HISTORIAS DEL CRIMEN

Parte II: el trágico final del proxeneta que mató a tiros a su novia en el centro sanjuanino

El domingo pasado se contó el caso del salvaje asesinato de Claudia Malla en manos de su pareja, que la atacó a tiros en calle Mitre. Conocé en qué terminó esta historia.
domingo, 10 de octubre de 2021 · 09:03

Existe ese viejo proverbio que dice: “el que mal anda, mal acaba”. Un refrán que, por cuestiones del azar o la propia desgracia, también persiguió a Luis Rubén González. Sí, ese joven proxeneta que en las vísperas de la Noche Buena de 1989 asesinó cruelmente a su novia en el centro sanjuanino. El mismo que pagó con la cárcel por aquel crimen, pero a quién el destino le deparó un final igual de trágico.

No hay explicación a tan mala fortuna, como tampoco la hubo de por qué ese muchacho se ensañó contra Claudia Malla y la maltrató durante el noviazgo hasta que la mató a balazos frente a sus cuatro amigos aquella noche de verano.

Claudia venía de una dura infancia por la pobreza, mamá soltera de muy joven y con el difícil oficio de caminar por las noches como trabajadora sexual. La chica en ese entonces tenía una hija de 5 años y un nene de 3. Él era un joven de 18 años, amante de las malas juntas y con aires de “cafishio” que vio la vida fácil al lado de Claudia. Quizás alguna vez se amaron, pero ella terminó siendo su víctima. La controlaba, le hacía escándalo en los bailes, la golpeaba y cada vez que podía le sacaba el dinero que ella ganaba ofreciendo su cuerpo.

Maltratador

La relación se había vuelto violenta. En ocasiones, Claudia entregaba la plata a sus amigas para evitar que Rubén –lo llamaban por su primer nombre- se la quitara. Le tenía miedo. El muchacho no escarmentaba, pese a que otros proxenetas lo amenazaron y le pidieron que no molestara a la chica. Esto último lo puso más furioso con ella.

La madrugada del domingo 24 de diciembre de 1989, Rubén González salió rumbo al centro capitalino en compañía de su amigo Eduardo Rollano con la idea de buscar a Claudia. Venía algo alcoholizado y llevaba un revólver calibre 22. Llegó a eso de la 1 de la mañana a la “parada” en la que habitualmente trabajaba la joven y no la encontró. Se cruzó con la amiga, Adriana Riveros, a quien preguntó por su novia y después le dijo con voz amenazante: “Decile que cuando la encuentre la voy a matar”.

Riveros fue a buscar a Claudia, que se encontraba junto a Lucía Castro y Esther Morales en la avenida Rawson y Diagonal Don Bosco. Las cuatro muchachas pidieron a un conocido que las llevara en camioneta hasta las calles Mitre y Jujuy, frente al antiguo Banco Hipotecario Nacional. Claudia iba decidida a hablar con González para cortar definitivamente la relación.

Sin piedad

Cuando Rubén González las vio aparecer en el vehículo, los hizo detener. Claudia bajó dispuesta a enfrentarlo, pero él la frenó: “A ver, vos guasa culiada. Vení. Te voy a voy a matar hija de mil puta. Estoy cansado de puterio”. En esos segundos la empujó hacia la vereda, la tomó de los cabellos y la hizo poner casi de rodillas. Mientras ella suplicaba que no la golpeara, él sacó el arma de fuego y le largó dos disparos.

Un balazo impactó en el antebrazo derecho de la chica. El otro ingresó por el costado izquierdo de su cuello y se perdió por la zona del tórax. Cayó moribunda en medio de los gritos de sus tres amigas y el asombro de Rollano. González ordenó a ese otro joven que se llevara el arma y desapareciera.

El propio González y las otras chicas pidieron ayuda y trasladaron a Claudia al servicio de urgencias del Hospital Guillermo Rawson, no sin antes decirles: “Ustedes no digan nada. Cuenten que sintieron el disparo y la vieron tirada. Digan que yo no fui, que llegué después. Pónganse de acuerdo”, según declararon luego las testigos.

Claudia Malla, de 21 años, fue atendida por los médicos, pero ya estaba muerta. El disparo que ingresó por el tórax le perforó un pulmón y la zona de los riñones. Esa madrugada detuvieron a González. Las amigas de la fallecida también fueron trasladadas a la vieja Seccional 1ra y allí dieron detalles de cómo el joven mató a la chica.

Doble condena

Luis Rubén González siempre sostuvo que se trató de un accidente, que jugaba con el arma y se le escaparon los disparos. El juez Enrique Domínguez le atribuyó el delito de homicidio simple y el 18 de junio de 1991 lo condenó a la pena de 14 años de prisión.

La historia no terminó ahí. A González le esperaría algo mucho peor en el penal de Chimbas. Primero se dijo que no se sabía qué fue de su vida. Carina Malla, la hija mayor de Claudia, contó que le había llegado el comentario de que Rubén González fue asesinado dentro de la cárcel, pero no lo tenía confirmado. Lo que le contaron fue que, a tres meses del crimen de su mamá, otro reo lo mató en el interior del penal. Eso no podía ser, dado que llegó a juicio y fue condenado en 1991. Las dudas existían, más por las tres décadas ya transcurridas y sin autoridades judiciales o penitenciarias de aquel momento que pudieran dar fe de la suerte que corrió González.

Esa versión sobre la muerte del muchacho, no era sólo un rumor. Era verdad. Los registros periodísticos revelan que la madrugada del domingo 5 de septiembre de 1993 se produjo una feroz reyerta con “facas” entre internos de un pabellón del Servicio Penitenciario Provincial. El reporte de los guardiacárceles y la Policía provincial señaló que dos reos resultaron heridos, uno de ellos de gravedad como consecuencia los puntazos que recibió en el cuello, el pecho y el abdomen. Ese preso fue derivado al Hospital Guillermo Rawson, donde murió en horas de la noche de ese día. El fallecido era Luis Rubén González, el asesino de Claudia Malla.

 

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