lo suficientemente coqueta como para no querer decir su edad y aunque se presentó impecable y elegante para la entrevista, se quejó de su pelo y de que no pudo ir a la peluquería. Con tres hijos que ya la hicieron abuela cuatro veces, la empresaria aseguró que hay varias cirugías que le hubiese gustado hacerse, “pero no me hice ninguna ¿y a esta altura para qué?”, señaló risueña.

 “Me case muy jovencita, dejé trunca una carrera porque fui mamá a los 20 años, estudiaba profesorado de matemática. Era ama de casa y fue mi marido el que me impulsó a salir a trabajar, ¡yo me hubiera quedado en la casa!”, confesó.

Lo cierto es que hace 24 años su hermana María del Carmen se vino desde Mendoza, donde tenía una inmobiliaria, y le propuso que se pusieran una acá. Cristina aceptó el reto. Las hermanas estaban muy asesoradas por su padre que por entonces era el presidente del Colegio Notarial.

Con Luluaga Asociadas comenzaron a trabajar inmediatamente en un local por Ignacio de la Roza, al lado de la escribanía del padre, frente al Correo. A los 10 años, decidió abrirse para trabajar sola. Le dejó el nombre del negocio a su hermana y comenzó como Cristina Luluaga.
Fue un momento duro, pero no se arrepintió. “Empecé casi de cero, pero por amistad y con la experiencia adquirida, había gente que me seguía, aunque la mayoría de los clientes quedaron en la primera oficina. Los primeros años fueron difíciles, pero me gustó porque yo quería saber si podía sola y hasta dónde podía llegar”, contó la empresaria.

Año a año la firma fue creciendo y tuvo que mudarse a una oficina más grande, hasta que hace 4 años compró el local propio en la esquina de Sarmiento y 25 de Mayo.

Cuando hace 7 años se graduó su segundo hijo, Gonzalo, de licenciando en Economía, empezó a trabajar con Cristina. “A él le gustaba el negocio y sabía que yo lo necesitaba”, destacó.

La empresaria recordó  los tiempos de la última crisis como los más difíciles de la inmobiliaria. Fue complicado sobre todo el 2001, cuando estaba con menos empleados. “Éramos sólo tres, tenía menos responsabilidad, mantener los costos y me pude mantener, pero fueron años complicados. No hemos vuelto a tener una época tan mala como esa”, dijo.

Hoy la realidad económica de la provincia y del sector inmobiliario es muy buena, según el análisis de la martillera. “En el sector inmobiliario el crecimiento de la provincia hizo crecer a todos. Les guste o no les guste a algunos, hemos crecido de la mano de los emprendimientos mineros y todo lo que eso genera alrededor y también del agro. En todo se ha notado y se sigue notando.  Siempre hay baches, hay épocas en las que se ameseta y baja la demanda pero inmediatamente vuelve a notarse el movimiento. Desde hace años hay un crecimiento sostenido, espero que eso siga así”, señaló Cristina.

A nivel profesional, la empresaria dijo que lo más destacado de los últimos años fue lograr, junto con algunos colegas que trabajaron juntos, que fuera sancionada la Ley 8217 mediante la cual se creó el Colegio Público de Corredores Inmobiliarios de la Provincia de San Juan, en julio del 2011. El mismo está en pleno proceso de formación.

El anecdotario

Las anécdotas en la empresa que quedaron grabadas en su mente son las que le generaron algún conflicto. Y aseguró que nunca tuvo problemas con sus colaboradores, con los que hay  muy buena afinidad y buen clima de trabajo.

Hay  una anécdota que Cristina relató con detalles. “Hace 5 años estaba en avenida Rioja y una mañana llegué primera, algo raro porque no suelo ser la primera. Me encontré con una bolsa negra grandota en la puerta de la inmobiliaria. Intenté patearla pensando que era una bolsa de basura, pero no pude porque era pesada y blanda. Me llevé un susto muy grande porque pensé que había un cadáver en la bolsa. Llame a la policía y la cara de ellos cuando vieron el interior de la bolsa no me voy a olvidar nunca, porque lo que había yo no lo vi. Me contaron que eran como 10 gallinas blancas, degolladas y cubiertas de pétalos de rosa. Para quien cree en esas cosas era para asustarse. No me puedo olvidar de eso, uno que cree que tiene muchos amigos pero pensé, acá hay uno que es enemigo, porque en esto no dejás a todo el mundo conforme. Hice todo lo que me dijeron, desde bendecir con un cura hasta poner sahumerios por todos lados. Ese año empezó a andar todo fantástico y mi hijo me decía ‘vieja que vuelvan con la bolsa negra’. Pero nunca me asusté por eso”, relató Cristina.

Una historia más linda fue cuando hace varios años una profesional mendocina no conseguía que le alquilaran un local para poner un sex shop, el primero en San Juan; y fue Cristina quien le consiguió el lugar donde el negocio se puso y se mantiene hasta hoy.

“Hay anécdotas bonitas también de gente muy agradecida que manda flores o trae masas o facturas para todos los empleados”, contó.

La intimidad

Cristina viaja mucho a Mar del Plata, pero no para vacacionar, sino para visitar a su hijo Fernando, a su nuera –ambos son biólogos marinos- y a sus dos nietos. Tiene otros dos nietos de su hijo Gonzalo; y el tercero, Rodrigo, médico como su padre, vive aún con ella y su marido, Osvaldo Hidalgo, quien es anestesiólogo.

“Soy de preocuparme mucho como mamá. Los primeros años me parecía que no podía hacer ninguna otra cosa en la vida que no fuera ser madre y era una sobreprotectora terrible. Mi marido me decía: ‘qué vas a hacer de estos niños’. Por suerte salieron perfectos. Ahora mis preocupaciones son los nietos”, dijo.

En el pasado siempre fue una mujer muy activa, hizo windsurf en Cuesta del Viento, “era fanática del windsurf y era de las pocas mujeres que competía y me encantaba, en esa época era furor”, recordó y dijo que la tabla y la vela aún las tiene guardadas. También jugó muchos años a Mami Hockey, y ahora camina mucho y hace natación.

Para atrás, sólo tiene buenos recuerdos. Fue la primera hija y la mayor de ocho hermanos. “Mi madre también era sobreprotectora porque nosotros no hacíamos nada. Yo aprendí lo que eran las tareas domésticas, incluso que la basura había que sacarla, cuando me casé; ¡no tenía idea!, me costó un año de matrimonio aprender eso porque acumulaba en la terraza la basura. Hasta que aprendí que la basura se saca y desde entonces la saca mi marido”, bromeó.

La abuela materna la mimoseaba hasta esa ápoca y le ayudaba con la cocina. La vida de Cristina fue la de una niña privilegiada “hasta que pasó lo de María del Carmen”, señaló. En el 2004 a su hermana y ex socia, fue asesinada por quien era su pareja mientras trabajaba en su inmobiliaria, sobre calle Entre Ríos. “Fue lo único duro, algo que te marca y decís ¿cómo?, esto no me puede pasar, porque uno cree que está exento de eso. Fuera de eso no hemos tenido que sufrir otras cosas tan malas, más allá de las cosas normales de la vida”, destacó Cristina.

“En lo personal, el mayor logro es la hermosa familia que tengo”, dijo y cerró su historia.

Comentarios