Historias del crimen

Y no es cuento chino: el norcoreano que cayó preso en San Juan por robar a la Policía

Fue un ciudadano de Corea del Norte de 24 años que llegó a la provincia en 1958 en busca de trabajo y acabó en la cárcel. Todo indica que fue un soldado tomado como prisionero de guerra por las tropas de Corea del Sur y que, después de liberado, buscó asilo en Argentina.
domingo, 16 de mayo de 2021 · 09:05

Más de 19 mil kilómetros lo separaban de su hogar. Había atravesado tres continentes. Sus 24 años no le alcanzaban para contar sus mil y una pericias por sobrevivir. Pero estaba aquí en San Juan. Solo, en una tierra tan extraña como su lengua. Sin un peso y ni un techo donde guarecerse del frío de julio. Entonces pensó que lo mejor idea era partir hacia Mendoza a buscar otro destino y emprendió esa nueva aventura, aunque para ello tuviese que robar una bicicleta a la propia Policía.

Y no es cuento chino, es un cuento coreano. Mejor dicho, la historia real del norcoreano que en 1958 pasó fugazmente por la provincia y terminó preso en la Cárcel Pública por hurtar una bicicleta de un destacamento policial de la capital sanjuanina. El increíble caso del joven oriental que, se puede decir casi con certeza, era uno de los doce prisioneros de guerra que llegaron a Argentina a mediado del siglo pasado escapando del conflicto bélico entre las dos Coreas.

Los registros son pocos, pero las páginas de una antigua sentencia judicial son el testimonio fiel de una pequeña parte de esa odisea de Hong Il Seop por estos lugares. Las notas tomadas con una vieja máquina de escribir dejaron asentados sus otros datos personales: norcoreano, con instrucción, de oficio mecánico y con domicilio en Balcarce al 225 en Capital Federal.

Foto de los prisioneros de guerra de Corea. Fuente: RedAcción

Queda en la incógnita, como sus tantos caminos recorridos, qué lo llevó a probar suerte en el interior del país. Llegó a San Juan entre junio y principio de julio de 1958 con el único deseo de buscar trabajo y una nueva vida. De seguro anduvo deambulando unos días. El idioma no lo ayudaba. Sin dinero y nadie que lo conociera, no le fue bien. No encontró siquiera un lugar en el cual hospedarse y no tuvo otra alternativa que implorar refugio en dependencias de la División General de Vigilancia de la Policía de San Juan, en la Capital sanjuanina. Su condición de paria y de extranjero despertó la compasión de los policías que le hicieron un espacio para que pasara algunas noches.

Nuevo rumbo

Hong Il Seop pronto comprendió que le resultaría difícil y que no tenía mucho sentido seguir en esta pequeña ciudad. Mendoza no estaba lejos. No perdía nada si mudaba sus esperanzas a otro pueblo, así fue que resolvió que lo mejor sería tomar rumbo a esa otra provincia cuyana. Pero claro, no contaba con dinero para un boleto de tren o colectivo. Lo pensó mucho y no le pareció descabellada la idea de viajar en bicicleta. El problema era de dónde sacarla.

Había hecho tantas cosas en sus 24 jóvenes años, que el 5 de julio de 1958 decidió que no quedaba más alternativa y confirmó ese refrán que dice que “la necesidad no conoce leyes”. El coreano se la jugó. En una osada acción, robó una bicicleta a los policías que le habían dado cobijo. Sí, en un descuido sustrajo una de las bicis que se hallaban en la entrada de la División General de Vigilancia y que los uniformados usaban para sus recorridos. Con mucho disimulo montó en ella y se lanzó a otra nueva hazaña.

Quién sabe cómo era el estado de la ruta 40 en esos años, pero se arriesgó a la complicada travesía de recorrer más de 160 kilómetros. Lo que es cierto es que debe haber sudado hasta los huesos en esas horas de pedaleo con el viento Sur en contra, pero no llegó ni a mitad de camino. Al arribar al puesto policial del Control San Carlos, los agentes le cortaron el paso. Imposible que no reconocieran esa bicicleta roja de la repartición. Hong no supo explicar qué hacía con ese rodado. Tampoco podía hacerse entender con sus palabras. Ahí culminó su viaje. Como era de suponer, los uniformados lo detuvieron. Primero lo llevaron a la Seccional 8va de Sarmiento y posteriormente a la ciudad Capital.

A la cárcel

Fue acusado del delito hurto simple, nada más y nada menos que en perjuicio de la Policía de San Juan. Otra vez Hong Il se encontró tras las rejas, pero en la vieja Cárcel Pública de una provincia totalmente desconocida para él.

En abril de 1959, Hong Il Seop tuvo que responder ante el Juzgado del Crimen de 3ra Nominación de San Juan. Su confesión y la declaración del policía Juan Pacheco -el que lo apresó en San Carlos-, no dejaron escapatoria al norcoreano. El delito que le atribuían no era grave, sólo hurto simple. No había ejercido violencia al momento de sustraer el rodado.

El juez del caso consideró como atenuante la confesión de Hong, su supuesta “afección mental”    -aunque esto último no fue acreditado por el examen médico-, y el hecho de haber recuperado la bicicleta, según la resolución. La pena fue mínima, lo sentenció a 6 meses de prisión. Pero como ya llevaba meses detenido, dieron por cumplida la condena y le otorgaron la libertad. Qué pasó después con Hong, es un misterio. No hay otros registros de él en la provincia.

Un turbulento pasado

A más de 60 años de aquella huella que dejó Hong Il en su paso por San Juan, hay pruebas o al menos cierta certeza de que ese joven oriental no era cualquier trotamundos. Detrás de él había otra historia. Un duro pasado y hasta quizás épico. Todo parece confirmar que Hong Il Seop era en realidad Hong Il Sob, uno de los doce prisioneros norcoreanos que huyeron de Corea del Sur y buscaron asilo en Argentina entre 1956 y 1957.

El primer contingente de prisioneros norcoreanos que parte a Argentina. Foto publicada por RedAcción y cedida por la Asociación de Coreanos en Argentina.

Es mucha la coincidencia. Esa diferencia en las letras del apellido posiblemente se debió a un error de tipeo, a la mala pronunciación o, por qué no, a que el mismo Hong Il lo haya alterado para que no lo identificaran como uno de los ex soldados de Corea del Norte asilados en Argentina.

Diversas publicaciones refieren que la comunidad Norcoreana en Argentina comenzó a formarse a partir de 1965 con la llegada de 13 familias que se asentaron en Río Negro, pero los primeros en arribar al país fueron esos doce prisioneros de la Guerra de Corea. El periodista Javier Sinay, de la publicación digital RedAcción, escribió en 2018 una investigación que revela en detalle la llegada de esos norcoreanos y lo que sucedió con ellos.

Los jóvenes de la guerra

Todos eran jóvenes y venían de participar en la Guerra de Corea. Un conflicto que entre 1950 y 1953 enfrentó a la República de Corea o la llamada Corea del Sur, apoyada entre otros por EEUU, con la República Popular Democrática de Corea o también denominada la comunista Corea del Norte, aliada de China y la Unión Soviética. Hong Il Sob fue uno de los que estuvo en el frente de batalla de las tropas norcoreanas y que, como otros soldados, cayó prisionero del ejército surcoreano.

En julio de 1953 firmaron el cese del fuego. Actualmente el conflicto sigue vivo, pero en ese momento las dos Coreas acordaron repatriar a sus prisioneros de guerra. Fueron miles los soldados norcoreanos que regresaron a su territorio, no así 76 de ellos que eligieron emigrar a cualquier otro destino, menos a su país.

El primer asilo de muchos de esos prisioneros fue la India, donde permanecieron tres años. Entre ellos se encontraba Hong Il Sob. Pero, así como él y muchos otros, buscaban asilarse en otro país. Estados Unidos y México no les abrieron las puertas. Los que sí estuvieron dispuestos a recibirlos fueron Brasil y Argentina.

Destino Argentina y San Juan

 “Brasil me parecía muy caluroso y por eso elegí Argentina”, relató Kim Kwan Ok, uno de los compañeros de Hong Il Sob y sobreviviente de esa odisea, quien fue entrevistado por el periodista porteño Javier Sinay. En ese relato contó que el viaje fue en avión y que hicieron escala en Suiza, Francia, España, África, Montevideo y finalmente en Buenos Aires. “La única parada de varios días fue en Francia, pero como éramos de un país comunista no nos dejaron salir. Tres días vivimos en el aeropuerto. Ni siquiera en un hotel”, según el testimonio citado en RedAcción.

Una vez que llegaron a Argentina, cada cual tomó rumbo diferente. Uno de ellos fue Hong Il Sop, o Seop, que para mala fortuna suya tiempo después tuvo una malograda y accidentada estadía en San Juan. Kim Kwan Ok contó en RedAcción que años más tarde supo que una parte de sus compañeros partió a Estados Unidos. Otros, como él, se radicaron definitivamente y formaron familia en Argentina y hay algunos sobre los cuales desconoce qué hicieron. Pero aseguró que tiene conocimiento que Hong Il Sob regresó a su país. Si es así, o no, como la increíble historia de ese joven norcoreano que estuvo preso en San Juan, poco importa ya. Y no es cuento chino.

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