Análisis

La boleta vieja, un sistema que se debe revisar

En la Paso hubo eternas demoras en las colas y en el cuarto oscuro. El corte, una aventura. Un escrutinio lento como nunca antes, madres con niños y personas mayores en problemas. Por Sebastián Saharrea.
domingo, 16 de agosto de 2015 · 09:01
Por Sebastián Saharrea

Veinte años pasaron de una elección que en el recuerdo de los más memoriosos causó problemas parecidos a los del domingo pasado en el recuento final. Fue en 1995, con el sistema de ley de lemas, el escrutinio fue demasiado lento para contabilizar los votos correctamente, al punto que ese fue el final cantado en la provincia para un sistema electoral con sus virtudes pero con serios problemas de implementación.

Desde entonces que no rige la ley de lemas, pero se sigue utilizando San Juan la boleta tradicional. Y el domingo fue de tal complejidad todo el proceso, que las consecuencias no se hicieron demorar. Primero, la demora dentro del cuarto oscuro para el elector, en general aturdido por la generosísima oferta y la pretensión de analizar el voto de parte del votante. Luego, en las colas, porque como la demora en el cuarto oscuro fue mucho más extensa que en otras elecciones, las colas demoraron mucho más en avanzar. 

Y tercero, el escrutinio, con un recuento históricamente lento como lo ilustran apenas un par de datos: a las 12 de la noche –es decir 4 horas después del cierre de la votación- sólo había cargado en la página de la justicia electoral provincial un puñado pequeño de datos de 2 de los 19 departamentos de San Juan (Capital y Jáchal) y a las 2.30 de la mañana del lunes el propio organismo colgó un comunicado en su página web comunicando sus dificultades para avanzar, y los problemas en muchos telegramas. A las 4.30 de la mañana del mismo día, la página oficial de la Justicia Federal sólo había cargado el 30% de los datos de San Juan.

Se veían venir los problemas, y finalmente ocurrieron. En la previa hubo advertencias sobre el inconveniente, teniendo en cuenta que se trataba de una oferta electoral histórica: 560 boletas entre todos los departamentos, con picos como Pocito –donde hubo 42 boletas en el cuarto oscuro- o Chimbas con 32. Lógicamente, que el mínimo trabajo del elector común de revisar las boletas, o de encontrar la boleta que tenía previsto colocar en el sobre, o el ejercicio de cortar en fracciones, y ni hablar si el corte era en varias partes, hizo todo el proceso mucho más demoroso. 

Las quejas de los presidentes de mesa no se hicieron esperar, todos ellos coincidiendo en que fue muy distinto el tiempo dentro del cuarto oscuro respecto de otras elecciones. Hubo demoras de uno, dos y hasta dos horas y media, un tiempo generoso como para reflexionar sobre el amor de la gente por el sistema democrático: voto obligatorio y la condena a esperas eternas y sin chistar. 

Corroborado por el importante flujo de electores. Lo mejor era llevarse el voto armadito desde la casa, se sabe que son los menos. 

La mayoría de los inconvenientes, esta vez anunciados, fueron atribuibles al sistema de votación. Se coincide en el bajo valor institucional de la velocidad en el escrutinio, en especial si esa velocidad resulta a costas de la precisión. El resultado instantáneo que ofrecen otras alternativas más fáciles de contar, como el electrónico, no puede tener un lado B costoso en términos de seguridad. Se argumenta para defender el voto de la boleta tradicional –en el caso de San Juan, de 9 paños que hicieron aumentar el tamaño de papeleta y el sobre- que es un resguardo de garantía para casos de dudas: la existencia de un voto físico hace posible que en casos de conflictos o diferencias se acuda al conteo de voto por voto abriendo las urnas en cuestión y yendo a la prueba física del papel dentro del sobre. Dato para los que no están en el asunto: el recuento oficial se realiza con un conteo manual sólo en la mesa de la escuela apenas cierra el comicio, y luego se cuentan los datos consignados en los telegramas. Sólo se abre la urna si hay una denuncia y el juez entiende que hay motivos para hacerlo.

Pero ahora resulta que el voto electrónico también ofrece un mecanismo con prueba física. Ocurrió ya en varias provincias, la última fue Salta. Allí, cada elector pulsó su voto y la máquina le entregó un ticket, como si fuera el cajero automático. Ese papel va en un sobre y se deposita en una urna física, por lo que también hay resguardo físico de cada uno de los votos, para computar en casos de discordia. 

Ahora, en este caso, también la agilidad del sistema no fue del todo evidente y hubo algunas demoras. En Capital Federal, por ejemplo, hubo voto electrónico en la última elección de jefe de gobierno y a las 8 de la noche ya se conocían ganadores y perdedores, igual que en la última presidencial de Brasil. Se insiste, eso es lo menos. Lo más útil fue que el tránsito de la gente por las escuelas fue más relajado, una democracia más amable en suma.

El otro aspecto a tener en cuenta en el uso de estos dispositivos electrónicos es la posibilidad de sabotaje que pone al alcance de la mano cualquier ataque al suministro eléctrico. Para eso, todas las escuelas y centros de votación deben contar con equipos electrógenos listos para arrancar. Una logística aparte, aunque queda claro que la tendencia mundial en elecciones democráticas apunta a éstos sistemas.

El otro mecanismo, puede entenderse intermedio, es la boleta única. Consiste en la utilización de una boleta grande con los nombres impresos de los candidatos de todos los partidos, sobre la cual los electores deben marcar con una lapicera a sus preferidos. También facilita el escrutinio porque las autoridades de mesa y los fiscales sólo deben revisar una sola boleta. El otro efecto del que dispone, al igual que el voto electrónico, es la posibilidad de atenuar el arrastre que se produce con la boleta tradicional.

Con éste último método se produce una fuerte influencia entre las categorías: la gente que vota a un candidato a gobernador o presidente debe realizar un trámite engorroso y adicional como cortar la boleta si prefiere otras opciones en el resto de las categorías, mientras que la boleta única ese arrastre no se produce porque los candidatos están separados por categorías y al elector les cuesta relacionarlos con los de otras. Y como en cada franja debe tildar a un candidato, el arrastre no se produce como cuando se deposita en la urna la boleta completa de un partido.

Cómo será su alcance que en la última provincia argentina en la que se utilizó el sistema, que fue Santa Fé, un candidato de un mismo partido duplicó a otro del mismo partido para otra categoría. El actual gobernador Bonfatti, candidato a diputado nacional por Santa Fé, sacó el doble de votos que el postulante a gobernador Miguel Lifschitz, quien finalmente se impuso en un recuento apasionante. Si esa misma elección se hubiera producido con la boleta tradicional, ese resultado hubiera sido imposible porque hubiera requerido que la mitad de los votantes de Bonfatti cortaran la boleta de Lifschitz.

En el caso sanjuanino, queda claro que el próximo turno electoral –el de octubre, con las elecciones generales- será con el mismo sistema de boleta única y no habrá renovación, como salieron a pedir tanto desde el basualdismo y el PRO. De consuelo, vaya como calmante la certeza de que la general será distinta porque habrá menos boletas, si se retira a las que perdieron en la Paso. Pero en el futuro cercano, no habría que negarse al paso del tiempo.


Encuesta: la gente esperó de más y un cuarto no hubiese ido a votar

Los lectores de Tiempo de San Juan dijeron en su gran mayoría que prefieren el voto electrónico y 2 de cada 3 se quejó por las demoras en las mesas.

Como consecuencia de las Paso en la provincia el domingo pasado, una contundente mayoría de los que respondieron a la encuesta de Tiempo de San Juan dijeron que prefieren que se vote con el sistema electrónico y no con la boleta tradicional. Además, la mayor parte de los electores dijo haber sufrido demoras excesivas y uno de cada 4 consultados aseguró que si las elecciones eran voluntarias no hubieran ido a sufragar.

En la categoría del sistema de votación, la pregunta fue la siguiente: "¿Estás conforme con el sistema electoral, o preferís otro sistema?”.El 67% de los consultados dijo que prefiere el voto electrónico, el 22% prefiere la boleta única, mientras que apenas el 10% dijo estar conforme con el actual sistema de boleta tradicional.

También preguntó Tiempo de San Juan en la semana a sus lectores del sitio digital: "¿Sufriste alguna demora al votar que consideres desmedida?” El 63% de las respuestas fueron afirmativas, el 28% dijo que no y el 7% restante dijo que algo.

La otra consulta realizada por www.tiempodesanjuan.com fue sobre la obligación de ir a votar. Unos días antes del comicio, la pregunta fue: "¿Vas a ir a votar el domingo?”. El 64% dijo que sí, "porque creo en el ejercicio del sufragio”y el 4% dijo que sí "pero no puedo hacerlo”. La sorpresa es que casi un cuarto de los que respondieron, el 24,5% respondió que sí pero que "si no hubiera sido obligatorio no lo haría”, y el 6% respondió que "no voy a votar aunque puedo”.Con lo cual el 30% de los consultados se mostró en desacuerdo con el voto obligatorio, sumando a los que dijeron que no irían y los que dijeron que sí pero sólo porque es obligación.

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