La noche de los gays en San Juan

Esto es Rapsodia

¿Cómo es ese lugar enclavado en el lateral de la Circunvalación norte, lleno de luces y color, visto por algunos como un sitio tabú y por otros como uno de los mejores reductos nocturnos de la provincia? Tiempo de San Juan pasó una velada en el único boliche gay local, un coctel intrigante de personajes y situaciones sin tapujos.
sábado, 28 de enero de 2012 · 13:24

Por Miriam Walter
mwalter@tiempodesanjuan.com

Un recorrido por Rapsodia pone al visitante en una situación feliz. Allí nadie juzga al señor que vino con peluca, ni a quien exhibe un top con la mitad de los pezones afuera. Mucho menos al gigante con tacos que anima desde el escenario con chistes sobre sexo, travestismo y la Difunta Correa. Al contrario, el clima relajado invita a conocer qué más depara ese patio de verano, con mesas repletas de vinos espumantes y gente con purpurina en la cara y postizos cuidadosamente peinados.

Para el primerizo, el lugar es un festín de curiosidades. Para el habitué, el segundo hogar. “El mito para mí está en tu cabeza, es como que vienen subestimando el lugar de que acá andamos todos desnudos dándonos todos contra todos, es el morbo de querer que exista un lugar que sea así. Pero Rapsodia no es así, es un boliche como cualquier otro, donde ves situaciones especiales como shows, tipos vestidos de mujer, dos chicas amándose”, describe Daniel Olivares, quien está en pareja hace 19 años con el dueño del lugar, Jorge Montané.
A Daniel lo asisten 16 años de historia que tiene este club nocturno, enclavado en el Lateral norte de Circunvalación, en los fondos del barrio San Martín. A diferencia de otros lugares, se dan el lujo de abrir viernes, sábado y domingo. Y siempre está lleno.

Domingo, 00:40 horas. La cola para entrar es de media cuadra. Es noche de café concert y las sillas van copándose rápidamente. Al aire libre, en las mesas se descubren parejas de chicos con chicos, grupos de varias señoritas,  señoras grandes, y travestis. 

Casi en primera fila están ubicados Matías Brunelli (22) y Luis Barros (18). Matías se parece a uno de los Jonas Brothers y aparentemente se delinea los ojos de noche, pero de día cuida las formas en el taller de autos donde trabaja. Cuenta que frecuenta Rapsodia hace 5 años y que ahí conoció hace un mes a Luis, quien lo mira calladito mientras asiente con la cabeza. “Vengo porque me gusta la música. Acá todos somos amigos”, dice y apunta que en el lugar hay dos o tres ex parejas suyas presentes, pero que “está todo bien”. Luis sigue asintiendo y admite que él también cuenta varios ex en el lugar.

“Creo que todos los boliches vas a buscar algo o encontrarte con alguien. Rapsodia creo que es el único lugar donde hay algo más, hay show, donde podés bailar, podés sentarte a mirar, conocer a alguien, es un cóctel de situaciones”, dice Daniel.

Al poco rato, a la mesa de Matías y de Luis se suma Matías Rodríguez (19). “Vengo acá porque es una forma de expresar mi arte”, asegura.  El recién llegado también es gay. Y transformista. “Yo empecé a travestirme en abril pero no soy  travesti porque no lo hago todo el tiempo, sino para salir a bailar más que nada”, cuenta. El pibe tiene rulitos negros y viste una remera sencilla y un jean. Eligió esta noche salir “de hombre”.  Cuando se “monta”, lo que en su jerga se traduce como transformar su aspecto a través de la vestimenta, maquillaje y accesorios, exagera los rasgos de mujer y usa unas enormes plataformas, mutando en lo que se conoce como un drag queen.

Matías se convierte entonces en Melanie Smith quien, según él, luce como “una chica fina de 25 años”. “De mujer” fue la otra vez, para su cumpleaños: se puso un jean corto, unos tacones y una remerita minúscula. Alguien le enseñó cómo vestirse, cómo peinarse, cómo diseñar su propia ropa, qué zapatos comprarse y cómo simular tetas con un corpiño relleno.  “Mi madre-ambiente se llama Kendra”, afirma.

Más tarde se descubre en la pista a Kendra. Es la única en el sitio que usa el pelo rosado, trabajadamente tomado, haciendo honor a su oficio de coiffeur-estilista. Kendra también se llama Matías (25). Mide 1,83 pero con el calzado que se puso supera fácil los 2 metros. Es una de las “madre- ambiente”, que se cuentan con los dedos de una mano en Rapsodia, personas respetadas en el lugar , a quienes los que recién empiezan a travestirse le confiesan sus expectativas, sus temores e inseguridades y reciben consejos a cambio. “Estoy  para guiarlos por buen camino”, argumenta su rol.

El show llega a todo trapo. Hay un escenario que no tiene nada que envidiarle a ningún teatro marplatense, dominado por un gran cortinado y una parrilla de luces multicolores. Sale a tablas Dani Love y el público revienta en aplausos.

“Vamos, vamos, rapsodianos a full” arenga a la tribuna mientras invita a levantar la mano a los que vinieron por primera vez al boliche. “Somos todos chongos para jugar a ser mujeres”, alude rápidamente, mientras salta enfundado/a en un vestido corto animal print y unas sandalias verdosas que soportan sacrificadamente cien kilos en unos microtaquitos endebles. Solo verla-verlo, da risa. Mucho más cuando habla.

Raudamente escupe dos o tres ideas sobre los “mariquitas”, sobre la religión y llega inusitadamente a opinar que debería haber un “santito del bulto”, y luego le dedica dos párrafos a la relación de las lesbianas con la Difunta Correa. La acompaña una show girl que le replica las ocurrencias, para delicia de la audiencia que devuelve encendidos aplausos. En un par de sketchs se apodera de ella Lucía Galán y corona uno de ellos presentando su “amor” cancionero: un hombrecito vestido como Drácula a quien alza y lleva al compás de una suerte de cabriole de ballet contra la pared del escenario.

El espectáculo continúa con apariciones esporádicas de la dupla humorística y cuadros de baile que simulan un pequeño Broadway en Concepción. Así, desfila una performance con música de Jennifer López de la mano de unos chicos con short  y corset oscuros que dejan el pecho al aire, una cantante aparece vistiendo brillos y otra, enfundada en un traje de noche con encajes y vuelos seguida por una pareja de chicos que baila Piazzola.

De repente se corta la luz en toda la Circunvalación. Pero nadie se amarga y sigue la fiesta con la iluminación de emergencia. A los minutos aparece entre el público el muchacho draculiano que acababa de entronar Dani Love en escena. El pibe comienza a agitarse al ritmo de la música electrónica. Aparenta ser un niño de primaria, pero asegura que tiene 18 años, que su personaje se llama Drag Doryon, que es “un drag queen men”, que él diseñó su atuendo y que la idea es representar un ser andrógino. “Yo no tenía pensado subir al escenario, pero vino Dani Love y me lo propuso antes de que empezara el show y me gustó la idea”, cuenta el muchacho.

A esa altura vuelve la luz y en los corazones y en los cuerpos poseídos por la música explota la noche rapsodiana.

La segunda casa de los gays

Daniel Olivares relata la historia del boliche que maneja hace más de tres lustros. “Rapsodia nació hace 16 años, primero se llamó Hendrix. Al principio el concepto era que sea exclusivamente un club gay pero después se fue dando una integración a nivel social. En 16 años vi abrir como 20 boliches gay en San Juan que aparecieron y desaparecieron, pero acá se acostumbran a un lugar donde se sienten protegidos, es un lugar especial, la conexión que tienen es como tu casa, iban a curiosear a otros lugares pero volvían desencantados y se quedaban acá. A Rapsodia la adoptan como la segunda casa porque te podés expresar como sos. Y si hay algún heterosexual que mira es problema del heterosexual”.

Daniel analiza que a Rapsodia concurre gente de toda orientación sexual: “La convivencia entre el heterosexual y el homosexual en sus diferentes expresiones, gays, travestis y lesbianas, es genial, es muy buena”.

¿Por qué un “hetero” elige Rapsodia? “Creo que hay un montón de ingredientes. Por ejemplo, ver a un travesti de cerca o creen encontrarse con algo que da vueltas por su cabeza y piensan que puede ser algo interesante o que los puede entretener y es un lugar como cualquier otro donde se ven dos chicas juntas, dos chicos juntos o una travesti con otra persona, Creo que eso es lo que te atrae. Pero te terminan divirtiendo la música, el show y la buena onda”, rescata Daniel.

En Rapsodia hay baños para hombre y mujer. Daniel explicita que “el de mujer está dividido para travestis y mujeres porque el travesti mea parado”. En el boliche antes había un reservado, ese lugar oscuro que suelen tener los locales bailables y que sirven para que los asistentes busquen intimidad en algún momento de la noche, pero ya no está.

Según Olivares, Rapsodia es la disco que menos propaganda hizo y es la más conocida: “El lugar empezó a ser conocido como el ‘boliche de los putos’, como una forma de denigrarlo al lugar, y eso se dejó de lado. Esa es la evolución mayor, que vengan chicos con sus padres y que los padres quieran quedarse y eso hace que tenga un ambiente familiar también”.

Y agrega: “Que San Juan tenga un lugar para la expresión gay, así venga uno o 10 homosexuales, lo vamos a seguir manteniendo, no pasa por una cuestión comercial, hay boliches que en un año han hecho lo que nosotros en 15”. Por el lugar pasan entre 250 y 300 personas por noche, que se divierten en 3 barras, patio de verano y pista central, 4 baños, un escenario y dos cabinas de DJ.

Sobre la relación con la comunidad, Olivares dijo que “con los vecinos, después de tantos años acá, el tiempo dice que no hay problema”. Y agrega sobre su trato con las autoridades: “Somos controlados de la misma manera que todos, Rapsodia no por ser gay no va a tener menos luces de emergencia. Sólo un estúpido podría perseguirnos”.

¡Good show!

Daniel Olivares es Dani Love, un personaje que recuerda a Moria Casán. “Para el show hay un staff de artistas permanente con la idea de que se renueve todos los años y siempre hay chicos que quieren darse el gusto de estar arriba del escenario. Hay un programa que lo armo yo y los invitados preparan individualmente su show y, si está bueno, se hace”, describe.

“Acá hay show viernes, sábado y domingo. El café concert no es un show fijo sino que se va renovando”, dice, ya fuera de la minifalda y con una atractiva pinta varonil. Arriba del escenario desfilan producidos personajes, la mayoría de ellos, con nombres de fantasía que remiten a estrellas de Hollywood, cantantes famosos o combinaciones de alto impacto como Brenda Aguilera o Thurman Show.

“Lo mío está entre lo cómico y lo bizarro”, se define arriba del escenario Olivares, quien protagoniza la oferta artística rapsodiana de viernes a domingo. “Yo armo lo que son los cuadros y luego improviso. Yo no tengo formación actoral, solamente me divierto”, describe.
Lo que hacen es muy novedoso. Junto a Dani Love actúan pibes que estudiaron baile toda su vida, transformistas, drag queens y artistas muy respetados de la casa, que el público espera porque siempre hay un espectáculo muy cuidado en estética, en los play backs y con un vestuario digno de un teatro de revista de primer nivel. 

“San Juan es muy limitado para conseguir elementos de producción, tenés que ir a comprar a Buenos Aires o a Mar del Plata en temporada, cuando están todos los artistas”, cuenta. Y agrega que “nosotros cosemos, nosotros nos hacemos las pelucas, compramos pelo, elaboramos la bijou, trabajamos las pelucas y, con un orfebre, cuando hay necesidad de un vestuario especial”.

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