Memoria, verdad y justicia

Diez estremecedoras historias sobre la dictadura en San Juan

A 44 años del golpe de Estado, relatos sobre la vida de hombres y mujeres desaparecidos durante los años de plomo en la provincia. 
martes, 24 de marzo de 2020 · 09:16

Hace 44 años en las tranquilas calles sanjuaninas pasaban cosas horribles, en nombre de la llamada lucha antisubversiva: hombres y mujeres de acá y de afuera pasaron a formar parte de los 30.000. De algunos pocos pudo reconstruirse su historia y su suerte en manos de los militares. 

Una de las más completas investigaciones, pionera, es la del sanjuanino Eloy Camus, nieto del histórico gobernador homónimo, quien en 2009 logró armar parte de este doloroso rompecabezas en su libro "Historia de víctimas de terrorismo de Estado en San Juan", con datos de la delegación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, que contiene un listado exhaustivo de desaparecidos y ejecutados desde 1971 en la provincia, en uno de sus reveladores capítulos. Su investigación, en base a documentos y entrevistas propias, sirvió luego para los juicios por crímenes de mesa humanidad en San Juan, ámbito en el que se sigue reconstruyendo qué pasó en esos años oscuros. Aquí, en este nuevo aniversario, para no olvidar, diez historias estremecedoras extraídas del libro de Camus.

Marcelo Aburnio Verd Castro tenía 35 años y era hijo de un periodista de la provincia de San Juan. Militaba en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y desapareció junto a su esposa Sara Eugenia González Palacios, de su casa de la calle Arenales 967 en Villa del Carril. Fue el 2 de julio de 1971. El operativo de secuestro se supone fue realizado por el denominado "Escuadrón de la muerte" de la Policía, que surgió en los primeros años de la década del 70 para asesinar a delincuentes comunes y luego se recicló para perseguir a opositores políticos de la dictadura. Marcelo y su esposa fueron secuestrados y otros dos sanjuaninos que estaban ese día en la casa de los Verd se salvaron porque fueron a comprar cigarrillos. Ellos se convirtieron en los primeros desaparecidos de la provincia de San Juan. Según relatos orales fueron llevados a Mendoza donde fueron salvajemente torturados. Circuló la versión de que a Verd le introdujeron sus manos en un horno de fundición. Las fuerzas parapoliciales lo obligaron bajo tortura a hablar de sus compañeros de las FAR ya que la Policía consideraba a Verd el cerebro del movimiento guerrillero en Argentina. Con la información arrancada a los Verd, secuestraron ilegalmente a Juan Pablo Maestre, que trabajaba en la empresa Gillette. Maestre era hijo natural de Humberto Dojorti, Buenaventura Luna, máximo exponente de la canción y poesía folklórica sanjuaninas.

Federico Guillermo Soria Nacif alias Mario. Su esposa Florencia Vázquez lo describe así: "Mario era un sanjuanino llegado de los sueños más profundos del Che Guevara, de los Uturuncos de la propia historia. Él había llegado a esta tierra con el Pedro y la Negra, dos maravillosos compañeros. Era una persona íntegra, idealista, soñadora. Cuando lo conocí venía dando todo lo que tenía por esta Revolución, su entrega era total, su honestidad absoluta. Él fue uno de mis primeros jefes en montoneros, yo lo admiraba por su entrega y empecé a aprender de él a dar la vida por la causa. Nos fuimos al sur de Tucumán y allí trabajamos en los ingenios, en las escuelas, en lo que hiciera falta. En agosto del '76 ya no había dónde quedarse y menos con un hijo a cuestas. Él no vivía con nosotros sino que estaba mucho tiempo en la carretera, enlazando los pocos que habíamos quedado. El día de su detención tomó él mal su decisión, yo había abandonado dos horas antes el lugar que era el campo y me fui a esperar el tren para regresar a Buenos Aires, pero él decidió quedarse a dormir y esa noche llegaron militares y se lo llevaron. Muchos años después me contó, sólo por carta, un sobreviviente de Famaillá que cuando llegó nadie sabía su nombre real pero sabían su puesto. Lo mataron en la tortura"

José Luis Olivares es el primer desaparecido de la última dictadura en San Juan. Era estudiante de Geología, tenía 27 años, y corría el 18 de agosto de 1976 cuando fue secuestrado de su vivienda ubicada en la calle Las Heras 1459, en Villa del Carril, por cuatro personas vestidas de civil que portaban armas cortas. Redujeron también a su hermano y a la esposa de éste y junto a su madre los hicieron poner boca abajo sobre el piso, profiriendo amenazas de todo tipo. A la madre le colocaron un revólver en la boca para que se calle mientras dos criminales procedieron a sacar de su cama a la víctima en paños menores, para introducirlo inmediatamente en un Peugeot 404 de color celeste estacionado frente a la casa. La madre de José Luis, Clara Narváez, portó su pañuelo blanco hasta su muerte, y junto a Esther de Scheneider se convirtieron en un símbolo de esas luchadoras en la provincia.


Nicolás Alberto Farías
militaba en la Juventud Trabajadora Peronista. Trabajaba como oficial albañil, era casado, tenía un hijo de un año y su esposa está embarazada de 5 meses cuando fue secuestrado. El 17 de agosto de 1976 a las 3 de la mañana en el domicilio donde vivía con sus suegros irrumpió un grupo armado, se introdujo los dormitorios y obligó a los ocupantes de la vivienda a tirarse en el piso del comedor, vendándole los ojos con los pañales de su hijo y pateando a todas las personas brutalmente. Victoria Esperanza Ortiz, su esposa buscó a su marido con la ayuda de otros familiares, hasta que el 28 de agosto desde el RIM 22 la mandaron al Hospital Rawson donde encontraron el cuerpo sin vida de Nicolás. Estaba barbudo, prácticamente irreconocible, con las puntas de los dedos y las uñas violáceos y con un orificio de bala en la cabeza. Llevaba un pantalón y un pullover que no le pertenecían. Los militares emitieron un comunicado de prensa, que decía que una patrulla militar había abatido un extremista el Zonda.

 Victor Hugo García Tesoratto. Era estudiante de cuarto año de Ingeniería Química y presidente del centro de estudiantes de la Facultad de Ingeniería, militaba en el Partido Justicialista. Fue detenido el 24 de agosto de 1975 y alojado en la Central de Policía hasta el 1 de noviembre, cuando fue trasladado al RIM 22 hay y lo torturaron durante 6 días. Luego fue alojado en la cárcel de Chimbas. Después de varios días autorizaron una visita a sus padres a quienes se les entregó ropa del hijo totalmente manchada de sangre.  Permaneció detenido hasta el 8 de junio de 1976, cuando sin proceso previo, fue puesto en libertad. El 30 de septiembre de 1976, Víctor Hugo, que tenía 25 años de edad, estaba en Jáchal con su padre y su novia.  Esa noche fue con ella a cenar a un comedor jachallero donde compartió la mesa con amigos y cerca de las 23 resolvió no ir a dormir al Molino Alto donde vivían sus abuelos, y quedarse en la casa perteneciente a Obras Sanitarias de la Nación, que ocupaba su padre, quien ese entonces se desempeñaba como jefe de distrito Jáchal de la repartición. A las 3 de la mañana sonó con insistencia el timbre de la casa, alguien se hizo pasar por un amigo del padre quien abrió la puerta y fue inmediatamente encañonado por alguien que lo empujó hacia adentro. Seguidamente entraron seis o siete hombres armados, que se dedicaron al robo y al saqueo. Se llevaron dinero, el teléfono, herramientas y muchas otras cosas, además de bebidas y comida de la heladera. Los llevaron a la calle y los hicieron correr hasta la esquina donde tendrían estacionados por lo menos dos automóviles, los introdujeron a padre e hijo en el baúl de sendos vehículos y partieron velozmente. A los 30 minutos se detuvieron e hicieron bajar al padre, lo ataron de pies y manos por la espalda y comenzaron a pegarle sin mediar palabra. Permaneció en ese lugar maniatado con los ojos vendados y amordazado hasta las 10 de la mañana, cuando lo descubrió un leñador, quién lo acompañó a la Ruta 40 desde donde caminó hasta un puesto policial donde relató lo sucedido. Los secuestradores que llevaban a Víctor Hugo siguieron avanzando por la Ruta 40 en dirección a San Juan  En el trayecto se les rompió la movilidad y entonces detuvieron a un vehículo en el que viajaba un maestro hacia Jáchal a quien lo hicieron bajar en medio de la ruta, llevándole el auto. Ni el padre ni ningún otro miembro de la familia volvieron a ver a Víctor Hugo.

Luis María Blardone. El 1 de octubre de 1976, a las 0:40 horas este estudiante de Ingeniería Electromecánica llegó a su casa de la calle Las Heras 556 Sur en auto. Lo estaban esperando. A su casa entraron individuos fuertemente armados, algunos con capucha y otros con borceguíes. En un primer momento se produjo una corta discusión y forcejeo con los extraños, quienes lograron rápidamente someter a la familia. Ataron al padre y a la madre con un pedazo de mantel que cortaron en tiras en la misma casa y procedieron a llevarse Luis. El padre logró soltarse de las ataduras y correr hacia afuera gritando, pidiendo auxilio e insultando a los secuestradores. Uno de ellos se bajó del auto en el que tenían a Luis y el padre, desesperado, le propinó un golpe en la cara y se trabó en una lucha con el encapuchado, al que lo hizo atravesar de una trompada por una puerta de vidrio, rompiéndole la boca. Luis, que estaba en el auto, logró zafarse y correr hasta donde se encontraba su padre luchando y les dijo a los miembros del grupo de tareas que lo dejaran tranquilo, que lo soltaran y que él iba a entregarse sin resistencia si dejaban a su padre. Dirigiéndose a él, le dijo: "Papá, está bien, déjame ir". Luis María Blardone se dejó llevar mansamente a la muerte para preservar la vida de su padre.


Florentino Arias tenía 41 años cuando fue secuestrado el 23 de octubre de 1976 a las 9:45 en la calle Laprida 134 oeste. La "patota" lo fue a buscar a la imprenta donde trabajaba, y lo secuestró con total impunidad, delante de los peatones que pasaban. Un compañero de trabajo y militancia presenció la escena, era José Rolando Scadding. Ese mismo día a la tarde llegó a la casa de Arias, ubicada en Urquiza 1209 Sur, un grupo de tareas compuesto por 7 personas portando armas de distintos calibres y bolsos.  Entraron a la casa haciendo uso de la fuerza, apuntando con sus armas a María Ormeño, "Chiquita", la esposa de Arias y a sus 9 hijos. Insultando y amenazando, registraron toda la casa y permanecieron allí unas 4 horas. Mientras estaba ahí el grupo de tareas llegó Scadding, entonces los miembros de la patota lo interceptaron y lo secuestraron, llevándose además dinero y objetos personales de la familia Arias. El sufrimiento y las penurias que tuvo que soportar la familia son dramáticos. Quedando sin el único sostén del hogar, se tuvieron que ir a vivir con un hermano de Chiquita a una pequeña y humilde casa en Chimbas. Como no cabían todos dormían debajo de un árbol en el fondo de la vivienda, juntaba  leña para calentarse en invierno del otro lado del Río San Juan, y a veces al regreso los sorprendía la crecida del río, con el peligro que ello significaba. En esas condiciones Chiquita crió a sus 9 hijos. En la investigación con Chiquita sobre lo sucedido con su esposo se llegó a conocer el testimonio de un gendarme del barrio San Martín. Relató que estando él de guardia en el escuadrón San Juan de Gendarmería Nacional, un fin de semana fue convocado por un oficial del Ejército para sacar unos prisioneros encapuchados. Los subieron a camiones y se dirigieron camino a Zonda. Pasando lo que es el camping de Rivadavia, doblaron a la izquierda por un camino de tierra que va a Maradona. Al llegar a unos pozos donde se apaga la cal perteneciente a unos hornos de piedra, bajaron a los prisioneros, los hicieron parar al lado de los pozos y recibieron la orden de ejecutarlos. Así lo hicieron. Una vez cumplida la orden, tiro de gracia de por medio, les dijeron que recuperen las capuchas. Cuando el gendarme le retiró la capucha al prisionero que él había ejecutado vio sorprendido que era su compadre, Florentino Arias. Este relato lo hizo con los gritos de fondo de su mujer tratando de impedir que siga hablando. Llorando, le repetía a Chiquita que él ignoraba que fuera su compadre.

Francisco "El Chiquito" Alcaraz el 29 de octubre de 1976 a las 11:30 horas fue acribillado de 108 balazos, cuando se bajaba de un colectivo para dirigirse a una casa frente al barrio Marcó. Pretendía encontrarse con unos compañeros que venían de La Rioja para que los ocultase. En ese operativo participaron unos policías familiares suyos. Los disparos, además de la muerte, lo destrozaron hasta arrancarle un brazo. Era el responsable político de Montoneros, con el rango de oficial. Los compañeros que lo conocieron describen al Chiquito como "un trabajador barrial que decía vamos a la villa a laburar y eso es lo convertía en un hombre peligroso para el gobierno, para el sistema, porque era el más sesudo, el más peronista, representaba al verdadero peronismo, era el pueblo".

Marta Elida Saroff de Lerouc fue secuestrada el 20 de noviembre the 1976 a la edad de 26 años. Ella logró salvar a su pequeño hijo parando un camión en la Ruta 40 y pidiéndole al camionero que por favor lo llevará a Mendoza con una carta para sus padres. El camionero así lo hizo y de esa manera salvó al pequeño. El matrimonio Lerouc era oriundo de San Martín, provincia de Mendoza. Luego de encontrarsele unos panfletos distribuidos en la ciudad mendocina, ella y su esposo Alfredo se refugiaron en San Juan. Su madre, en su casa mendocina, se enteró el 23 de noviembre del 76 leyendo un periódico que su yerno había muerto. El 25 del mismo mes, a la noche, dieron fuertes golpes en la puerta de su vivienda, salió de inmediato y encontró al bebé con algunas ropas, alimentos, medicamentos y un papel escrito por su hija, donde le daba instrucciones para administrarle los remedios. Además, otro papel escrito a máquina con nombre, lugar y fecha de nacimiento de la criatura.

Ángel José Alberto Carvajal era segundo secretario del Partido Comunista y se preparaba para viajar a una reunión en Buenos Aires cuando fue a buscar a dos colaboradores y quedó detenido, junto a su esposa Zulma Carmona y tres personas más. Los familiares de Carvajal lo buscaron por todos lados y en esa búsqueda cayó detenido el hermano de Alberto, Víctor "Gorrión" Carvajal. Los llevaron a la Central de Policía y después al Penal de Chimbas. Cuando lo sacaban para las sesiones de tortura vio a su hermano Alberto, con quien logró comunicarse con señas. Alberto le comunicó que lo están torturando mucho y le pidió que diga que las cosas que encontraron en la casa eran de él. Logró explicar, siempre por señas, que lo desnudaban, que le aplicaban permanentemente la picana y que lo pateaban.  Según el Gorrión, cumplió lo que decía el Che: "los comunistas son capaces de morir en la tortura y no somos capaces de empuñar un arma, mi hermano tengo entendido que no delató a nadie, a ninguno de sus contactos en el orden nacional. Yo lo veía cuando sacaban y lo traían hecho mierda. Estaba cada vez más flaco, tenía los testículos quemados, como se confirma en la autopsia. Le reventaron el bazo a patadas, y después lo colgaron en la celda con un pullover de las rejas de una ventana que tenía una altura de un metro ochenta. A la madrugada un guardia de la cárcel me dice 'Gorrión, tu hermano se suicidó'. Le contesto: 'no digas mentiras, lo han matado hijos de puta'".