Tras la condena

La clave que salvó a Moya de la perpetua

La mujer que asesinó a su marido recibió una pena 10 años menor de lo que pedía la Fiscalía. ¿Qué fue lo que jugó a su favor?
jueves, 09 de agosto de 2018 · 16:07

Por haber asesinado a su marido, Alfredo Turcumán, Claudia Moya recibió una condena de 15 años de prisión, una pena que podría haber sido peor si el Tribunal coincidía con el pedido de la Fiscalía expresado en los alegatos: perpetua. A pesar de ser culpable de homicidio agravado con atenuantes, ¿cuál fue el punto de inflexión que la llevó a estar al menos 10 años menos tras las rejas?

La respuesta se puede hallar en dos declaraciones durante el juicio que favorecieron a la acusada: la de los peritos oficiales. Es que después de presentar sus informes y luego testificar con argumentos convincentes, Moya resultó beneficiada.

Si bien la Fiscalía presentó testigos que defenestraron a la mujer enjuiciada, describiéndola como una persona violenta, manipuladora y calculadora, que hacían prever que el homicidio podría haber sido premeditado, las declaraciones de los profesionales torcieron la historia a su favor y mostraron, si se quiere, otra cara de la enjuiciada. Por su parte, la defensa se enfocó en el contexto al que estaba sometida, en una relación tóxica y violenta con su pareja.

En una de las audiencias, fue el psiquiatra forense Héctor Del Giudice el que argumentó que la reacción de Moya en el incidente fue un acto reflejo, de autodefensa y esto resultó coincidente con lo evaluado por la psicóloga forense Claudia Tamagnini que aseguró que la mujer (embarazada) presenta un alto nivel de empatía y que privilegiaría la vida de su bebé antes que la propia.

Además, Tamagnini respaldó el enfoque de la defensa representada por Carlos Reiloba y aseveró, acorde a sus conceptos, que Moya "tenía reacciones de defensa en el marco de la relación violenta", luego de haberla asistido tras las rejas. 

Del mismo modo, Del Giudice favoreció a la acusada cuando explicó que la mujer se defendió de un posible ataque por la forma de cómo tomó el cuchillo con su mano. “Es una combinación de reacciones, instintiva y reactiva”, agregó. Sobre su carácter y persona, dijo no haber visto maldad, al mismo tiempo que detalló: "Ella no es pusilánime, enfrenta, ante todos los problemas que tiene y trata de darles una solución".

Ante la pregunta de cómo se sentía después de lo ocurrido, tras observarla, destacó: “Sentía una gran pena, frustración. Ella lo amaba y admiraba (hablando de Alfredo)”.

Con amplia experiencia y trayectoria, los profesionales dieron su propio veredicto y, sin ser integrantes de las partes, sus conclusiones tomaron vigor y fueron esenciales para el Tribunal de la Sala III de la Cámara Penal, conformado por los jueces Maximiliano Blejman, Ernesto Kerman y Eugenio Barbera. 

El defensor de Moya en los alegatos había pedido en primera instancia la absolución y, en segunda, en caso de considerarla culpable había solicitado que se centraran en los atenuantes. "En caso de que el Tribunal no comparta los argumentos expuestos, solicito se aplique en el presente caso lo establecido en el Artículo 80.. del Código Penal. Esto es homicidio agravado atenuado por las circunstancias extraordinarias de atenuación, aplicando el mínimo de escala penal", dijo. 

El mínimo no fue, tampoco el máximo. Son 15 los años que desde ahora afrontará Moya privada de su libertad.  

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