cómo se vio a la presidenta

Cristina, a pura emoción: Dios, la Patria y Él

Por Sebastián Saharrea - Mantuvo el luto y elevó a Néstor a la fórmula de juramento. Anticipo para lo que viene: la presencia de su esposo como orientador político y emocional. Los gestos de una Presidenta conmovida.
sábado, 10 de diciembre de 2011 · 13:52

Como imaginarán, adelantó Cristina al inicio de la hora larga en que habló desde el Congreso, no es un día fácil. Y no lo era, ni para ella ni para su familia, protagonista de un día a pura emoción. Su hija Florencia entregando el bastón de mando. Máximo, el preferido, conmovido hasta las lágrimas como nunca se lo había visto. Su nueva aplaudiendo entusiasmada. Su madre en primera fila. Alicia apareciendo desde atrás de los ministros en gesto de contención.
Cristina no abandono el luto que viene llevando desde el día que tuvo que sepultar a su esposo. Aquel día de fines de octubre del año pasado en que todo cambió, ella adoptó el color negro y hoy era un momento bisagra para iniciar un nuevo período. Pero ella decidió hacerlo conservando el color del dolor, con algún bordado pero siempre sobrio. Y decidió también que la presencia de Néstor será estelar y que lejos de apagarse cobrará cada vez más brillo.
No fue para ella un día fácil, quedó claro. Asumir el desafío que ninguna otra mujer consiguió –la reelección- en soledad política y emocional, no fue fácil. Desde allí arriba pasó revista de su gestión de 4 años, pero aún más repasó la gestión de Néstor. Se dejó llevar por las lágrimas más de una vez, despreocupada por las frecuentes invasiones de la emoción. Lanzó alguna chicana a sus opositores políticos, focalizando en alguna suave alusión a Cobos o a los aplaudidores del default. Se entusiasmó con los datos que fue leyendo. Procuró correrse del tono aleccionador de dedo alzado y mostrarse visceral. Fue ella cuando desplegó su infinita capacidad oratoria para dejar un mensaje suculento sin leer sino acompañada sólo por algunos ayuda-memoria.
Pero hubo un pasaje identificatorio como ninguno. Fue sobre el final, cuando dijo: Yo no soy yo, soy un proyecto colectivo”. Y se permitió dirigirse a sus “compañeros y compañeras”, los que pusieron el cuerpo en la calle y en el Parlamento para que el momento de su reasunción fuera posible. Allí pareció decir que su continuidad fue mucho más que una decisión personal. Que sin Néstor, le faltan las ganas de seguir. Pero, justamente, sin Néstor debía seguir.
Y se volvió a acordar de El en su promesa final. Que no dejará, como prometió Kirchner el 25 de mayo de 2003, las convicciones en la puerta de la Casa Rosada. “No sólo no las dejó, sino que lo que dejó fue la vida”, lo recordó.

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