Robo al Banco Galicia

Un mundo perfecto

A 16 días de cumplirse 14 años del robo de 2.600.000 dólares de la sucursal céntrica, ninguno de los cinco asaltantes fue detenido ni el dinero recuperado. El “golpe” no tuvo fallas y todavía las autoridades se preguntan quién fue el cerebro de semejante hecho.
sábado, 31 de diciembre de 2011 · 13:21

El mundo perfecto soñado por los ladrones  de banco sería asaltar una sucursal en medio de una capital provincial, llevarse 500 mil dólares para cada uno, y que a casi a 14 años de haber dado el “golpe” nadie tenga una pista de donde se encuentran y ni un dato sobre su identidad. Ese mundo perfecto existe y está frente a la plaza 25 de Mayo en San Juan. Este robo sigue siendo el record a un banco sanjuanino.

El sueño de esta banda se cristalizó el 15 de enero de 1999, cuando cinco ladrones armados entraron y saquearon la sucursal del Banco Galicia frente a la plaza principal de esta ciudad. Se llevaron 2.600.000 dólares (la mayoría del botín era en pesos, pero era la época del 1 a 1, por lo tanto que todo puede contarse en esa moneda extranjera).

Lo hicieron rápidamente, limpiamente, siguiendo paso a paso un plan sin fallas, que hasta el día de hoy es imposible de descifrar por las autoridades tanto policiales como judiciales. Tan exacta fue esta estrategia, que los cerebros de la banda se dieron el gusto de dejarles a los “sabuesos” sanjuaninos un “perejil” para que se entretuvieran mientras ellos podían desaparecer finalmente.

Ese “perejil” era un agente de la policía sanjuanina, que habría sido cómplice en este millonario asalto. Fue atrapado cuando gastaba el dinero mal habido para comprarse una casa. Lo que gastó fue prácticamente un “vuelto” de lo que se llevaron, por lo tanto no cabe duda que este uniformado no era uno de los componentes principales de la banda.

Nuevamente volvemos a describir un caso en San Juan en donde un miembro de la policía está complicado. Es tan repetida esta situación que ya no le pedimos a las autoridades policiales que logren esclarecer uno de los tantos hechos criminales que han conmovido a la provincia, pero por lo menos que eviten que sus propios agentes aparezcan comprometido en ellos.

Los hechos se sucedieron rápidamente esa siesta de enero. Una persona se quejaba a los gritos de que no podía usar su tarjeta frente al cajero automático de entidad ubicada en la calle Rivadavia. Uno de los empleados salió a ver qué pasaba y enseguida fue inmovilizado por el que protestaba y otros dos sujetos.

Estos tres entraron y rápidamente controlaron a los 14 empleados bancarios. Se llevaron el dinero que había acabado de dejar un camión blindado de la empresa Juncadella  en la sucursal. Sin pausa bajaron hasta el subsuelo y sin dudar se llevaron la videocasetera y el video de la cámara de seguridad que había grabado cada paso de lo sucedido. Salieron corriendo y se subieron a un Volkswagen Polo Rojo y desaparecieron del centro sanjuanino. Desde ese día hasta la actualidad nunca más se supo de ellos.

El dato más interesante de todos estos, es que los cinco delincuentes dieron el “golpe” todo el tiempo a cara descubierta. Es decir nunca tuvieron miedo a ser reconocidos.  La razón es simple:  no eran de la región y nadie los conocía. Ni las autoridades en sus registros, ni los particulares. Vinieron, asaltaron y se fueron. Así de simple, así de fácil.

Otro dato que marca la tranquilidad con la que actuaron. Llegaron y escaparon en auto color rojo. Un auto muy fácil de identificar. El Polo nunca fue encontrado. Ni lo tiraron por ahí o lo incendiaron. Solo desapareció, con cinco asaltantes como pasajeros y 2.600.000 dólares como botín. Indudablemente el auto salió de la provincia. Los criminales sabían cómo escaparse de San Juan evitando los famosos “operativos cerrojos” que en más de una vez, ese enero no funcionaron. Sino pregúntenle a la Astorga, que “burló” uno de estos operativos un poco a pie y un poco haciendo dedo.

Sin duda los asaltantes sabían cómo realizar con éxito su plan. Eran profesionales y por la forma en que se manejaban parecían tener alguna formación de fuerza de seguridad (militares o policía) porque se movían con órdenes precisas dadas por un solo hombre, que en todo momento sabía lo que hacía.

¿Pero de donde habían sacado la información? Seguramente desde adentro del banco hubo un entregador, además del agente que les abrió el paso hacia el dinero. Pero además de la información interna de la sucursal, ¿quién les indicó a estos criminales foráneos como salir de la provincia? ¿Quién los “aguantó” y en donde se escondieron hasta que se realizó el asalto? ¿Cómo hicieron para entrar a la provincia con armas de guerra sin que nadie se diera cuenta?
Hubo un cerebro que dirigió todo. Y ese cerebro era sanjuanino. Fue alguien que planeó el asalto desde la provincia. Fue el que contactó al policía para que abriera el paso. El que consiguió la información interna. El que indicó las rutas de entrada y salida de la provincia. El que “aguantó” a los asaltantes hasta el momento preciso. Esa persona solo lo pudo hacer desde San Juan, y conociendo muy bien todo lo que sucede en la provincia. Por lo tanto ese cerebro era local.

Cuando las autoridades tanto policiales como judiciales se dieron cuenta que sería imposible detener a los autores materiales del robo, se dedicaron a seguir la línea del “entregador” dentro del Galicia. Pronto se dieron con la figura del Tesorero de la identidad, que al momento de abrir la bóveda para que se llevaran el dinero, tuvo la posibilidad de abrir esa puerta con una clave que daba a la alarma a la policía, pero eligió hacerlo con otra que no alertaba a nadie.

Del banco no se dieron muchas explicaciones al respecto, pero es fácil darse cuenta que con la información que contaban los asaltantes, también sabían de la posibilidad de dar la alarma por parte del tesorero, por lo que seguramente este empleado con un arma en su cabeza y advertido de que sus captores tenían esa información, optó por hacerles caso y abrir la bóveda sin problemas para los delincuentes.

Tan hábil fue el que planeó este asalto, que les dejó a los “sabuesos” un hueso para que se divirtieran mientras ellos desaparecían definitivamente del radar de la justicia. Se trata del agente Gabriel Ignacio Olivares, quien fuera el que prácticamente les “abrió” paso a los ladrones cuando entraron esa siesta de enero al interior del Galicia.

A Olivares lo atraparon a través de su hermano, el verdulero Manuel Alberto Olivares, cuando este trataba de comprar una casa por 60.000 pesos a casi un año del robo. El camino de dinero llevó a los investigadores locales  hasta el agente, que fue detenido y en el 2001 juzgado y sentenciado por este hecho.

Es increíble que este agente no haya delatado a nadie más de la banda. Por lo menos a quien lo contactó para hacer su parte dentro del asalto. Nada. Sus colegas de investigaciones no consiguieron sacarle nada. ¿Será porque no sabía nada y lo “contrataron” de una forma en que nunca sabía quién lo contactaba, o solo se trata que tenía tanto miedo por su vida que prefirió callar que delatar algunos de sus cómplices? Nunca lo sabremos, lo cierto que el ex agente nunca dijo nada.

Lo que sí es fácil darse cuenta es que Olivares no era muy inteligente y no se pudo aguantar para gastar el dinero.  El método que utilizó fue por lo menos torpe y terminó de la peor forma, ya que su hermano también acabó en prisión por cómplice. Lo cierto es que el resto de la banda desapareció de San Juan y se desentendió rápidamente de Olivares y lo dejó librado a su suerte, como sabiendo que iba a terminar como un flaco hueso para “sabuesos” que se conformaban con poco.

Pero volvamos al cerebro de semejante robo. Es alguien que desde San Juan conoce personajes a nivel nacional para realizar un “trabajo” de este tipo. Es alguien que está acostumbrado a esto, que maneja este tipo de “operaciones”  de entrar y salir sin dejar ningún rastro. Alguien que ve la oportunidad y tiene en sus manos los elementos para hacerlo. Alguien poderoso e inteligente sin duda.

Pero, ¿es un criminal sanjuanino? Aparentemente no. Los criminales sanjuaninos más conocidos se han caracterizado por su violencia y desorden. Son personajes casi folklóricos, que se repiten en una serie de hechos, pero siempre terminan bajo rejas. Son peligrosos, pero no inteligentes. El que planeó el robo al Galicia, es una persona que sabe lo que hace, que lo ha hecho antes y que está esperando otra oportunidad para volver a hacerlo.

Pareciera que es alguien que no es de San Juan. Alguien que vino a quedarse a la provincia por otras razones y aquí se dio cuenta de las posibilidades que había para cometer este hecho y otros que no han tenido solución en San Juan. Alguien que no solo es un criminal con experiencia, sino que tiene contactos con la policía, con otras fuerzas de seguridad, y a la vez maneja el bajo fondo local.

Alguien que se siente impune por alguna razón. Que actúa con libertad e inteligencia. Que sabe que su cubierta ante la sociedad está muy bien armada y que es imposible que se caiga. Ya sea por ineficiencia de quienes tienen que investigar, o por temor de quienes saben lo que hace y prefieren hacerse a un costado antes que enfrentársele.
La lista es corta, solo hace falta alguien que tenga la decisión y el valor de investigarla.

El otro sospechoso

En los años siguientes la investigación decayó respecto a quienes fueron los responsables de lo que se llamó “el robo del siglo”. Recién en el 2004 un fiscal decidió llevar a juicio a un ladrón que se encontraba detenido en el Penal de Chimbas, por creerlo uno de los miembros de la banda que asalto el Galicia. La denuncia contra este delincuente la habían impulsado los mismos abogados de la institución bancaria, que creían que esa pista no había sido bien investigada por las autoridades.

Se trataba de un ex empleado bancario, Leonardo Acosta, quien fue detenido en el 2000 luego de robar la sucursal del Banco de San Juan del Shooping.  En esa oportunidad Acosta , otro ladrón de apellido Sastre y dos mujeres se llevaron 107.000 pesos de la sucursal. Fue detenido, enjuiciado y sentenciado por esa causa.

Según el fiscal, cuatro testigos claves identificaron a Acosta como el líder de la banda que entró al Galicía. El defensor del acusado aseguró que los testigos solo lo identificaron en forma vaga y que nunca fueron concretos con sus apreciaciones, sino que dijeron que “les parecía” que Acosta podía ser el hombre que vieron dirigir el asalto.

En julio del 2006 acosta quedó en libertad luego de haber cumplido gran parte de su condena por el robo a la sucursal del shooping, y quedó a la espera del juicio por su posible participación en el robo al Galicía, que hasta el día de hoy no se realizó.

Siesta  =  cómplice

Al poco tiempo de producirse el robo del Galicía, en San Juan comenzó  a correr el rumor que la Jefatura de la Policía local, tenía una advertencia del Ministerio del Interior que un “asalto planeado por un grupo comando tenía como objetivo un banco de San Juan”.

La versión que no fue admitida ni desmentida nunca por las autoridades, tomó más cuerpo cuando se supo que en distintos lugares del centro se había reforzado la presencia policial o en el aeropuerto y en la terminal de ómnibus se realizaron operativos de comprobación de identidad.

Lo cierto es que el robo se realizó a la siesta, exactamente a las 14,40 de ese 15 de enero de 1999, y para esa hora ya no había ninguno de los operativos en marcha. Como siempre y como en toda la provincia en verano, toda actividad había mermado a su mínima expresión a esa hora del día.

Los ladrones aprovecharon esto y efectuaron con éxito su robo. ¿Habrán planeado hacerlo a la hora de la siesta, o tan solo fue una casualidad? Nunca lo sabremos, lo cierto es que la advertencia fue en vano al igual que los esfuerzos de la policía local.

Ranking de robos en Argentina

1) Al Tesoro Regional de Rosario, 30 millones, el 23 de diciembre de 1992
2) Al Museo de Bellas Artes, 25 millones, el 25 de diciembre de 1980
3) Al Banco de Crédito, 20 millones, el 4 de enero de 1997
4) Al Banco Mercantil, 20 millones, el 12 de octubre de 1992
5) A la Municipalidad de Lomas de Zamora, 18.200.000 millones, el 20 de diciembre de 1996
6) Al Banco Provincia sucursal Belgrano, 15.000.000 millones, el 3 de enero del 2011
7) Al Banco Rio sucursal Acasuso, 8.000.000 millones, 13 de enero del 2006
8) Al Banco Nación de Santa Fe (Fendrich),  3.200.000 millones, el 23 de septiembre de 1994
9) Al Banco Galicia de la Ciudad de Buenos Aires, 3.000.000 millones, el 18 de enero del 2010
10) Al Banco Galicia de San Juan, 2.600.000 millones, el 15 de enero de 1999

Paso a Paso

A las 14,40 del 15 de enero de 1999, un hombre de barba se quejaba desde la zona de los cajeros del banco Galicia en la esquina de Rivadavia y General Acha. “¡Tarjeta! ¡Tarjeta!”  gritaba el pretendido cliente, tratando de hacerle creer a los empleados del banco que el cajero le había tragado la tarjeta.

Cuando uno de los empleados abrió la puerta principal del banco para ver si le podía solucionar el problema al quejoso, tres hombres, incluido el barbudo, lo empujan para adentro y lo apuntan con las armas escondidas. Un cuarto se queda delante de la puerta y el quinto entre la vereda y la puerta de los cajeros.

Al primero que inmovilizan fue al agente Olivares, que violando las reglas de seguridad no estaba ni en la garita de vigilancia ni en los monitores internos de vigilancia mientras todavía se contaba dinero en las cajas. Luego los criminales encañonan y redujeron al resto de los empleados que en ese momento se encontraban haciendo el arqueo de casa.

Individualizaron al Tesorero y lo llevaron hasta la bóveda para que la abriera. El empleado utilizó la clave diaria para abrir la puerta, la que no activaba la alarma. Los ladrones sabían de la otra clave que alertaba a la policía y lo amenazaron para que no lo hiciera.

En dos grandes bolsos los ladrones cargaron 2.243.567 pesos y 231.267 dólares. Luego de allí fueron hasta el subsuelo y se llevaron la video que contenía el casete que tenía las imágenes de todo lo que había sucedido durante el robo. Esto era muy importante porque los asaltantes iban a cara descubierta.

No eran las tres de la tarde, cuando los cinco malvivientes salieron del banco, se subieron al Polo rojo estacionado sobre General Acha y desaparecieron de la siesta sanjuanina.

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