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La batalla del Este, lo más atractivo sobre el cierre

Se da en Caucete el cruce electoral más cerrado, entre varios departamentos disputados. Pulsean Mariela Ginestar y Julián Gil, pronóstico incierto en un distrito siempre raro. El factor Emilio y el factor Juan. La foto de la sorpresa. Por Sebastián Saharrea
sábado, 10 de octubre de 2015 · 09:20

Tierra adentro, hay varias patrias chicas de pronósticos indefinidos: Caucete, Valle Fértil, hasta Rivadavia y Capital. De todos ellos, el departamento del Este es el más atractivo por más de una razón: un esquema político que aparece patas para arriba, la clásica combatividad caucetera, la bola sin manija de varios referentes y un repunte opositor que los tiene entusiasmado. Cantan los números que se puede estar ante un cabeza a cabeza que se definirá, como en las ajustadas clásicas de los hipódromos, por método de photofinish.
Primero, lo primero. No siempre una interna cruda y a corazón abierto deja resabios difíciles de cicatrizar, pero éste sí es el caso caucetero. Disputaron a brazo firme Mariela Ginestar y Emilio Mendoza, reeditando un viejo clásico que data desde tiempos de la carta orgánica, y se sacaron minúsculas diferencias.
Fue el canto de una uña la distancia que le sacó Mariela, lo que hizo que no se pudiera evitar algún pataleo del caudillo caucetero por un eventual manoseo en el recuento. De todas formas, el evento y la pequeña luz de ventaja fueron finalmente convalidadas por el ex mandatario. Lo que sigue sangrando no es precisamente el liderazgo de la actual diputado sino la compañía.
El Emilio perdió y no se lo ve prendido al carro del ganador, como manda el manual del buen peronista. Existen incluso los que señalan que hasta podría verse su muñeca jugado para el otro lado. Como en el truco, en el campamento del Emilio quieren el primero y pasan el segundo. Pero explican que su falta de cariño con la campaña actual no se trata de un desplante hacia la candidata –con la que el líder perdió nuevamente pero admite el resultado- sino con la compañía.
Y la compañía no es otro que Juan Elizondo, el actual intendente que recaló en el primer lugar de la lista de postulantes a concejales, que tampoco se lleva demasiado bien con Mariela y que tampoco participa demasiado fervientemente en las caminatas. La relación de Elizondo-Mendoza, los dos coroneles caídos bajo el liderazgo de una generala, no es ni siquiera cordial y allí radica el motivo principal del vacío del Emilio y su gente. Que no será decisiva para ganar o perder, es cierto, pero que siempre empuja para el lado donde tire.
No se toman mucho trabajo los muchachos del Emilio para disimular su enemistad manifiesta hacia todo lo que haga o diga el actual intendente. Cuentan en voz alta presuntos tropezones en la gestión sin reparar en testigos y plantean su posición. Que han dicho a todos sus allegados que hagan lo que les parezca, pero que hay una historia que respetar. Esa historia no son los lances ganados y perdidos con la actual postulante, sino la batalla sin fin con Elizondo. "Eso no lo podemos avalar, no podemos salir a poner a cara por ellos”, sostienen sin problema ante cualquier interlocutor.
Más que evidente entonces resulta que esa enemistad termina salpicando el esfuerzo de Mariela, a quien ambos deberían reportar. Lo que ocurre entonces es que la campaña de la mujer, una candidata muy presentable y desenvuelta, termina cosechando lo peor de ambos referentes –sus malas imágenes- sin beneficiarse de lo mejor, que es su poder de tracción en nichos bien definidos de la sociedad caucetera.
Habrá reuniones inmediatas para corregir este defecto de fábrica del armado oficialista, como también para redefinir algunos de sus fundamentos operativos. Es que todo el diseño tuvo momentos en que todo pareció crujir: la resistencia de Juan Elizondo a retirarse sin ocupar espacio, la multiplicación de postulantes, el rol del Emilio.
Además de las propias dificultades personales que tuvo la propia Mariela. Operada de urgencia en el medio de la campaña para nada menos que recibir el transplante de un riñón, circunstancia que pudo haber jugado en contra porque la tiró a la cama largas semanas en las que no pudo ni aparecer en público, también pudo haber tenido su reflejo a favor políticamente hablando por el apoyo personal que genera. Además debió atravesar Mariela algún episodio familiar con su hermana Adriana, quien sorpresivamente también se postuló a intendenta.
En medio de todo ese revuelto es que fue creciendo el postulante opositor. Que dio la sorpresa porque no se trató de quien parecía una fija, Silvio Ibáñez –ex funcionario y compadre de Elizondo-, sino de Julián Gil, quien lo derrotó en la interna. Tanto peor para Mariela: Gil tiene mejor imagen que Ibáñez y parece envalentonado.
A quien pregunta sobre él, en el basualdismo ponen un ejemplo: cuentan que un día luego de las Paso y consumado su triunfo sobre Ibañez se apareció el caucetero en el cuartel general pidiéndole al senador reemplazar a un candidato a concejal de la lista. Le explicó que había en la agrupación un reglamento para que nadie faltara más de dos veces, y el que lo hiciera debería irse. Ocurrió con un candidato a concejal: faltó tres veces a las reuniones.
Los basualdistas que lo escuchaban no lo podían creer. Encima, el postulante en cuestión ocupaba el quinto lugar entre los suplentes, sin la más mínima expectativa de ingresar. Pudieron convencerlo de que desista del reglamento, pero cuentan la anécdota para ilustrar a este dirigente que viene del peronismo y que de pronto se encontró disputando mano a mano la intendencia.
Lo ayudan los que están del otro lado y no se terminan de juntar, por lo menos hasta que los llamen a todos desde el cuartel central de calle Paula para levantar en peso a toda la dirigencia caucetera que pone en riesgo un resultado. En ese sentido, no se descarta que el Emilio recupere las ganas o que Elizondo deje de patear para el otro lado.
Encima, Gil ha tenido una colaboración adicional que pudo haberles caído como una bendición. Derrotó en la interna a Silvio Ibañez, el más polémico de los dirigentes del departamento, con una imagen muy desgastada por temas judiciales. Y lejos de sumarse a la campaña del derrotado, Ibáñez se sacó una foto difundida con la propia Mariela. Habrá que ver si la dieron a conocer los amigos o los enemigos, cuestión que el caso ratifica que en política lo que parece sumar a veces parece una mochila de plomo.

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