Historias del crimen

El alevoso asesinato contra el remisero Garín

Lo mataron de dos disparos de escopeta y dejaron su cuerpo dentro de su auto, en Pocito. Jamás descubrieron a los asesinos y a 17 años permanece la duda si lo ejecutaron por un robo, un amorío o una venganza. Por Walter Vilca
domingo, 17 de febrero de 2019 · 13:58

Por Walter Vilca

Un disparo fulminante en la cabeza, entre la oreja derecha y el pómulo, y otro en el brazo derecho cerca del hombro. Fue literalmente una ejecución. Y él aparentemente intentó cubrirse de los disparos poniendo una mano enfrente. En sus dedos quedaron las pequeñas heridas de esas detonaciones, pero nada cambio su destino fatal. Así, en complicidad de la oscuridad de la noche, el cadáver quedó sobre su mismo asiento y frente al volante del Peugeot 505, con la puerta abierta del lado del  acompañante y con el silencio impune de esos asesinos que fugaron de madrugada sin dejar rastros.

A primera hora de la mañana del 30 de abril de 2002 encontraron el cuerpo sin vida del remisero y comerciante Walter Ramón Garín dentro de su coche, al costado de la desolada calle Arcussi y a 100 metros de la calle 7, en Pocito. El misterio empezaba a ceñirse esa mañana, con interrogantes de todo tipo sobre otros de los misteriosos casos criminales de la provincia de San Juan. Una historia que tuvo como víctima a ese hombre separado de 36 años, padre de un niño -en ese entonces de 13 años- y que llevaba una vida de soltero en  el departamento que alquilaba en el Boulevard Sarmiento en Villa Krause, Rawson. Dueño de un carro panchero y una lomoteca que funcionaban en la calle Mendoza del mismo departamento, y propietario de ese Peugeot con el que trabajaba para la empresa Radio Remis.

Andaba bien económicamente y esa independencia que le daba la soltería, hacía de él un tipo de la noche, de las reuniones de amigos y mujeres en su departamento, según contaban sus vecinos y los policías en aquel momento. Por cierto también, un hombre que jamás se descuidó de su hijo y sobre todo un trabajador que recorría las calles de la ciudad con su remis, que administraba sus negocios y conocía a mucha gente. Esto último hacía que estuviese en contacto con las más diversas personas, quizás ahí se mezcló con quien no debía. Eso nadie lo sabe, las hipótesis son muchas, entre ellas la del crimen en ocasión de robo, el ataque por venganza por algún amorío clandestino o una deuda.

Por averiguaciones de la Policía, se estableció que en las primeras horas de la madrugada del 30 de abril Garín recibió el llamado de un desconocido y salió apurado de su departamento a bordo de su Peugeot. Un testigo dijo que luego vio su auto estacionado frente a su panchería. Qué pasó o con quién se encontró después es una incógnita, así también cómo llegó a la calle Arcussi.

El médico forense señaló que lo mataron entre las 2.30 y 3 de la madrugada. Estaba en su asiento cuando lo atacaron. Seguramente amenazado e indefenso. Al parecer, en el instante que lo encañonaron de cerca con esa escopeta, procuró cubrirse con su mano izquierda, pero nada detuvo los disparos. Es claro que primero fue ese escopetazo en el hombro y posteriormente el tiro mortal en la cabeza. Esa manera alevosa siempre despertó la sospecha de que lo ejecutaron con animosidad, a lo mejor en manera de venganza. La marca de unos labios sobre uno de los vidrios empañados, es otro rastro que generó intrigas. A eso había que agregarle que su celular estaba al lado de la palanca del freno de mano, además dentro del coche encontraron su DNI y 70 pesos que estaban debajo de la alfombra. Lo más extraño es que hallaron su anillo tirado en un costado, entre su asiento y la puerta del conductor. Faltaba el estéreo, pero los allegados del fallecido explicaron que cinco días antes se lo habían robado.

La teoría de un supuesto asalto tampoco se pudo descartar. Nunca dieron con su billetera y con la cadenita y la pulsera de oro que Garín siempre llevaba consigo. Lo mismo que la llave de su departamento y los 500 pesos que supuestamente guardaba allí producto de la recaudación de sus negocios. En el marco de esa hipótesis, la familia y algunos policías sostuvieron que sin duda había sido víctima de un robo.

Pero cómo saber si fue un crimen por un móvil pasional, por una deuda o un asalto. Aquella vez, los policías apresaron a dos jóvenes de Pocito que esa madrugada fueron sorprendidos en una finca cercana. Ambos confesaron que andaban robando aceitunas en ese predio, pero no les creyeron. Y es que no les secuestraron ni una aceituna ni bolsas, pero también es verdad que no llevaban armas ni le encontraron nada que lo vinculara al crimen. De hecho, a los días los liberaron porque no pudieron imputarles ningún delito.

Del lado de los familiares y amigos no surgieron datos sobre algún conflicto en la vida personal de Garín, tampoco sobre la existencia de problemas por una amante o de amenazas por una deuda. El caso entró cada vez más a empantanarse y los pesquisas navegaron en la incertidumbre y las sospechas sin sustentos ciertos para poder direccionar la causa judicial. En síntesis, la imposibilidad de encontrar indicios o la propia mala investigación llevó el caso al fracaso y el tiempo sepultó toda probabilidad de esclarecer tan tremendo asesinato. Desde que ocurrió aquel crimen ya pasaron casi 17 años y el misterio en torno a la muerte de Walter Ramón Garín continúa intacto como el dolor de su familia.

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