Página 12

Fantasía

sábado, 02 de marzo de 2019 · 09:41

Por Sebastian Abrevaya

A las 11.03 Mauricio Macri comenzó el último y más provocador discurso de su mandato. Con un fuerte tono de campaña propio del año electoral, el Presidente dejó inauguradas las sesiones ordinarias del Congreso, mantuvo varios cruces con la oposición, hizo una cerrada defensa de sus más de 3 años de gestión y le imprimió una épica inédita a las ya gastadas promesas de un futuro maravilloso. “La argentina está mejor parada que en el 2015”, aseguró sin dar cuenta del enorme aumento de la deuda externa, la suba de la pobreza, la inflación más alta en 27 años lograda en 2018, la caída del salario real y la pérdida de empleo, entre otros indicadores económicos. El único anuncio concreto fue un incremento de la ya devaluada Asignación Universal por Hijo, que fue presentado para justificar el acuerdo con el FMI. No se privó de alentar la injerencia extranjera en Venezuela y condenar al gobierno de Nicolás Maduro. Sin dar cifras, los ejes más fuertes del discurso fueron la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, a la par de las bondades de la “vuelta al mundo”. La irrupción en medio del recinto de Joanna Picetti, una candidata a diputada de Cambiemos que denunció que le prohibieron asumir, generó desconcierto durante la exposición en la que Macri culminó a los gritos: “Vamos argentinos, vamos Argentina”.

Una hora duró la última exposición del líder del PRO. Ingresó al Congreso en medio de un fuerte operativo de seguridad, mayor que en años anteriores. Lo esperaban en el recinto la vicepresidenta Gabriela Michetti, el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó y el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo. Los miembros del reducido gabinete nacional lo aplaudieron en reiteradas ocasiones y hasta se pusieron de pie mientras que los ex ministros devenidos en secretarios hacían lo propio desde los palcos. Los integrantes de la Corte Suprema mantuvieron el rictus protocolar ante la fervorosa alocución macrista. 

A diferencia de oportunidades anteriores, la gran mayoría de los gobernadores decidió no asistir. Sólo cuatro dieron el presente: los oficialistas María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales. El único opositor fue el peronista entrerriano Gustavo Bordet. Sorprendió también la ausencia de los radicales Gustavo Valdés (Corrientes) y Alfredo Cornejo (Mendoza), jefe del Comité Nacional. El vacío del peronismo se hizo notar, incluso por aquellas figuras más cercanas a la Casa Rosada como el salteño Juan Manuel Urtubey o el cordobés Juan Schiaretti. 

Como era de preverse, Macri apeló a sus recursos habituales. Tardó menos de un minuto en mencionar, al pasar, “la herencia recibida” pero no transmitió iniciativas concretas para lo que le resta de Gobierno o lo que podría hacer en caso de ser reelecto. Los únicos proyectos legislativos que mencionó fueron el de reforma del Código Penal, demorado por el propio oficialismo gracias a las internas en torno al aborto, y el que propone la baja en la edad de imputabilidad, presentada como “una respuesta del Estado a muchos chicos que van camino a convertirse en delincuentes”. 

Macri encaró el tema de la inflación con el libreto conocido hace tiempo, centrado en elogiar que durante su gestión se “pone la verdad sobre la mesa” y ya no se ocultan los problemas. Tampoco se solucionan, pero se solucionarían, siempre más adelante: “Este año esperamos una baja sustancial de la inflación, que será un alivio para todos”, prometió. En el olvido quedó aquella frase de su ministro Nicolás Dujovne de llevarla a un dígito en 2018.

Uno de los pasajes salientes fue la encendida reivindicación de la primera parte de su gestión: “propusimos un camino gradual que fue exitoso durante dos años y medio: creció la economía, bajó la inflación, aumentaron la inversión y las exportaciones, bajó la pobreza y creamos 700 mil puestos de trabajo”, enumeró y disparó un aplauso efusivo. Fueron los opositores, que con sarcasmo se pararon en sus bancas para vitorearlo. Luego, según Macri, vinieron “tres shocks imprevistos” que lo desviaron de aquel sendero del bien: “la salida de capitales de mercados emergentes, la sequía que afectó como nunca en 50 años al campo argentino, y la causa de los cuadernos”. Otra vez la oposición le salió al cruce, remarcando su falta de autocrítica y su responsabilidad en la crisis actual. El Presidente respondió con un recurso que utilizaría más de una vez a lo largo de la asamblea: “Los gritos, los insultos, no hablan de mí, hablan de ustedes, señores. Yo estoy acá por el voto de la gente. Yo estoy acá por el voto de la gente, señores”. En las afueras del Congreso no había ni un alma expresándole su apoyo, y eso que el clima casi primaveral estaba ideal para pasar el día al aire libre. Sí hubo, en cambio, distintas movilizaciones de rechazo, encabezadas por gremios y movimientos sociales (ver aparte).

Las conocidas dificultades oratorias del Presidente no se tomaron respiro ayer. El furcio más llamativo fue al momento de sacar pecho con la lucha contra las drogas: “Estamos frenando la entrada de las bandas por nuestra frontera, como la frontera norte, que ahora, con el apoyo del narcotráfico…, del Ejército, fortalecemos la lucha contra el narcotráfico”, dijo Macri mientras las cámaras enfocaron el rostro de incomodidad de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien suele promocionar las noticias sobre decomiso de droga.

La defensa del DNU de extinción de dominio, que fue duramente cuestionado en el Congreso, fue otra de las chicanas con aroma electoral de Macri hacia el peronismo. “Que cada quien que se oponga diga dónde está parado y a quién quiere proteger porque se acabó, se acabó el tiempo en que los delincuentes se salgan con la suya mientras la enorme mayoría trabajamos para sacar este país adelante”, desafió el Presidente y provocó la reacción de Elisa Carrió, que se paró rápidamente y comenzó a aplaudir.

Otro momento efusivo para el oficialismo fue cuando Macri habló de Venezuela. “¿Cómo puede ser que hayamos condecorado a Maduro?”, se preguntó a los gritos y le dio su respaldo a Juan Guaidó, quien horas más tarde lo visitaría en Olivos. Si bien no hizo nombres propios, dio una alusión temporal para que quede claro que hablaba de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ausente ayer. “En 2015 también se negociaba la impunidad con el régimen iraní sobre las heridas abiertas de los atentados terroristas más graves de nuestra historia”, dijo sin reparar que su ministro de Justicia, Germán Garavano, tiene una denuncia penal realizada por ex titular de la Unidad AMIA, el radical Mario Cimadevilla (designado por Macri), precisamente por encubrimiento de los encubridores del atentado. Puntualmente, por beneficiar a los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, condenados el jueves a 2 años de prisión.

Un tema que se menciona históricamente en las Asambleas Legislativas y que Macri pasó por alto es el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. El vicepresidente de la comisión de Relaciones Exteriores, Guillermo Carmona, se lo recordó desde su banca. El mendocino le gritó: “¡Cipayos! ¡Están saqueando Malvinas!”. Otro opositor, Leopoldo Moreau, le mencionó el escándalo por extorsión que involucra al fiscal federal, Carlos Stornelli. Más allá de “los cuadernos”, Macri no hizo referencia a casos concretos. Aseguró que gestión “respeta la independencia de la Justicia” y se desentendió de las distintas maniobras (como el traspaso de magistrados afines a tribunales sensibles o la presión pública y privada contra jueces con fallos adversos a sus intereses). “Si la Justicia pide que se rindan cuentas todos tenemos que rendir cuentas: políticos, empresarios, sindicalistas, los mismos jueces, periodistas, inclusive la familia del Presidente y el Presidente”, se envalentonó, justo un día después de que su primo, Ángelo Calcaterra, fuera denunciado por pagar coimas por parte de un arrepentido en la causa del soterramiento del tren Sarmiento. 

Antes de pasar al tramo más emotivo, Macri no perdió la oportunidad de calzarse nuevamente el traje del “feminista menos pensado” y dedicarle un párrafo a la violencia contra las mujeres y repudiar las violaciones. De impulsar la legalización del aborto, no dijo nada.

La vuelta al mundo, la “emoción” del G-20 y la “nueva Argentina” dieron paso al cierre épico: “¡Vamos con fuerza, vamos en serio, vamos con coraje, vamos con pasión! Este es nuestro país y, juntos, lo vamos a sacar adelante. ¡Vamos, Argentina! ¡Vamos, Argentina!”. ¿A dónde? No dijo.