Personaje

Viviani, el peronista que tumbó la Libertadora y olvidó la historia

Hace 60 años compartió boleta con Juan Domingo Perón y ganó la gobernación de San Juan. Encaró la reconstrucción tras el terremoto. Pero el golpe truncó su gestión. Sufrió la proscripción, la persecución y la cárcel.
martes, 29 de noviembre de 2011 · 08:35

Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan
 
El 11 de noviembre de 1951 las urnas se llenaron de votos peronistas. Hace 60 años, Juan Domingo Perón obtuvo la reelección con el sufragio femenino y en San Juan su candidato fue un angaquero, vicepresidente primero del Senado de la Nación hasta ese momento. Rinaldo Viviani se convirtió así en el gobernador justicialista que asumió el poder en 1952 con mandato hasta 1958, pero lo derrocó el sangriento golpe militar denominado “Revolución Libertadora” en 1955. Fue un hombre de paz, seguidor de Ruperto Godoy y muy cercano a Evita. Sufrió la proscripción y la persecución. Sin embargo hubo algo más doloroso. La historia lo olvidó.
Viviani nació el 28 de febrero de 1913 en Angaco y se casó en 1939 con la maestra Anatilde Rafaela Pardo Pringles, con quien tuvo cinco hijos: Elena (falleció hace 9 años), Estela, Elsa, Rinaldo y María Rosa. Los cuatro primeros vivieron en la Casa Número Uno, en Desamparados.
El joven gobernador de 38 años tenía una larga militancia política en sus espaldas. Curiosamente, como muchos otros, había empezado en el radicalismo durante sus años de estudiante universitario en la Escuela de Minas, donde egresó con el título de Ingeniero Químico. Allí fue presidente del centro de estudiantes radicales en 1934, según recordaron sus hijos con recortes de diario en mano, en una charla con TIEMPO DE SAN JUAN.
El joven Viviani se sintió atraído por la propuesta del coronel Perón en Buenos Aires y de Ruperto Godoy –abuelo del actual senador electo- en San Juan. Así empezó a trabajar políticamente primero en el Partido Laborista, luego en el Justicialista.
En 1948 fue ministro de Gobierno de Godoy. Pero también fue titular de Hidráulica, de Protección al Menor y de Vialidad.
Designado por la Legislatura Provincial, se convirtió en senador de la Nación. Y allá, con un fino manejo discursivo –lo reflejaron las publicaciones de la época- terminó como vicepresidente primero. Desde ese sitio el partido lo mandó a Salta, para normalizar el justicialismo en aquella provincia durante la primera presidencia de Perón, en junio de 1949.
Era un dirigente de gravitación nacional en el armado peronista. Tenía afinidad con Evita y la primera dama fue decisiva a la hora de nominarlo como candidato a gobernador en San Juan.
El 11 de noviembre de 1951 fue la primera vez que las mujeres tuvieron la posibilidad de participar de un acto comicial a nivel nacional. La fotografía inmortalizó a Evita en su cama, gravemente enferma, depositando el voto en la urna. En San Juan el cantonismo había consagrado ese derecho en la Constitución de 1927, pero sólo para categorías provinciales.
El resultado del comicio fue una aplastante victoria para la fórmula Juan Domingo Perón-Juan Hortensio Quijano (62,5%), por encima de la segunda fuerza, encabezada por Ricardo Balbín-Arturo Frondizi (31,8%). En San Juan, Viviani alcanzó los niveles de votación nacionales, según recordó su familia. Su candidato a vicegobernador fue el sindicalista Adolfo Castro Luna. Era prácticamente un desconocido para el gobernador electo, pero representaba la prenda de unidad con la pata gremial del peronismo en el distrito.
 
Los días en Desamparados
 
“Vivíamos en la Casa de Gobierno. Era una vida muy tranquila. Yo tenía 8 años”, recordó Elsa Viviani, sentada a la mesa del comedor de la casa donde murió su padre el 10 de junio de 1979, sobre calle Entre Ríos. Sus hermanos asintieron. Eran días de bicicletas y carritos infantiles en los callejones internos de la ex Escuela de Enología, donde quedó definitivamente asentada la gobernación hasta la actualidad.
“Hablaba mucho de Perón”, dijo Estela. “Pero el papá era más regalón de Eva. Le mandó una canasta para Navidad”, agregó María Rosa, exhibiendo luego el obsequio que aún conserva la familia.
Todas las hijas mujeres coincidieron en señalar a su único hermano varón como el retrato vivo del ex gobernador, por el impresionante parecido físico. “Pero tenía una fluidez en el discurso que no tenemos nosotros”, admitió el hombre. “Papá nunca estaba. Siempre se dedicó a lo demás, a su política”, agregó. “Pero él nos mandaba cartitas personales a cada uno desde Buenos Aires o desde Salta”, corrigió Elsa. Todos fueron a la Escuela Normal Sarmiento.
A Viviani le tocó continuar con la reconstrucción de la ciudad luego del terremoto de 1944. Empezó a edificar el Hospital Marcial Quiroga y varias escuelas como la de Pachaco, según recordaron sus hijos.
Adhirió al Segundo Plan Quinquenal de Argentina y, con ello, impulsó la tecnificación rural y la diversificación de varietales de la vid, además de estimular la radicación de poblaciones rurales. En 1953 inauguró el Observatorio Astronómico Félix Aguilar y creó el Instituto Preuniversitario San Buenaventura. Dispuso la intervención de la Municipalidad de 25 de Mayo.
Durante su gestión de gobierno, en 1954, comenzó a construirse la nueva catedral. También inauguró el monumento a Guillermo Rawson, en Avenida Rawson y Córdoba.
 
El golpe militar
 
El 16 de septiembre de 1955 los aviones de la Marina bombardearon Plaza de Mayo. Comenzó la llamada “Revolución Libertadora”, un levantamiento militar –con apoyo de las clases conservadoras- que surgió para asfixiar al peronismo.
“El papi esa semana iba a homenajear a las docentes de la Escuela Normal Sarmiento”, recordó Estela. Pero nada de eso, nada de lo previsto en la agenda oficial, pudo cumplirse. Enterado de las noticias que llegaban desde Buenos Aires, Viviani decidió permanecer en Casa de Gobierno, a la espera del interventor que designara el gobierno de facto. Pero inmediatamente dispuso el traslado de su familia a la casa de un pariente.
Una llamada telefónica desde Mendoza le advirtió que no debía esperar a los militares en la Casa de Gobierno, porque la toma del poder había sido muy violenta y así se replicaba luego en las provincias. El angaquero dejó el poder, ante los hechos consumados.
Lo que vino después fue la persecución y la detención. Viviani terminó preso en el Penal de Devoto, en Buenos Aires. En su contra habían levantado el cargo de “alta traición a la Patria”. Le imputaban haber votado a favor de la suma del poder para el presidente Perón cuando era senador de la Nación, sin importar que el sanjuanino no estuviera presente en la sesión aludida, porque se encontraba ejerciendo su cargo de interventor del Partido Justicialista en Salta. Además lo acusaron de malversar fondos públicos en la ejecución de las obras de la reconstrucción.
“No estábamos escondidos, pero sí guardados”, explicó el hijo varón de Viviani, Rinaldo. “Éramos niños. Entraban siempre a media noche. Nos levantaban. Nos apuntaban con las ametralladoras. Fue muy traumático”, recordó Estela. Estuvieron cerca de una semana sin ir a la escuela.
Sin embargo, Viviani se ocupó de desdramatizar el relato cuando tuvo la oportunidad de reencontrarse con sus hijos. Con humor les contó acerca de los días de prisión en Devoto. De cómo sus compañeros de celda sobornaban a los guardiacárceles para obtener una mejor ración de comida o algún otro favor en el cautiverio. “¡Él contaba con humor su detención! ¡Por eso no tenemos rencor!”, aseguró Elsa.
Sin embargo, más allá del esmero puesto por Viviani para proteger a sus hijos de aquellos días difíciles, la proscripción fue inocultable: “Fue un muerto político, muerto económico y muerto civil”, definió Rinaldo.
Le declararon interdictos todos sus bienes y recién en los años ’60 le levantaron la interdicción. No podía comprar ni vender nada. No podía trabajar para el Estado ni podía ejercer su profesión. Para muchos sanjuaninos, para muchos compañeros de militancia, la familia Viviani se convirtió en mala palabra. Se cayeron amistades.
La esposa del gobernador depuesto era vicedirectora concursada de la escuela Paula Albarracín de Sarmiento, pero después del golpe fue degradada de categoría a maestra común y la dejaron en disponibilidad. Es decir, seguía cobrando el salario de maestra de grado, sin tener ninguna escuela asignada.
Con ese magro salario subsistía la familia del ingeniero químico, hasta que decidió trasladarse solo a Calingasta, donde la familia de su esposa tenía propiedades cultivadas. Se dedicó al trabajo de la tierra para ayudar a los suyos. “Siempre tuvimos custodia policial en la puerta”, acotó Elsa.
 
Nunca más
 
Viviani no regresó a la política activa después de aquellos difíciles años de persecución y proscripción. Sus hijos recordaron que en el ’62 lo fue a buscar don Leopoldo Bravo, para sumarlo a “La Reforma” (el búnker de operaciones bloquista de la época). Pero nunca aceptó ocupar lugares de exposición pública, más allá de que permaneció vinculado a la dirigencia política del momento. “Él no renegó de la política. Él no renunció a sus ideales, pero se había desilusionado”, reconoció Estela.
 

 
Familia de políticos
 
Ninguno de los cinco hijos del ex gobernador Rinaldo Viviani se dedicó a la política. Sin embargo, por obra del azar o del destino, sus cónyuges sí tuvieron o tienen militancia política y responsabilidades en cargos públicos.
El único hijo varón del ex gobernador peronista, homónimo de Rinaldo Viviani, está casado con Mónica Arturo, actual directora de Cultura de la Provincia, dependiente del Ministerio de Turismo y Cultura que encabeza Dante Elizondo.
Por otro lado,  la mayor de los Viviani, María Rosa, está casada con Blas Alberto Chávez, ex secretario general de la Gobernación durante la gestión bloquista de Wbaldino Acosta.
 

 
El fumador y El Tuerto
 
Siendo gobernador, Viviani sufrió dos infartos. Era un fumador incontenible. El primero ocurrió en San Juan y el segundo, mientras lo atendían en Buenos Aires. Un paro cardíaco terminó con su vida en 1979, en la casona de calle Entre Ríos, donde lo velaron y, pese a estar al mando los militares nuevamente –el interventor Ángel Zamboni-, tuvo honores de ex gobernador.
Su familia recordó que en el lecho de muerte, en la casa de calle Entre Ríos, Viviani les pedía que encendieran un cigarrillo, al menos para sentir el olor del tabaco quemado. Su estado era terminal y el médico Ricardo Peñate les aconsejó que le concedieran ese deseo, porque ya era irrelevante el daño que le podía provocar.
Su velatorio fue en el living de esa casa, en la planta baja. Estuvieron sus mejores amigos de la política, como José Amadeo Conte Grand, Ruperto Godoy hijo (padre del actual senador) y Eusebio “El Tuerto” Zapata, quien dio un discurso muy fuerte, referido a los militares y a la persecución que sufrieron los peronistas –y seguían padeciendo en esos días- y en particular el ex gobernador fallecido.

Comentarios