Increíble historia (nota completa)

El traductor de Kadafi quiere vivir en San Juan tras huir de la guerra

Diaddin Mejrab tiene dos cuñados en la provincia. Vino con su familia huyendo de la guerra en Libia. Cuenta cómo su bebé nació en medio de los bombardeos, y pasajes intensos de su vida, desde las bombas y el miedo hasta la paz sanjuanina.
sábado, 19 de noviembre de 2011 · 09:35

Por Miriam Walter
mwalter@tiempodesanjuan.com

No habían dimensionado lo que era la guerra. Se habían mantenido resguardados en su hogar en las afueras de Trípoli, la capital de Libia. Hasta que tuvieron que salir obligados, porque Emilce tenía que parir. "Había tanques, soldados armados apuntando hacia nuestras casas. Nosotros nos tuvimos que acoplar a una caravana de festejo de Kadafi para llegar a la clínica, sino, nos mataban".

El relato para Tiempo de San Juan es de Diaddin Mejrab, quien vino a San Juan dos veces: de luna de miel, porque su esposa es argentina y tiene dos hermanos viviendo en la provincia; y huyendo de la guerra que terminó con la muerte del histórico mandatario libio, Muammar Kadafi. Mejrab fue traductor del dictador en 4 cumbres políticas: una vez tradujo la conversación con Cristina Fernández, dos veces con Hugo Chávez; y la última vez, en un encuentro con líderes del norte de Africa y Europa. Ahora quiere vivir en la provincia, porque le gusta la forma de vida de los sanjuaninos.

Mejrab es nacido en Trípoli y vino a estudiar a Córdoba, de la mano de su padre que es diplomático retirado. Allí conoció a Emilce Abraham, una santiagueña que tomó clases con él de árabe. Cuando él se recibió de licenciado en Lengua y Literatura y ella de licenciada en Kinesiología y Fisioterapia, se casaron y se fueron a vivir a Libia.

Corría 2005 y Libia era un lugar distinto a Argentina, pero ofrecía estabilidad y crecimiento económico. Diaddin consiguió trabajo rápidamente. Tenía buenos contactos, sobre todo por el trabajo de su padre. Al poco tiempo, Emilce se quedó embarazada de Jadilla que hoy tiene 5 años, luego vino el varón Mohamed que tiene 4 años. Por esas cosas del destino, Salma -cuyo nombre significa "paz"- nació en mayo de este año, 5 meses antes que mataran a Kadafi; y Diaddin nació 3 meses antes que el dictador iniciara su revolución, en 1969.

En Libia vivieron tranquilos hasta principios de este año, cuando estalló el conflicto en ese país africano. Apenas llegaron en 2005, se instalaron en el complejo que la familia de él tiene en una zona rural de Trípoli. En Libia se estila que las familias vivan en el mismo consorcio.

"Antes de la guerra, Libia era muy parecido a la época de los militares en la Argentina, con mucha presencia militar y sin libertad de expresión. Era una especie de Cuba, con control del Estado sobre los medios de comunicación y con fuertes restricciones para la entrada y salida del país. No hay vida nocturna y el alcohol está prohibido por la religión islámica", cuenta Diaddin.

Como tenía contactos a partir de la diplomacia de su padre, Mejrab fue contratado 4 veces para traducir a Kadafi. La primera, fue convocado por la Embajada de Argentina, cuando Cristina visitó el país africano en 2008. "Con Kadafi siempre tuve un trato protocolar, iba a traducir sus conversaciones de negocios con los presidentes y nada más. No tuve un trato con él, que era más bien frío. Para ser su traductor investigaron mi vida y estaba rodeado siempre de una gran cantidad de guardias", cuenta Mejrab.

En febrero de este año, Diaddin salió a la calle y fue reprimido a punta de fusil. "Hicimos manifestaciones pacíficas en contra de Kadafi, en Libia el 90 por ciento de la gente no estaba de acuerdo con el régimen, queríamos que llegara la democracia. Había muchos abusos y el país era gobernado por una familia de tiranos", opina. 

Con su familia, vivieron la guerra de cerca cuando el conflicto ya estaba avanzado, porque primero estalló en otras ciudades y luego en Trípoli. Desde su casa, los Mejrab veían caer las bombas, escuchaban los estallidos y observaban el humo y las explosiones en el horizonte. Tres veces oyeron el estruendo "como si nos estuvieran bombardeando el patio". Fue porque a dos kilómetros del consorcio había una base militar que fue atacada dos veces por la OTAN. "Nosotros le decíamos a los chicos que eran fuegos artificiales. Teníamos miedo", cuenta Diaddin. La otra vez que sintieron el peligro tocándoles los talones fue cuando bombardearon por un mes completo la ciudad de Zauia, a 20 kilómetros de su casa.

Parto entre bombas

Al terror de vivir en guerra se sumó una situación extrema con el embarazo de Emilce. Estaba de 9 meses y sus hijos nacían por cesárea. Le tuvieron que adelantar la fecha un par de semanas porque le dijeron que si esperaba, no habría médicos, porque casi todos eran extranjeros y estaban yéndose del país por la guerra. Ella llora cuando se acuerda de esos momentos de desesperación: "tuve que dejar a mis dos hijos para ir a tener otro, y no sabía si mi bebé iba a nacer, y si yo iba a volver".

La estrategia para lograr el parto fue de película. Montados en un auto, Diaddin, Emilce y la madre de Diaddin se tuvieron que sumar a un convoy que iba al centro de Trípoli, proclamando al dictador. Los Mejrab se mordieron los labios y sollozaron todo el camino para que no los descubrieran sus compañeros de ruta que, fusil en mano, con tiros al aire y a los gritos, vitoreaban a Kadafi.

Finalmente llegaron a una clínica británica donde pagaron por atención, cuando el conflicto había estallado con más fuerza. "Conseguimos que nos atienda un médico egipcio, conseguimos anestesista, todo para el parto y por suerte Salma nació bien", cuenta Emilce, con lágrimas en los ojos. Ella era la única internada en el lugar, vacío por los bombardeos y las revueltas que dominaban Trípoli y que eran noticia en todo el mundo.

Salieron de la clínica y empezaron a ver que la guerra no era tan corta como creían que iba a ser. Y pensaron en salir del país. Pasaron unas semanas cuando decidieron escapar. Diaddin con su esposa y sus tres hijos, además de los padres de él y dos hermanos con sus respectivas familias. Diaddin y Emilce salieron de Libia vía Túnez, donde estuvieron refugiados desde el 17 al 24 de junio en un departamento alquilado y asistidos por un matrimonio amigo de su padre diplomático. El 25 de junio llegaron a Argentina.

"Mi mamá me llamaba llorando todos los días, me decía que salga de Libia", recuerda Emilce, y agrega que su madre sufrió varios pre infartos por el estrés de tener a su hija en medio de la guerra.
Los Mejrab desembarcaron en Córdoba y luego vinieron a San Juan, donde Emilce tiene dos hermanos viviendo, y recuperaron la tranquilidad. El mes pasado vieron morir a Kadafi por televisión. Diaddin dice: "Murió como él quería, para redimirse por todo lo que hizo sufrir a la gente. Ese día, festejamos con un asado".

 


Una argentina en Libia

Emilce Abraham nació en Santiago del Estero, tiene 34 años y vivió los últimos 6 en Libia. Su abuelo es de Siria, por eso cuando estaba en Córdoba tomó clases del idioma. Profesor y alumna se enamoraron y se terminó casando con Diaddin Mejrab en 2005. Ese año se fue a vivir al país de su esposo, con el que tuvo tres hijos libios.

"Libia es un país grande, tiene unos 2 millones de kilómetros cuadrados, y Trípoli es como San Juan en superficie, pero tiene la población similar a Córdoba", describe.

Emilce cuenta que Libia es un país con seguridad máxima. "Para entrar y permanecer en Libia te tienen que invitar. Nosotros nos casamos por la Mesquita y el Registro Civil y eso nos facilitó todo. A mí me investigaron quién era para poder dejarme vivir allá", cuenta.

En los últimos años, el régimen de adafi fue logrando apertura, por eso las mujeres libias estudian, trabajan y se visten como quieren. Pero por una cuestión religiosa -la mayor parte de la población es musulmana-, se ponen pañuelos en la cabeza.

"Por respeto a mis cuñadas, después de dos años de vivir allá me hice musulmana y empecé a usar pañuelo. Las mujeres son muy coquetas, usan mucho oro y maquillaje. Al principio me fue dificil porque estaba embarazada y tienen comidas muy picantes, pero después me acostumbré".

La mamá de Emilce la fue a ver cuando fue la primera cesárea, luego su familia política se convirtió en su compañía cercana. Los Mejrab viven en un consorcio rodeado de muros, que tienen en un campo de 5 hectáreas en las afueras de Trípoli donde habitan los suegros de Emilce y algunos cuñados con sus respectivas familias. "Nuestra casa tiene un estilo medio argentino", dice ella y agrega que la comunidad argentina en Libia es reducida, apenas unos pocos trabajadores de Repsol YPF o casos especiales como el de ella.

En ese hogar se mantuvieron tan aislados del conflicto armado este año cuanto pudieron. "Mis hijos no van a la escuela porque no tienen edad así que jugaban dentro del consorcio y nosotros les decíamos que las bombas eran fuegos artificiales.
A la escuela solamente iban tranquilos los hijos de los que estaban a favor de Kadafi, pero al final en realidad no iba nadie por las bombas".

Cuando dejó Libia en junio, sintió un alivio y a la vez desazón. "Cuando llegamos acá sufrimos por los que se quedaron allá. Dejé a mis cuñados y sobrinos, quedaron 6 allá, y son mi familia ahora", se lamenta ella.

Si bien no son sanjuaninos, Emilce tiene 2 de sus 6 hermanos en San Juan. Uno es remisero y el otro es licenciado en Higiene y Seguridad. El plan de Emilce y su esposo Diaddin es conseguir trabajo y quedarse a vivir acá. "Vinimos en 2005 y ahora que volvimos lo vimos mucho más lindo, hay tranquilidad y está desarrollado", dice ella. Pero más allá de esa razón, la verdad es que ella añora estar cerca de sus hermanos.

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