lo que hacemos, lo que somos

Me parece que nos fuimos al carajo

Los medios de San Juan reflejamos estos últimos días la desgracia en la que cayó la Virreina de Capital, acusada de haber robado dinero y objetos de una tienda donde hacía un reemplazo. Actuamos a tono con la política, que rápidamente bajó a tierra a quien hace poco tiempo había entronizado, llevándola a rango de cuasi-deidad (eso eran los reyes, ¿no?...cosas de Dios) nombrándola Virreina. Por Guido Berrini.
sábado, 31 de diciembre de 2011 · 11:24

Por Guido Berrini
gberrini@tiempodesanjuan.com

La columna obedece exactamente a lo que el título refleja de manera taxativa: “Me parece…”. Sólo lo pienso, me da vueltas, no puedo resolverlo...y  “me parece”. Exímaseme de andar poniendo a cada rato "para mí", "yo creo", "claro que sólo es mi idea", "es lo que yo pienso", y demás cortesías por el estilo para con el "otro, lector" . 

Una piba se mandó una macana. No mató a nadie, no le sacó la comida de la boca a ningún chico, no dejó que se venzan remedios mientras personas morían por falta de medicación, no entregó el patrimonio nacional… pero se mandó un cagadón. Según la policía, dejó “el vaso lleno de huellas”. Es decir, se arrebató. No pensó bien, e hizo lo que no debía hacer.

22 años tiene. Es preciosa. La política se encargó de hacérselo saber a todo el mundo colocándole la banda, regalándole flores y nombrándola Virreina de este reino de mortales que se equivocan menos, tanto, o más que ella.

Ella nos representa, porque es “de nosotros”. O sea, nos representa aquello a lo que nos parecemos. Sólo que es más linda. La designación de semi-soberana se basó, casi exclusivamente, en su belleza. No me digan que se valoraron las cuestiones morales, intelectuales…por favor…no. Se la necesitaba para la foto. Y ni el espíritu, ni el alma, ni siquiera el pasado que nos condiciona sale en plano, por más súper zoom que tengas en la cámara.

No sabía que la virreina debería ser un ejemplo moral. No me parece que se trate de eso ninguna de estas tristes elecciones en la que sos mejor según natura te metió o no dentro de ciertos estándares de belleza. ¿Para qué deben tener más que cierta altura si lo que se busca es el ejemplo moral? ¿La moral mide 1,70? Si un accidente le desfiguraba la cara y su esplendor, si perdía una de sus bellísimas piernas, algunos de sus dulces ojos y así se mancillara aquello que se consideró para premiarla, ¿también se cuestionaría su Virreinato?

Pero estuvieron y estuvimos veloces. Una celeridad digna de mejores causas operó y la política y los medios le caímos.

Y acá venimos nosotros; que “me parece que nos fuimos al carajo”. La tapeamos demasiado pronto, si es que es una cuestión de tiempo (no de Tiempo de San Juan, sino de cronología). Insisto, no estoy seguro, pero se me ocurre pensarlo desde acá. Un mundo lleno de personas seguras de sí o de lo que piensan es un mundo tremendamente aburrido en el que debería ondear el estandarte del fascismo.

Me consta que no es nuestro caso, pero se nota que en algunas bocas asomaron las puntitas de los colmillos. A lo mejor en las nuestras también, aunque no hayamos querido. Pero en este caso, no importa lo que querés; importa lo que resulta de lo que hacés. “Me parece que nos fuimos al carajo”, pero esta cosa de tener que informar lo que los otros informan, de llenar la página con los mismos o con más materiales que los demás medios también nos lleva a equivocarnos. Como el dirigente que resuelve mal partidas presupuestarias (de buena fe), como el funcionario que pide 30.000 a cambio de una firma (de mala fe), como Gabriela Sánchez, que haciendo un reemplazo en un trabajo se quedó con lo que no debía (sin fe).

No voy a decir que está bien lo que dicen que ella hizo. Y no voy a decir que no está mal. No hablo de ella ahora. No debimos haberla puesto tan bajo por lo que hizo, pero no debieron haberla puesto tan arriba antes, incorporándola al seleccionado monárquico. Ni a a ella ni a nadie. La monarquía es una institución que debe morir. Y no me digan por favor que es una “reina o virreina de mentira, que es un juego”, porque me veré en la penosa obligación de ponerme pesado explicando (por boca de otros que lo han pensado mejor) el valor de lo simbólico.

Perdoname, piba. Que se yo, perdoname. Y a vos, por lo que hiciste, que no está bien, que te perdone el que corresponda. Y te tendrás que hacer cargo. Yo también alguna vez traicioné a alguien y no me sacaron en la tapa de ningún diario.

En San Juan se reaccionó fuerte ante temas en debate como el matrimonio igualitario y ahora, ante la posibilidad de la despenalización del aborto. ¿La base filosófica de la indignación? Dios mismo, su palabra, que ordenó la familia con un pene y una vagina; y que dar o quitar vida es un temita exclusivo de ÉL.  Bueno, el mismo Dios mandó a decir a través de su buen hijo que “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra” y ninguno de nosotros, sanjuaninos, (los más y los menos), conspicuos y practicantes pecadores, dejó la piedra en el suelo.


NdR: No me guía en la reflexión los comentarios que, en la página o en redes sociales, hacen algunos lectores que sólo se acuerdan del contenido del medio por un error de tipeo, un error ortográfico, o un caso como este. Jamás provocan o interpelan desde lo filosófico, desde lo ideológico. Esta progresía que desde una torrecita de adobe, que amasaron con su mismo barro, señalan con el dedito imaginario y aclaran que ellos son distintos a estos “mercenarios que se callan esto, y lo otro, y lo otro, porque son miserables que ocultan, mienten, y claro, a esta piba la matan, porque es fácil; y por qué no denuncian a los políticos…y etc…y etc…y etc…”. Estos tipos, en general, no hacen nada por nadie que no los rodee en sus tres o cuatro metros cuadrados más próximos, pero exigen de los demás la grandeza que conduce a la inmolación. Te piden que te prendas fuego desde el borde de la pileta, con un daikiri de durazno en la mano y algún balneario top como la idea del paraíso.

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