análisis

La nueva pulseada en Capital, entre los que ganaron

Aranda por un lado y Colombo por el otro son los que quedaron con la sonrisa marcada. Todo indica que la campaña que viene estará focalizada en ellos. Ventaja para el PJ, nada definitivo. La estrategia de cada uno. Por Sebastián Saharrea
sábado, 15 de agosto de 2015 · 09:48
Gran paradoja del sistema político que supimos conseguir: Rodolfo Colombo no compitió contra nadie en esta "interna institucional” que son las Paso y salió del trance con la sonrisa marca en la cara, mientras que Eduardo Cáceres derrotó a otros dos candidatos y tardó más de un día en digerir el trago amargo y aparecer ante los flashes con discurso renovado.
No quedaron dudas sobre quién resultó ganador en esa lucha particular. Dos dirigentes -Colombo y Cáceres- que se disputan electorado, estilo y hasta aspecto, y que libraron un duelo particular. Uno embanderado con el amarillo PRO y otro portando la enseña basualdista, por tanto massista. Los más de 4.000 votos de diferencia (cuatro puntos y medio) de Colombo a Cáceres fueron una melodía para el dirigente proveniente del radicalismo, por más de un motivo, que se repasarán.
Uno, tal vez el más emotivo y el menos importante, resultó el hecho de haber vengado la sangre basualdista. En términos políticos, por supuesto, tuvo el sabor de la revancha no sólo para Colombo sino para todo el espacio que hace dos años luchó contra la corriente en el turno parlamentario y conquistó una banca en el Congreso que terminó siendo para Cáceres por el canto de una uña luego de imponerse en una recordada interna abierta (Paso) a Conti-Colombo e Ibarra (aunque en el distrito Capital también habían ganado Conti-Colombo en 2013).
La sangre en el ojo quedó en el espacio luego de que Cáceres marchó con banca y todo a las playas macristas, arrastrado por la corriente nacional que hizo que el PRO y Massa (el espacio del basualdismo) no se sentaran en la misma mesa en el Parlamento.
Y que –dijo Cáceres- le impidió volver a recrear en San Juan el mismo espacio que tan buenos resultados había cosechado justamente por esas diferencias nacionales, pese a que en otras provincias los macristas y los massistas convivieron sin problemas (Mendoza y La Rioja, por ejemplo, o el reciente caso de Santa Cruz en donde juntos le hicieron fuerza a Máximo y lo superaron con los votos sumados).
Desde allí ocurrieron cientos de insinuaciones para volver a juntarse, siempre con resultado de naufragio y generalmente por la barrera que puso Cáceres del supuesto mandato nacional ante las gestiones públicas y privadas de Roberto Basualdo. No hubo más remedio entonces que enfrentarse esta vez, con la primera batalla el domingo pasado en las Paso.
Por eso el resultado de la primera señal de las urnas fue tan significativo para ellos. En especial entre Colombo y Cáceres, dos dirigentes que coquetearon hasta el filo del cierre de listas con la posibilidad de ir juntos, finalmente naufragadas. En esos trances, la postura de Cáceres fue siempre la de ofrecer lugares de reparto a Colombo en las listas capitalinas, mientras Colombo repetía hasta el cansancio su invitación a participar de una Paso en común con eliminatoria directa, confiado en que le ganaría.
Los resultados del domingo le dieron la razón: tenía hilo en el carretel para ganarle, y ahora el caballo del comisario en este espacio de electorado opositor que ambos comparten. No es un misterio que ambos coquetean con un electorado similar, de perfil opositor en la ciudad y hasta a nivel nacional, con estilo asociado a la juventud (lo de asociado tiene que ver con la edad de ambos, un tanto alejados ya de las juventudes) y aspecto rubio y simpático. En ese redil, Colombo demostró el domingo ser más eficiente: obtuvo casi 14.000 votos contra los menos de 10.000 de Cáceres, superando a los más de 3.000 del ciudadano Alberto Sánchez y los más de 2.000 del radical Gabriel Russo. 
Esto últimos competían contra Cáceres y quedaron eliminados como se suponía que ocurriría, ambos igual marcando dignos registros. Porque esos votos migrarán, no necesariamente en el destino que le señalen sus referentes. Aquí está el asunto: porque se tratan de votos también opositores, pero se trata de un campo fértil para Colombo. Ex radical y opositor, dispone de medios para atraer a esas voluntades, en especial ahora que se verificó como la opción más ganadora del sector.
Ese será el desafío de Colombo para crecer y acercarse a la posibilidad de triunfo. Además de intentar aspirar votos de Cáceres con el argumento que es él quien tiene las mejores chances para ganar, y que el electorado capitalino identificado con la oposición que busque una opción de triunfo podrá encontrar en Colombo a la opción más competitiva, según se desprende de los votos del domingo pasado. Ese voto útil no es un invento de nadie: es una opción real, legítima por otro lado si es que pretende asegurarse una opción real que no esté alejada de las convicciones. 
La usa el propio Macri a nivel nacional, insinuando que la opción más competitiva para disputarle el poder al kircherismo es él y por lo tanto tratando de atraer votos de Massa: lo que es un caramelo para el PRO en el rango nacional puede ser una bofetada para el mismo PRO en San Juan.
Hizo una muy buena elección Colombo con sus casi 22 puntos y con picos en los centros de votación entre las 4 avenidas capitalinas. De hecho ganó en todas las mesas del Central Universitario. Para poder convencer a votantes de Cáceres en las Paso y acercarse al triunfo, tendrá trabajo en los lugares más alejados de la Capital. Además de afinar alguna estrategia: una de ellas es la gestión en curso para sumar a su boleta capitalina la presidencial de Macri, un asunto al que el PRO local se resiste pero que al jefe porteño puede servirle como un granito de arena para acercarse a Scioli. Se verá qué prevalece.
La opaca performance de Cáceres tanto en las urnas como en la estrategia queda subrayada ante el contraste del buen resultado de Macri. Al PRO, en general, le fue bien a nivel país con una marca de más de 24 puntos nacionales, contra los menos de 15 en San Juan, apareciendo detrás de Massa. En las provincias vecinas también: casi 30 en La Rioja, ni hablar de Mendoza donde Macri ganó como presidencial. A nivel departamental, Macri sacó casi 29 puntos en Capital y Cáceres sólo 15: lo cortó uno de cada 2 votantes de Macri, lo que más allá del bajón es una oportunidad para poder crecer.
A esa baja planilla, el PRO local debe agregar que la estrategia de sentarse arriba de la candidatura de Macri no resultó la acertada, y desde allí deberá ahora intentar la remontada en lo que fue su apuesta para estos comicios, la Capital.
El problema para este eje opositor del que Colombo resultó ser su opción más taquillera es que le nació en el oficialismo un postulante del mismo aspecto: Franco Aranda, el contundente triunfador de la interna peronista, no tiene nada que envidiar a esta nueva generación de candidatos a los que les sienta bien la campera canchera de moda, y encima dispone ahora detrás suyo a toda la maquinaria del oficialismo, con el atractivo adicional de una boleta con los nombres de Gioja, Uñac o Scioli.
Si fue una sorpresa o no la irrupción de Aranda sobre un histórico del PJ como el ministro Dante Elizondo, forma parte ya del pasado. Habrá que evaluarlo en su totalidad: Dante arrancó de arremetida hace más de un año y pensó que estaría sólo en la contienda, pero apareció Aranda y creció descomunalmente a fuerza de los que fue dejando de lado el propio ministro de Turismo. Se encolumnaron así del lado de Aranda el grueso del funcionariado de la actual gestión municipal comandada por Marcelo Lima, además del poderoso gremio de UPCN de la mano de quien incluso supo amagar con ser postulante, Pepe Villa. Su poder de movilización y de logística quedó demostrado el domingo, la tracción de votos quedó a cargo del propio Aranda, un joven dirigente que salió a competir con una imagen más aggiornada y que le dio resultados.
Por todos esos motivos, Aranda parece correr ahora con cierta ventaja en un distrito que siempre se mostró arisco con el PJ pese a que las dos últimas gestiones fueron ejercidas por el peronismo. Como todo el público de las capitales, a San Juan capital suele espantarle el olor de las grandes movilizaciones populares y por eso le cuesta siempre penetrar en un electorado distinto.
Pero Aranda no se parece al dirigente clásico sino que queda más enrolado en la versión moderna a la que ponen el cuerpo desde Sergio Uñac hasta el propio postulante presidencial Daniel Scioli. Será difícil quitarle votos por ese lado, y a eso Franco le suma que será el depositario exclusivo de todo el potencial del Frente para la Victoria en uno de los departamentos más difíciles por toda la vida, pero donde Uñac obtuvo casi el 50% de los votos y Basualdo el 25%, mientras que la presidencial también la ganó holgadamente el FpV con Scioli arriba con el 40%, Macri con el 30% y Massa con el 20%.
Por todos esos motivos es Franco Aranda el candidato que aparece mejor perfilado. Y es posible también que comience a verificarse una polarización con el opositor que mejor mide, Rodolfo Colombo, y terminen protagonizando un duelo entre los dos si es que la gente empieza a perfilar un voto con mayores chances de triunfo ante el PJ.
Es justamente ese voto útil lo que sucede siempre después de una Paso, en la poca experiencia nacional y provincial. Ese posible mano a mano es lo que anticipa la cátedra, Antonio de Tommaso, del IOPPS, por caso. Habrá dos meses y medio por delante para verificarlo.

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