Sorprendente confesión

La historia del abogado de militares que dice que se les pasó la mano

Es Eduardo San Emeterio, defensor de acusados por la represión en San Juan, incluido Luciano Benjamín Menéndez. Asegura que elige bien a quién defender y reivindica el accionar de “algunos” uniformados en los años de plomo.
domingo, 12 de febrero de 2012 · 13:09

Por Miriam Walter
mwalter@tiempodesanjuan.com


“A las Fuerzas Armadas se le fue la mano. Teníamos un Código Penal, un Código de Justicia Militar, un estado de sitio, unos tribunales militares, consejos de guerra, yo creo que no tendría que haber desaparecidos con muertos de esta forma. Tendría que haber gente juzgada, condenada, y si correspondía pena de muerte, aplicar la pena de muerte, pero entregar los cadáveres a sus familiares como corresponde”. El sorprendente análisis no es de un activista por los derechos humanos, es de Eduardo San Emeterio, una de las caras más conocidas en el país, como defensor de militares acusados de represores, de la talla de Luciano Benjamín Menéndez.

San Emeterio suele venir a San Juan seguido porque representa a Horacio Nieto, uno de los implicados en el megajuicio por crímenes de lesa humanidad en la provincia –que se reinició el lunes pasado- como ex jefe de la Policía Federal en los años duros. Y a otros tantos militares vinculados a la represión en San Juan que están prófugos de la Justicia Argentina.

El abogado, siempre de punta en blanco en el banquillo, portando insignias en el traje y ostentando unos grandes lentes setenteros con borde doré, es dueño de una curiosa historia. Es un hombre de referencia en la defensa de los uniformados en Argentina. Y a la vez analiza que “se les pasó la mano”. ¿Cómo es esa contradicción? “Yo no justifico el accionar de todos los militares, sólo de algunos”, dice a Tiempo de San Juan.

“A Menéndez no se le fue la mano. A él se le escaparon de sus manos muchas veces los de más abajo en una lucha por una cuestión ideológica, básicamente”, argumenta su rol al lado de uno de los militares más cuestionados del país.

 “Yo no defiendo a cualquiera, yo considero que Nieto no es culpable de lo que pasó. Yo elijo a quién defiendo, a los que son inocentes o pueden justificar lo que pasó. Hay una cosa muy clara, acá no se está sancionando al actor directo del hecho, al que mató a Fulano o Sultano, están condenando por responsabilidad, por autoridad mediata. Como no saben quién es, hacen responsable a quien estaba destinado en ese lugar y en ese momento, están aplicando la famosa teoría de los roles, no importa si es o no el responsable. Los más importantes, los que realmente cometieron los desmanes, yo creo que no hay ninguno preso. Si supiera quiénes son, lo diría”, asegura.

San Emeterio dice que le tiene afecto a Menéndez. “Fue compañero de promoción de mi padre en el Ejército, lo conozco a Menéndez desde que tenía meses. El hijo de él, Mariano Menéndez es compañero mío del Liceo y del Colegio Militar porque yo también estuve en el Ejército. Al Cachorro yo lo estimo mucho porque era muy, muy amigo de mi padre. Menéndez, (Ramón) Díaz Bessone también, toda esta gente que está en el candelero fue compañera de mi padre”, cuenta.

Y reivindica al general Menéndez, quien fue el encargado de dirigir las acciones de las Fuerzas Armadas contra la subversión en 10 provincias argentinas durante la dictadura, incluida San Juan. “Menéndez tuvo un problema con la Junta, fue el primero que se levantó contra ella en 1967 cuando él forma un Consejo de Guerra contra un subversivo, uno del ERP que había matado a un abogado y a un suboficial en Córdoba, lo juzgan, lo encuentran culpable por homicidio agravado y lo condenan a muerte. Menéndez avala la condena de muerte y lo manda a la Junta de Comandantes para que ésta firme esto. Lo llaman desde Buenos Aires y le dicen ‘no Menéndez, esto no se puede hacer’. Le rompen la resolución donde establecía la condena a muerte, que era lo que consideraba que había que aplicar conforme a la ley, y ahí es cuando entra en discusión con la Junta y lo retiran. Porque Menéndez quería aplicar el Código”.

Para el abogado de los militares, aplicar leyes era más complicado que aplicar la represión. “Lo que pasa es que cuando la Cámara Criminal en el 71 condena a montoneros, lo primero que pasa es que lo matan a Quiroga que estaba en la Cámara, entonces los jueces se asustaron, de hecho esta cámara se tuvo que exiliar”.

San Emeterio se recibió en la Universidad de Belgrano a fines de los ’70 pero defiende militares desde 2003. Antes, dice, hacía derecho Civil, de Familia, algo de Penal, todo menos Laboral. Lo de los militares vino cuando se iniciaron los juicios orales en cascada en todo el país. ¿Por qué los defiende?  “Yo soy hijo de militar, nieto de militar, bisnieto de militar y yo soy militar, vengo de familia militar desde el año 1930. Yo hice 5 años de Liceo Militar, 2 años de Colegio Militar,  estuve en el Ejército”, argumenta su elección. Y acota: “conozco un poco más que lo que saben los jueces y fiscales respecto de la acción militar, cómo trabajaban los militares, los organismos de inteligencia”.

Al tiempo, hace una acotación reveladora “personalmente en mi caso, tengo víctimas de los dos lados. Tengo una prima desaparecida en Córdoba, y tengo un tío secuestrado y asesinado por el ERP. Para mí esto es una cosa que dividió a toda la sociedad, y a mi familia también”.
“Yo con mis dos hijas no hablo del tema, con mi mujer sí. Nosotros del ’73 al ’76 vivimos bastante amenazados. En 1974 me pusieron una bomba, yo vivía a la vuelta de Cafrune, era soltero, era militar y pusieron una bomba debajo de mi auto, voló mi auto y me quedé sin coche, se ve que se equivocaron en mi horario de salida y por eso sobreviví. Supongo que puede haber sido Montoneros, ERP, Ejército de Liberación o cualquiera de las más de 20 organizaciones subversivas que había”, recuerda.

El militar se toma muy a pecho su profesión. “Yo ya tengo 61 años, tuve dos veces cáncer, un infarto, doble hemorragia gastrointestinal, de todo, ahora ¿qué más me puede pasar? En los últimos tiempos, todo provocado por la profesión esta de miércoles que elegí, tuve problemas de salud por esto”, dice medio en broma, medio en serio.
“Soy de clase media buena, no tenemos problemas económicos, es más, yo no tengo necesidad de trabajar, mi mujer es escribana y le va muy bien y hemos heredado bastante, me jubilo y a otra cosa”, asegura.

“Espero con estos juicios terminar mi carrera. No sé cuánto dure el de San Juan. Yo tengo 61 años, a los 65 ya me puedo jubilar. Tengo un barco así que me la pasaría navegando”, dice, confesando que cerrará su carrera pronto. Y reflexiona: “Y me voy a jubilar como abogado en la provincia de Buenos Aires, yo la verdad que juez no podría ser nunca, porque el pliego mío ¿quién me lo aprueba acá?”

Otra cara de la misma moneda

Igual que San Emeterio, Daniel Pirrello se sentó acompañando a los militares en las primeras jornadas del megajuicio por causas de lesa humanidad en la provincia. Pero a diferencia de San Emeterio, que lo hace por elección, a Pirrello “le tocó” representar a Jorge Olivera, señalado como el “jefe de la represión en San Juan”, porque es defensor oficial. Al contrario de
San Emeterio quien reivindica a sus defendidos, Pirrello le confesó a Tiempo de San Juan un sentir espeluznante: “Cuando me tocó defender a Olivera, sentí frustración”, dijo.  Hace varios meses que Pirrello, quien reside en Mendoza, no va a las jornadas del proceso local. Dicen que presentó licencia por razones de salud.

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