HISTORIAS DEL CRIMEN

La banda de la Costanera que asaltaba a parejas y violaba en manada a las chicas

Era un grupo de catorce jóvenes, la mitad de ellos menores de edad, que salía a atacar de madrugada y asolaba la zona detrás de la fábrica de carburo. Se comprobaron dos hechos, pero hubo sospechas de que cometieron más robos y violaciones.
domingo, 12 de septiembre de 2021 · 08:16

Muchos sanjuaninos suelen recordar el conmocionante caso de los nueve jóvenes que violaron a dos chicas porteñas en el camping El Pinar, pero tiempo antes hubo otros ataques sexuales en manadas. Entre fines de 1973 y febrero de 1974, una banda de catorce muchachos asoló la Costanera en Chimbas. Una patota en el que participaron algunos adolescentes y que emboscaban a parejas y grupos de amigos que iban a esa zona en autos. Un grupo que asaltaba a sus víctimas, pero que además llegó a violar a cuatro chicas.

Esta es la corta historia de una banda que, a diferencia de los chicos de clase media involucrados en el caso de El Pinar, estaba conformada por jóvenes de Villa Observatorio y sus alrededores y a la que se le comprobaron dos asaltos y violaciones grupales. Pero que, se sospecha, perpetraron otros ataques que jamás fueron denunciados por sus víctimas.

El paisaje de la Costanera quizás sea igual al presente. Ahora hay más barrios y asentamientos en cercanías del penal de Chimbas y la fábrica de carburo, pero en aquel entonces era aún más desolado. Un sitio elegido por parejas y amigos que buscaban intimidad o simplemente de divertirse lejos de la vista de todos.

Un paseo de terror

Algunos de esos ocasionales visitantes de las orillas del río San Juan fueron Juan Carlos y Daniel, que andaban acompañados por las hermanas María, Laura y Elsa y la prima de estas, Nancy, en un auto Ford Falcón. No se da sus nombres completos para resguardarlos, pero se puede decir que eran jóvenes y unas de las chicas todavía no cumplía los 18 años.

Serían las 2 de la mañana del 4 de febrero de 1974 y no había más personas que ellos al costado de la Costanera, a la altura de la fábrica. Juan Carlos descendió del vehículo junto a tres de las muchachas. Daniel quedó en el auto con la cuarta joven, quería enseñarle a manejar. Charlaban y se reían, de pronto todo se transformó en silencio. Cuando miraron a los costados estaban rodeados por más de una decena de muchachones que cargaban palos, cuchillos y hasta un revólver.

Las chicas tartamudeaban, no sabían qué decir. Juan Carlos y Daniel intentaron conversar y prometieron que ya se marchaban, pero los otros jóvenes empezaron a insultarlos, les dieron unos golpes y los tomaron de los brazos. Estaban entregados a su suerte en medio de la noche y sin nadie a quién pedir auxilio.

Una tortura

Las jovencitas suplicaron y lloraron para que las dejar escapar. No hubo caso. Los delincuentes se pusieron más violentos y trasladaron a sus seis víctimas a los empujones hacia un bajo, entre las arboledas. Parte del grupo mantuvo sujetados a Daniel y Juan Carlos, el resto llevó a las mujeres hasta unos montículos de tierra.

Detenidos.Esta foto fue tomada tras la detención de los autores del robo y la violación de febrero de 1974. Fuente: Diario de Cuyo.

La orden fue que cada una de ellas se desvistiera y se arrojara al piso. Ellas gritaban y rogaban que no les hicieran daño, poco importó a los desconocidos que se fueron sobre las mujeres, dando inició a lo más parecido a una sesión de tortura. Los jóvenes se turnaban para violar sucesivamente a las chicas. Los gritos se perdían en la escasa luz de la noche. Dos de las muchachas recordaron que fueron sometidas sexualmente por, al menos, seis de los agresores. Otra fue manoseada y ultrajada, pero no llegaron a accederla, y la cuarta –la más chica- se salvó porque sufrió un ataque de nervios y aparentemente los violadores sintieron lástima por ella. Todo esto ante la mirada desconcertada de sus dos amigos.

Pasó un rato largo hasta que se cansaron de someter a las chicas. Después les dijeron que se pusieran sus ropas. A una de las jóvenes le robaron su reloj y a Juan Carlos le quitaron los 2.500 pesos que cargaba en un bolsillo. En ese instante la patota emprendió la fuga corriendo en dirección a los caseríos. Los dos amigos y las chicas subieron desesperados al Ford Falcon y abandonaron la zona a toda velocidad temiendo que los delincuentes regresaran. Cuando entraron al casco urbano pidieron ayuda y se dirigieron la Seccional 17ma de Chimbas.

La investigación

El hecho llamó la atención a los policías, estaban en presencia del accionar de una patota que no sólo fue a robar. Sorprendía el ataque sexual en grupo y contra tres chicas a la vez. Desde la Jefatura de Policía dispusieron que muchos investigadores de esa y otras dependencias se abocaran a trabajar en el caso. Tenían pistas. Además de las descripciones de algunos de los delincuentes, a partir de los datos proporcionados por las víctimas sabían que la banda había escapado a pie hacia la zona de Villa Observatorio.

En la mañana del 4 de febrero de 1974, los policías empezaron a recorrer ese barrio y averiguaron sobre quiénes podían ser los autores del ataque. Recogieron testimonios que afirmaban que había un grupo de jóvenes de Villa Observatorio que andaba en patota, se reunían en un bar y estaban acostumbrados a meterse en problemas. Vecinos contaron que la noche anterior los vieron juntos. Señalaban como los cabecillas a un tal “Mingo” Pastén y a “El Negro” Martínez.

Ese mismo día ordenaron los allanamientos en los domicilios de algunos de esos jóvenes. Fueron tan repentinas las redadas que los sospechosos no supieron qué decir y se contradijeron a la hora de explicar que habían hecho en la madrugada. Pero hubo uno, identificado como Juan Manuel Díaz, que se quebró y largó todo. Empezaron a saltar los nombres y uno a uno fueron detenidos. En total, catorce. El más grande tenía 25 años, otros seis entre los 21 y 18 años. Los siete restantes eran adolescentes de 16 y 17 años.

El otro caso

Por esas horas los investigadores reflotaron otro asalto y violación de la madrugada del 2 de diciembre de 1973. La denuncia también mencionaba el accionar de una patota en la misma zona de la Costanera. Las víctimas habían sido un joven de familia adinerada de nombre Héctor, quien estaba en compañía de una chica en un auto Torino rojo.

Ese muchacho denunció que fue golpeado por un grupo de más de 10 jóvenes, que le sustrajeron 4.000 pesos, un reloj, una pulsera y un anillo con sus iniciales, todo de oro. A su novia le robaron una cadenita con la imagen de la Virgen de Luján. También reveló que ella había sido violada por varios integrantes de la patota.

Escenario. Así luce en la actualidad la zona de la avenida Costanera, en  Chimbas.

En los allanamientos secuestraron algunos de esos objetos robados. En la casa del Antonio Domingo “Mingo” Pastén y de su hermano, otro de los detenidos, encontraron el reloj de oro y el anillo. A Juan Manuel Díaz le hallaron la pulsera de oro.

Esos secuestros y la propia confesión de uno ellos fueron evidencias para vincularlos a los dos ataques. Por parte, las víctimas reconocieron a la mayoría de los detenidos como los autores del asalto y las violaciones. Con eso dieron por esclarecido los dos hechos, pero en los investigadores permaneció el interrogante de cuántos robos y violaciones cometieron realmente. Sospechaban que hubo más víctimas por los ataques de esta patota, pero que prefirieron guardar silencio y no denunciar por miedo a la exposición y a la humillación pública.

Fue el caso de la novia de ese joven llamado Héctor -del Torino-, que no quiso denunciar la violación. Como en aquella época las denuncias de abusos sexuales eran de instancia privada, la sola declaración del muchacho no alcanzó para que avanzaran en la investigación de la violación y por eso el hecho fue calificado únicamente como robo.

Condenados y liberados

Los siete adolescentes de 16 y 17 años quedaron sometidos a un proceso dentro del Régimen de Minoridad y el 12 de julio de 1974 fueron entregados a sus padres. José Nicolás Martínez, Antonio Domingo Pastén, Ceferino Segundo Rivera, David Montaña, Juan Manuel Díaz, Carlos Dionisio Balmaceda y Vicente Camilo Pérez continuaron detenidos y acusados de los delitos de asociación ilícita, robo reiterados agravado por ser cometido en despoblado y en banda y violación reiterada.

La jueza Mirtha Ivonne Salinas de Duano llevó adelante la investigación en la Segundo Juzgado en lo Penal y los enjuició en 1977. No a todos se les pudo probar su participación en los dos ataques sexuales y los robos, pero sí que conformaban una banda organizada. La fiscalía pidió que todos fueran condenados a prisión, incluso lo menores que para esa fecha ya eran mayores de edad.

El 27 de abril de ese año, la magistrada dictó sentencia. Condenó a 12 años de cárcel a José Nicolás Martínez y a Antonio Domingo Pastén por los delitos de asociación ilícita, robo agravado reiterado y violación agravada reiterada, en concurso real, por los hechos sucedidos el 2 de diciembre de 1973 y del 4 de febrero de 1974. A Ceferino Segundo Rivera, Juan Manuel Díaz, Carlos Dionisio Balmaceda y Vicente Camilo Pérez los castigaron con 8 años de prisión por asociación ilícita y robo agravado reiterado. Y a David Montaña le dieron sólo 4 años de encierro por asociación ilícita.

Con respecto a los otros siete jóvenes, la jueza resolvió declararlos libres de culpa y cargo. El argumento fue que todos ellos eran menores edad al momento de la comisión de los delitos y que habían sido puestos bajo tutela y tratamiento, tal como indica el Régimen de Minoridad y de Familia. Habían cumplido con las medidas de reinserción social y no habían vuelto a delinquir, de modo que correspondía absolverlos, sentenció.

Comentarios