Increíble historia

El hombre que no sabe quién es

Estuvo internado en el hospital Rawson durante 6 meses por un fuerte golpe en la cabeza. Perdió la memoria, nadie lo reclamó y ahora lo atienden en la Casa de la Bondad. Por Natalia Caballero.
lunes, 31 de agosto de 2015 · 06:52
Por Natalia Caballero

Llegó al hospital Rawson a mediados de febrero con un fuerte golpe en la cabeza que lo tuvo peleando entre la vida y la muerte. Tras pasar seis meses internado, pudo reponerse pero perdió la memoria completamente.
 
Aunque su fotografía circuló por los medios de San Luis y La Rioja, durante su estadía en el hospital nadie lo reclamó. El hombre que no sabe nada de sí mismo ahora está al cuidado de los voluntarios que cooperan con la Casa de la Bondad, donde aprende a ser un adulto a los 50 años. 

Le pusieron Darío Núñez pero en realidad nadie sabe su nombre ni su edad a ciencia cierta. Los únicos datos certeros es que el 19 de febrero pasado un hombre de aproximadamente de 50 años entró a Urgencias del hospital Rawson con una herida en la cabeza. El golpe, por el que perdió masa encefálica, le fue propinado con una pala o un elemento contundente. El cuerpo inerte del hombre fue encontrado en Libertador y Pueyrredón, Santa Lucía. Desde esa intersección fue auxiliado por una ambulancia, que llegó tras una alerta vecinal. 

Cuando llegó a Urgencias el estado de salud del hombre no era para nada bueno. Existían muchas chances de que muriera. Los esfuerzos de los profesionales que lo atendieron rindieron sus frutos y el hombre se salvó, pero como consecuencia del golpe perdió la memoria. Sólo dice sí, no, frío y caliente. No puede entablar una conversación y también está aprendiendo a ir al baño por sus propios medios. 

A medida que fueron pasando los meses, el paciente se fue recuperando. Pasó de Urgencias a Clínica Médica sin que nadie lo reconociera. Como no tenía documentación cuando lo encontraron en la calle, desde el hospital y en conjunto con la Policía mandaron una foto del hombre a los medios de comunicación de San Luis y La Rioja.
 
Justamente de esta última provincia hubo un llamado. Una mujer aseguró conocer a la hija de Darío. A pesar de que intentaron ubicar a la supuesta hija del hombre, hasta ahora no han podido establecer ningún contacto. 
 
Durante los seis meses que el hombre pasó en el hospital Rawson se hizo conocido. Las asistentes sociales lo iban a visitar regularmente y fueron ellas también quienes impulsaron la búsqueda de parientes en otras provincias vecinas. Ellas fueron quienes decidieron bautizarlo con el nombre de Darío Núñez. 

En el Rawson nadie recuerda un caso parecido al de este hombre. Dicen que nunca nadie pasó tanto tiempo en el hospital sin que nadie lo reclamara. 

Los médicos y enfermeras que lo atendieron en el hospital dicen que Darío es un hombre tranquilo, que come con ayuda y que no se queja de nada. No habla y su mirada está perdida. El fuerte golpe en la cabeza le dejó estas secuelas, que esperan poder ir revirtiendo con el tiempo. 

Como la condición médica de Darío es buena y no había mucho más que hacer en el hospital, decidieron darle intervención a la Casa de la Bondad, que depende de la fundación Manos Abiertas. Si bien en la institución están abocados a la atención de pacientes con enfermedades terminales que no tienen familiares decidieron darle una mano a Darío. 

Un escrito de la Justicia le dio el marco legal al traspaso. El martes 25 de agosto Darío fue trasladado a la Casa de la Bondad. Allí ocupa una de las cuatro camas que hay disponibles y es atendido en forma permanente por un enfermero. "Por el momento no come solo, pero acá está siendo atendido de manera personalizada. Pensamos que con la estimulación que va a recibir acá va a evolucionar”, comentó Mirta Gari, a cargo de Manos Abiertas. 

En la fundación colaboran 120 voluntarios que aportan su fuerza de trabajo durante tres horas a la semana. Los cuatro pacientes-  número máximo que recibe la institución- son atendidos por un enfermero, que está a disposición de los enfermos. "Darío no es el perfil de paciente que recibimos pero después de familiarizarnos con su situación decidimos recibirlo”, añadió Mirta. 

Con las expectativas de que alguien se presente como familiar, este hombre de 50 años pasa sus días en la Casa de la Bondad sin saber quién es. Las esperanzas de todos aquellos que compartieron tiempo con él es que se reencuentre con algún familiar, que además de atenderlo pueda darle amor y le permita reconstruir su historia. 

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