Informe Especial

Memorias del infierno: A 10 años del corralito

El 3 de diciembre de 2001 entró en vigencia el régimen para retener los depósitos bancarios. Fue el principio del derrumbe. El entonces ministro de Economía de la provincia, la presidenta de la Unión Industrial, el presidente de la Cámara de la Construcción y uno de los accionistas y directores del Banco San Juan se remontaron 10 años atrás y recordaron cómo le fue y qué aprendieron.
sábado, 03 de diciembre de 2011 · 10:22

Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan

Como esas lesiones crónicas que uno lleva sin darse cuenta, hasta que el movimiento preciso la delata porque todavía duele. Así  recordaron el 3 de diciembre de 2001 el ex ministro de Economía de la provincia, Ricardo Ortiz; la ex presidenta de la Unión Industrial de San Juan, Adriana Marino de González; el aún presidente de la Cámara de la Construcción, Vicente Mulet; y el aún accionista y director del Banco San Juan Julio Nacusi.
Ese lunes entró en vigencia el anuncio que hizo el sábado por la noche el tercer ministro de Economía de Fernando De la Rúa, Domingo Felipe Cavallo: por decreto, los ahorristas ya no eran dueños de sacar sus depósitos libremente. El ingenio argentino lo bautizó “corralito”. Fue el principio del fin.
La economía nacional venía en caída libre y en tan sólo un año los desmanejos políticos desvanecieron el “blindaje” de 40.000 millones de dólares que le había concedido el Fondo Monetario Internacional, a cambio de un durísimo ajuste del gasto público, en diciembre del año 2000. Desde marzo de 2001 en adelante se agravó la fuga de depósitos bancarios. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) quedó al borde de la insolvencia. Entonces llegó la medida drástica, que se puso en vigencia un 3 de diciembre, como hoy, 10 años atrás.
El decreto 1570/2001 dispuso, entre otras cosas, que nadie sin importar el volumen de su cuenta podía retirar más de 250 pesos/dólares (todavía había paridad cambiaria) en la semana.
En Capital Federal y alrededores, la medida dio origen a otro invento argentino: el cacerolazo. Las manifestaciones en las puertas de los bancos, con el correr de los días, se tornaron cada vez más violentas. Los grandes sectores vidriados en las fachadas se cubrieron con chapas para protegerlos de los embates de los ahorristas furiosos.
En San Juan los reclamos por el corralito no llegaron a tanto. Hubo estallido tiempo después, pero originado en la cesación de pagos del Estado Provincial, preludio del juicio político y destitución del gobernador Alfredo Avelín, en septiembre de 2002.
Según Ortiz, a los ahorristas les dio cierto pudor de reclamar tan enérgicamente en San Juan, donde los estatales directamente no estaban cobrando sus salarios. En verdad las calles fueron tomadas por los reclamos sindicales más que por los cacerolazos contra los bancos.
“La gente les gritaba a los cajeros, los insultaba. Tuvimos que soportar una serie de agravios y mucha gente enojada”, dijo Nacusi, aunque coincidió con el ex ministro aliancista acerca de que nunca tuvieron que tapiar las sucursales para evitar la irrupción de los manifestantes, a diferencia de lo que ocurrió en ciudades más grandes.
El sector privado no la pasó bien. Con la caída del sistema financiero muchas empresas endeudadas entraron en mora bancaria, convocatoria de acreedores y hasta la quiebra, achicaron su planta de personal porque se deprimió el consumo y la actividad económica en términos generales. Muchos sanjuaninos perdieron su empleo, sin posibilidades de reinserción laboral, según señalaron Mulet y Marino.
“Hubo muchas empresas que quebraron porque no tenían forma de poder pagar o de poder justificar retiros de dinero.  Entonces se cortó la cadena de pagos y hubo empresas que desaparecieron. También hubo una profunda recesión en todo el país. Se eliminó el consumo. Se eliminaron vacaciones. La gente estrictamente comía. Por lo tanto servicios o cuestiones que atañen al divertimento, a esa gente le fue muy mal”, agregó Nacusi.

De todo menos pesos

“Hubo ahorristas en San Juan, mucha gente que entró en estado depresivo porque no sabía lo que iba a poder hacer con esos certificados que les daban (como comprobante de los depósitos que no podían retirar)”, recordó Ortiz, quien sucedió al bloquista Enrique Conti en el Ministerio de Economía en agosto de 2001.
Hubo recursos de amparo e intimaciones que llevaban los oficiales de justicia a los bancos para que liberasen los fondos acorralados. “Pero la mayor parte de los ahorristas no salió a manifestarse, porque se estaba manifestando la gente que directamente no cobraba. Los ahorristas no salieron como sí salieron en Capital Federal porque era mucho más crítica la situación de los empleados públicos que no podían cobrar”, explicó el ex ministro de Economía de la Alianza.
Apenas un par de meses antes, en octubre de 2001, empezaron a circular las “Letras de Cancelación de Obligaciones Provinciales”, más conocidas como “Lecop”, una cuasimoneda que disfrazó la devaluación y la emisión prohibidas por la Ley de Convertibilidad. El Banco San Juan tuvo que adaptar hasta sus cajeros automáticos para operar con los nuevos papeles.
Sin embargo, en la institución bancaria no sospechaban un anuncio como el que hizo Cavallo el sábado 1 de diciembre de 2001 por la noche, según Nacusi. “Toda la economía del país no venía bien, pero no esperábamos una medida semejante como la del corralito”, aseguró. Dijo que ni siquiera tuvo la oportunidad de advertirle a su familia sobre las restricciones para el retiro de depósitos y que en alguna oportunidad sufrió la recriminación de amigos: “¡¿Cómo no me lo dijiste?!”.
“Hubo gente que compró dólares hasta por 8 pesos. La mayoría compró dólares superiores a 5 pesos o a 6 pesos, valor que en la actualidad todavía no llega. Es maravilloso ver el ingenio de la gente. Vendían o compraban propiedades para poderse hacer de dólares, porque era la única forma permitida”, apuntó Nacusi.
“A mí me toca estar de los dos lados del mostrador. Como empresario se sufría muchísimo porque había que presentar papeles permanentemente a las entidades bancarias demostrando por qué necesitábamos el dinero. Dinero que las empresas tenían en sus cuentas bancarias. Fue muy desgastante para las empresas y para los bancos. Se debía al hecho de que no había dinero disponible en el Banco Central”, reconoció.

El engaño de la intangibilidad

“Se sabía que la bomba iba a explotar en algún momento”, recordó Marino, referente industrial de la época. “Pero nunca imaginamos que iba a ser con esta medida antipática porque 10 días antes se había anunciado la intangibilidad de los fondos. Fue lo más tremendo que tuvo: el impacto de la contramedida”, apuntó.
La intangibilidad de los depósitos se declaró por ley 25.466 del Congreso de la Nación en agosto de 2001. En su artículo 2, la norma establecía: “El Estado nacional en ningún caso, podrá alterar las condiciones pactadas entre el/los depositantes y la entidad financiera, esto significa la prohibición de canjearlos por títulos de la deuda pública nacional, u otro activo del Estado nacional, ni prorrogar el pago de los mismos, ni alterar las tasas pactadas, ni la moneda de origen, ni reestructurar los vencimientos”. Ocurrió exactamente lo contrario cuatro meses después.
“Un sinnúmero de empresas marcharon rumbo al concurso preventivo y grandes y medianas empresas fueron a medidas más drásticas, como cierres totales, como empresas multinacionales que se iban del país”, recordó la ex presidenta de la Unión Industrial de San Juan. “Tuvimos casos emblemáticos como dentro de la industria automotriz esta empresa de mazos de cables (TCA), después Eskabe”, agregó.
“Si todavía están algunos empleados de esos cinco bancos que nos practicaban la usura, recordarán que Adriana Marino golpeaba todos los días las puertas de los gerentes para suplicar que nos ampliaran el descubierto con acuerdo para pagar sueldos a los trabajadores y nos dejaran sacar. Recuerdo que pagábamos salarios por día, con monedas, con lo que podíamos juntar”, confesó la dirigente basualdista.
“Esas instancias fueron muy duras. Las súplicas a los gerentes que a lo mejor humanamente tenían muchas ganas de colaborar pero institucionalmente no lo podían hacer. Y volver a la empresa con los bolsillos vacíos para decirle a la gente que no había”, insistió. En su industria, la metalúrgica Lucolmet, tuvieron que recortar la jornada laboral a la mitad, porque no había demanda de producción ni fondos para mantener a todo el personal. Por la mañana, los trabajadores cumplían sus obligaciones en relación de dependencia. Por la tarde, lo hacían por su cuenta, con las herramientas que les prestaba el patrón (ver aparte). Sólo así lograron conservar su empleo y esquivar la cesantía.

Por lo más delgado

Aunque Lucolmet consiguió evitar los despidos –pero sí entró en convocatoria de acreedores- hubo reducción de personal en el sector privado en general. Así lo admitió Mulet, referente del próspero rubro de la construcción, cuyo declive comenzó a fines de 1998.
“Siempre el ajuste lo sufrió el trabajador.  Hay un grupo empresarial que siempre pensó que este tema de las ayudas sociales ha sido una herramienta muy importante para la contención social: hubo mucha expulsión del sistema, gente que quedó sin trabajo y fue a la pobreza sin alternativas. Las empresas no pudimos acompañar, no tuvimos la posibilidad de hacerlo”, reconoció.
“La caída del nivel de actividad que fue muy grande. Terminamos sobreviviendo la etapa, pero hubo mucha gente excluida”, insistió.
“El sector de la construcción empezó a sufrir recortes en los planes de inversión. Nosotros terminamos el año ’98 en crisis. Los bancos fueron los primeros que empezaron a prepararse. Hasta esa época había créditos hipotecarios bancarios a 20 años. En la segunda mitad del ’98 bajaron los créditos a las pymes. Esto provocó que toda la economía del sector fuera a cubrir la demanda de los bancos. Empezó a resentirse el consumo, los salarios. En el ’99 se fue agudizando. Fue gradual”, recordó Mulet.
“El 2001 fue una sumatoria de una serie de hechos que fueron ocurriendo en la vida económica y la tozudez de la política de la época de no iniciar un proceso de flotación como hizo Brasil. Esta ortodoxia económica que mostraron los economistas de la época, con Cavallo a la cabeza, provocó que se quedaran prácticamente sin herramientas”, opinó.

El aprendizaje

En términos generales, la crisis que explotó con el corralito de diciembre de 2001 dejó la lección de ser prudentes a la hora de endeudarse, tanto a los tomadores de créditos, las empresas; como a las entidades bancarias que otorgan el financiamiento. Visto en perspectiva, los líderes consultados coincidieron en que el liderazgo político de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner marca la diferencia con respecto a los hechos de hace 10 años.
“Nosotros ya no trabajamos con cinco bancos. Hemos acotado nuestro trabajo financiero a sólo dos. No hemos entrado más en la usura financiera. Hemos logrado con mucho esfuerzo no tener que vender cheques. Fue también muy duro. Nosotros más allá del concurso tuvimos la gran suerte de que nuestros proveedores que son grandes acerías de la Nación, como vieron voluntad de pago, nos siguieron apoyando y eso también fue bueno”, concluyó Marino.
En tanto, Mulet  consideró que esta crisis les dejó muchas enseñanzas, pero fundamentalmente una: “Vivir con lo que tenemos y programar nuestras obligaciones contra terceros con muy corto plazo. El nivel de endeudamiento del sector pyme de la construcción es de cierto equilibrio. No hay peligro de quebranto”.
Desde el Directorio del Banco San Juan, Nacusi coincidió en el tema de los niveles de endeudamiento. Las entidades bancarias extremaron los controles a la hora de otorgar créditos a las empresas. Los préstamos se miden contra los balances que presentan los solicitantes.
“Aprendimos cuáles son las cosas que no hay que hacer. Lo peor que se puede hacer en la Argentina es generar la desconfianza. Tal vez en su momento el corralito fue una medida que se tenía que aplicar. No lo sé. Pero fue muy mal comunicada. Entonces la gente ante un shock de desconfianza actuó como actuó. Y es comprensible”, apuntó el accionista.
Ortiz agregó una mirada más política, a modo de moraleja. “Si este gobierno de la doctora Fernández de Kirchner hubiera perdido las elecciones  en octubre hoy estaríamos igual que en 2001. Lo que pasa es que las decisiones políticas han subordinado a las decisiones económicas. La crisis económica en Argentina deviene de la crisis política. Le pasó a Alfonsín, le pasó a De la Rúa. Pero en este gobierno que tiene respaldo político, la crisis tiene visos de una solución rápida, más allá de quién sea el ministro de Economía”.

 

 

Julio Nacusi
Accionista Banco San Juan

“Sufrí agravios de mucha gente enojada”

-¿Cómo fueron aquellos días?
-“Cuando uno va a un banco, el cajero es la cara del banco. Tuvimos muchos problemas con los cajeros: la gente les gritaba, los insultaba. Pero no tuvimos problemas de tener que cerrar todo el frente del banco o tener que sellarlo para evitar daños. Lo que sí sufrimos fue tener que soportar una serie de agravios o planteos y mucha gente enojada. Uno le explicaba que no era decisión del banco sino medidas nacionales que se habían tomado. Que nos podían gustar o no, pero las teníamos que respetar.
-¿Usted tuvo problemas con gente que lo increpó?
-No tuve problemas de daño físico. Tuve problemas de voces levantadas, pero no en mi casa. No en mis empresas. Sí en el banco, dentro del banco y en la puerta del banco. Cosa que con honestidad no me molestó. Me dolió en su momento pero no me molestó porque yo entendí a la gente. La gente estaba desesperada. Le pesificaron. Fue muy doloroso para la gente ver cómo le robaron sus ahorros. A mi madre, a mis hermanos les pasó. No se pudo hacer nada. Hubo gente que me dijo: ¡¿Por qué no me avisaste?! No lo sabíamos. Fue una medida intempestiva. Se le hizo mucho daño al pequeño ahorrista. Tuve familiares en mi casa, amigos en mi casa, que me preguntaban cómo podían hacer. Y no se podía hacer nada. Había que esperar.


Adriana Marino
Ex presidenta de la Unión Industrial

“Hicimos un pacto con nuestros empleados”

-¿Cómo hicieron con el pago de salarios?
-Fue durísimo. Yo recuerdo que medianas empresas dejaban a su personal directamente sin trabajo. Quedaban fuera del sistema. En la empresa nuestra (Lucolmet) trabajábamos medio día y el otro medio día les dimos la fábrica a los empleados para que sobrevivieran trabajando en forma particular. En aquel momento hacían enrejados, rejas en general. Para nosotros el personal ha sido, es y supongo que será parte de nosotros mismos. Y en ese momento fueron más solidarios que nunca. Gracias a Dios no despedimos a nadie. Fue un pacto. Fue maravillosa la ayuda que tuvimos de nuestros trabajadores. Ellos pudieron sobrevivir y nosotros también. Tuvimos que presentarnos en un concurso que  gracias a Dios se les pagó a todos los proveedores, incluido el gobierno con la AFIP. Pero no corrieron la misma suerte otras empresas.
-¿Recortaron salarios, entonces?
-Fue medio día lo que humanamente se les podía pagar. Y ellos usaban todos los servicios de la empresa: electricidad, electrodos, materia prima. Fue un pacto. La misma gente sigue con nosotros hoy. Nosotros teníamos cinco bancos en contra. Se llevaron un camión cero kilómetro.


Ricardo Ortiz
Ex ministro de Economía

“De la Rúa y Avelín tomaban té de boldo”

-¿Recuerda alguna anécdota del corralito?
-Estábamos con los ministros de economía de Catamarca, que era de la Alianza, de Mendoza, que era Baquier, con la gente de Río Negro, que estaba gobernada por el radicalismo, estaba Miguel Pesce – el actual vicepresidente del BCRA- que era el secretario de Hacienda de Aníbal Ibarra en la Ciudad de Buenos Aires, y el Chaco, que era gobernada por Angel Rozas, y decíamos: ¡¿Cómo vamos a hacer esto?! ¡Nos van a incendiar! ¡No puede ser!
Hasta que en un momento se tomó la decisión. Yo me paré con el ministro de Economía de Catamarca y le dije: Esto significa el fin del gobierno. Porque no va a ser en  mi provincia -que estaba totalmente desfinanciada- pero esta decisión tengan la certeza que termina con el gobierno. Fue así.
-¿Cómo fue la trastienda?
-Dos semanas antes de que se pusiera en marcha el coralito, estábamos en la Jefatura de Gabinete los gobernadores de la Alianza y el ministro de Economía. Apareció De la Rúa, se llevó al doctor Avelín al despacho de él conjuntamente con otro gobernador, creo que era el de Corrientes. ¿Sabés lo que tomaron? Té de boldo. Mientras tanto, con la botella de wisky y el vaso en la mano estaba Chrystian Colombo, juntamente con Cavallo estaba Ramón Mestre y ahí sacándonos los pelos…  Yo no me sacaba los pelos porque la provincia ya había caído hace rato. Yo tenía custodia policial porque era terrible vivir.

 


Vicente Mulet
Cámara de la Construcción e Inmobiliaria

“El ajuste lo sufrió el trabajador”

-¿Cómo les fue a las constructoras?
Lo mejor que nos pudo pasar fue empezar a sentir la crisis como primer sector de la economía activa. En 1998 nuestra empresa había tocado un techo de más de 600 personas trabajando. Un nivel de actividad altísimo para San Juan. Hemos pasado ese techo solamente en este año 2011. En dos años habíamos vendido más de 2 millones de dólares en créditos hipotecarios. El entrar primero a la crisis nos significó poder ir frenando mucho más paulatinamente.  Creo que tuvimos más tiempo para sentir el primer efecto de la crisis y poder ir acomodando nuestras cuentas. Yo no recuerdo quiebras en las pymes constructoras provinciales. Sí, por supuesto, muchísima turbulencia, muchísimos inconvenientes. El sector financiero se nos corrió y fue el primero que quiso cobrar
-Pero hubo despidos…
-Siempre el ajuste lo sufrió el trabajador.  Hay un grupo empresarial que siempre pensó que este tema de las ayudas sociales ha sido una herramienta muy importante para la contención social: hubo mucha expulsión del sistema, gente que quedó sin trabajo y fue a la pobreza sin alternativas. Las empresas no pudimos acompañar, no tuvimos la posibilidad de hacerlo. Sufrimos los bancos, la caída del nivel de actividad que fue muy grande. Terminamos sobreviviendo la etapa, pero hubo mucha gente excluida. A Dios gracias no tenemos un escenario similar.