en la tragedia de quebrada de las burras

24 héroes

24 estudiantes del último año de Medicina de la Universidad Católica de Cuyo dieron los primeros auxilios y evitaron que la tragedia hubiera sido mayor. En dos semanas rendían Emergentología, la matería donde los preparan para situaciones de urgencias.
sábado, 15 de octubre de 2011 · 17:23
Por Gustavo Martínez
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com

“Lo más duro fue la bajada al barranco. No se veía nada. Y cuando nos acercamos al micro, que tenía fuego en la parte de adelante, empezamos a escuchar quejidos de dolor en la oscuridad. Nos alumbrábamos con los teléfonos celulares. Había algunas personas tiradas que no se movían. Otros que se arrastraban y trataban de ayudar a sus compañeros. Los que podían caminar iban y sacaban a los que estaban adentro del micro heridos”. Esta escena es la primera que vio Gabriel Cersósimo (25), uno de los 24 estudiantes de Medicina de la UCC que asistieron a las víctimas de la tragedia de Calingasta minutos después de sucedido el accidente.
Ese gesto fue destacado por los médicos y funcionarios del gobierno, ya que evitaron que los sobrevivientes sufrieran heridas mayores e, incluso, desde Urgencias aseguran que también evitaron muertes por la asistencia que dieron y la rapidez con la que pidieron ayuda.

Es que el contingente que regresaba de una visita comunitaria a la mina Veladero se encontró con la tragedia en la ruta 149. Los 24 están en el sexto año de Medicina y, para ser médicos, sólo les queda rendir dos exámenes: Emergentología, la materia que rendían en dos semanas y los prepara para situaciones de emergencia, y el examen global final que los habilita como médicos.

Cecilia Clavijo (24), otra de las estudiantes que improvisó el operativo, dio una definición tajante de lo que vivió: “No nos esperábamos tanta fatalidad junta”. En un primer momento los estudiantes creían que era un accidente menor, cuando les hicieron señas de luces para que se detuvieran. “Primero vimos a dos de los heridos que habían podido subir desde el bajo hasta la ruta. Había unos 50 metros. Pero cuando bajamos nos empezamos a dar cuenta de la tragedia que era”.

“Nos bajamos de nuestro micro como estudiantes y nos transformamos en médicos rescatistas”, dice Cersósimo. Y así fue. Algunos ordenaron el tránsito en la ruta. Otros buscaron las camperas refractarias que les habían prestado en Barrick para subir a la mina y abrigar a los heridos. Otros sacaron las tablas y los sueros para transportar heridos que había en el micro. Otros calentaron los sueros con la calefacción del tablero de ese vehículo y suministrárselo a los pacientes para evitarles la hipotermia, ya que hacía mucho frío. Desde el equipo de radio de ese micro contratado por la compañía minera, dieron aviso de la tragedia y detallaron cuántas ambulancias hacían falta, a la policía y a bomberos. Sin pensarlo, por instinto, los chicos se dividieron en grupos y ordenaron el tránsito, con ayuda de camioneros y viajantes; otros atendían a los heridos más grave junto al micro; otros subían a los heridos más leves en camillas hasta la ruta.

“La diferencia de altura entre la ruta y el barranco es de unos 30 metros. Justo ahí hay un caminito de cemento que lleva a una virgencita que han puesto. Y eso facilitó el auxilio de los heridos”, comentó Clavijo.

Cecilia y Gabriel explicaron que lo primero que hicieron fue un Triage, un término que se usa a nivel mundial para nombrar el sistema de procedimiento ante una emergencia. El mismo consiste en separar al grupo en riesgo en cuatro colores: negro (los cuatro que estaban fallecidos), amarillo (los que estaban más crítico), rojo (los que corrían peligro de morir) y verde (los que se pueden mover solos).

“Algo de Dios tiene que haber habido en todo esto. Primero porque nosotros hemos llegado minutos después del accidente. Segundo, no en todas las facultades de Medicina del país les enseñan esta materia, Emergentología, por lo que no todos los médicos saben cómo proceder ante estas situaciones. Cuando nos subimos al colectivo, después de que despachamos a los últimos heridos, nos sentimos muy bien por lo que hicimos”, comentó Cersósimo.

A las tres y media de la mañana, a pocos kilómetros de la tragedia, cuando el grupo de los 24 se subieron al micro que los traería nuevamente a casa, los celulares sonaron todos juntos a la vez: “Eran nuestros padres. Todos lloraban. Ellos creían que los del accidente éramos nosotros”, contó Cersósimo.

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